Planeta Tardalia, noreste de Lirenas.
El cuerpo del prefecto convulsionó una última vez entre las manos de Slug antes de caer con pesadez sobre el suelo rocoso. Guardando las espaldas de su señor, Angila no pudo evitar esbozar una sonrisa al verlo exhalar su último suspiro. Su reciente enfrentamiento con los tardalianos había despertado sus ansias de batalla y solo deseaba que su señor le encomendase la siguiente misión para poder desquitarse con los pobres desgraciados que poblaban ese planeta.
En cuanto mi señor recupere la juventud, todo el universo será nuestro patio de juegos – pensó.
- ¿Mi señor, os encontráis bien? - preguntó Zeeun. El alto demonio de tono rojizo hizo el amago de acercarse para ayudar a su amo.
- Si, perfectamente. Parece que esta vez si hemos tenido suerte – dijo Lord Slug mientras frotaba sus manos esbozando una amplia sonrisa. Usar sus poderes mentales para escudriñar la mente de los soldados tardalianos, unido a su ataque contra la barrera, había debilitado bastante sus ya mermadas fuerzas. Sin embargo, su señor había dejado claro que no escatimaría esfuerzos a la hora de alcanzar sus objetivos y Angila sabía que no había nada que provocase más su ira que que alguien señalase su debilidad -. Parece que mi viejo amigo Malik está empeñado en interponerse en mis planes una vez más. Él y la joven Anan se dirigen hacía el sur, en dirección a una cámara del tesoro tardaliana para recoger el Corazón Verde. Por desgracia, nuestro difunto prefecto desconocía la ubicación exacta de esa cámara.
- Ocultan su ki – añadió Aspar mientras escudriñaba en esa dirección -. No seremos capaces de detectarlos con facilidad. Por contra, se moverán mucho más lentos.
Los otros asintieron, dando la razón al saiyan. Sin duda no sería fácil encontrar a los traidores. Lord Slug había insistido en reducir sus efectivos al mínimo de tal modo que, en ese momento, sobre la superficie del planeta solo podía disponer del poder de sus hijos y de los dos mercenarios saiyans.
- Cierto joven Aspar – confirmó su señor -. Sin embargo, como bien sabes mantener oculto el ki durante tanto tiempo es una labor extenuante y, en algún momento, se verán obligados a descansar. Por eso quiero que tanto tú como Ennel, que conocéis de sobra el ki de Anan, rastreéis su ubicación.
- Mi señor, ¿es eso prudente? - intervino Angila rápidamente -. Recuperar el Corazón Verde es vital para nuestros planes y dejar eso en manos de dos saiyans, por mucho tiempo que hayamos colaborado juntos, resulta bastante temerario.
- ¿Acaso dudas de mi lealtad Angila? – preguntó Aspar esbozando esa media sonrisa que tanto lo sacaba de quicio -. No te preocupes, siempre he sido un perro leal. Volveré con el hueso.
- La decisión está tomada Angila – respondió Slug con tono frío dejando claro que, si volvía a cuestionar sus planes, lo pagaría caro -. Aspar ha demostrado de sobra su lealtad y, por encima de todo, sus intereses y los míos son los mismos. No obstante, tienes razón en que, incluso el más leal de los perros puede morder la mano de su amo en un momento dado. Por eso Zeeun, Medamatcha y Dorodabo los acompañarán.
¡Maldición, eso es una estupidez! - pensó Angila y al instante lamentó ese pensamiento. Su señor era capaz de leer la mente de sus hijos con la misma facilidad que un libro y cuestionar su juicio, aunque fuese mentalmente, podía costarle la vida. Por suerte, Slug parecía demasiado cansado para prestar atención a esas pequeñeces.
- Jijiji estaba deseando entrar en acción – masculló con entusiasmo Medamatcha.
- ¿Qué quiere que hagamos con Malik y la saiyan cuando los encontremos? - preguntó Zeeun.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
