Capítulo 45: Ofensiva en Malaxis (IV)

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Cuadrante 36, Sistema Malvarala, Planeta Malaxis, alrededores de la torre de comunicaciones.

- ¡Monstruo! - bramó Gayo. Toda su ira, toda su frustración, se concentró en el cabezazo que impactó sobre la boca de Ange.

El golpe, directo y sin posibilidad de esquiva, mandó a la saiyan por los aires, cayendo como un fardo contra el suelo. Allí quedó, mareada, intentando mantenerse consciente.

¡Diablos, casi me mata con ese golpe! - pensó mientras intentaba enfocar la vista. De su boca brotaba una abundante cantidad de sangre y, al pasar la lengua por su dentadura, comprobó que había perdido varios dientes -. Ya crecerán...

- ¡¿Cómo puede existir una raza tan absurdamente sádica?! - continuó gritándole Gayo desde la distancia -. ¡¿Acaso no hay nada qué tenga valor para vosotros?!

Yo no tengo respuesta para tus preguntas – pensó Ange con cierta amargura.

Con esfuerzo, se puso boca abajo y vomitó varios chorros de sangre sobre la superficie del planeta. Cuando se hubo repuesto, giró la cabeza para observar a Gayo y comprobó, con alivio, que el tardaliano le había concedido un respiro, aunque solo fuese para descargar sus frustraciones sobre ella. Gayo estaba fuera de si. La sangre de Ange resbalaba por la frente del prefecto y le concedía un aspecto casi demoníaco. Todo estaba listo. Era el momento de poner en marcha su técnica.

- Hablas demasiado – respondió Ange mientras se ponía en pie. La boca le ardía terriblemente -. Un saiyan mató a tu familia, ¿y qué? ¿Acaso no es lo mismo que haces tú, matar saiyans de forma indiscriminada?

- ¡Yo no mato niños! - dijo Gayo -. ¡No te atrevas a compararme con vosotros!

- Yo tengo catorce años y no veo que te haya temblado el pulso, ¿no soy una niña desde tu óptica? - preguntó Ange esbozando una irónica sonrisa mientras comenzaba a concentrar energía en sus manos -. Preguntas si no hay nada que tenga valor para los saiyans y conoces de sobra la respuesta: la fuerza. La fuerza es lo único valioso para mi pueblo, es la principal de las virtudes y, su carencia, el mayor de los defectos. Tu familia murió porque no era lo suficientemente fuerte y tú morirás hoy por el mismo motivo.

- No tenéis salvación... – murmuró Gayo mientras apretaba la mandíbula -. Esta bien. Muéstrame lo que tienes y, cuando te encuentres en el suelo, desesperada y agonizante, quizás aprendas a apreciar un poco la vida. Entonces suplicarás misericordia.

Ange ignoró las palabras del prefecto. Su técnica requería de toda la concentración posible. Cuatro esferas de energía, dos en cada mano, bullían cargadas de energía eléctrica. Era ahora o nunca.

- ¡Muéstrame esa fuerza de la que estas tan orgullosa! - gritó Gayo mientras se abalanzaba sobre ella.

Las cuatro esferas de energía salieron disparadas de sus manos y, trazando una espiral, se dirigieron al prefecto. Este esperó hasta el último momento y realizando un rápido quiebro, esquivó las cuatro esferas.

- ¿De verdad creías que iba a dejarme golpear por una técnica tan simple? - exclamó Gayo lanzándose sobre ella -. Subestimas mi experiencia en combate. Conozco de sobra las técnicas de rayos y se que su función es paralizar al oponente, no cometeré el error de tocarlas.

Gayo estaba casi encima de ella. Sin embargo, justo antes de que lanzase su golpe, Ange agitó las manos y, como movidas por un hilo invisible, las esferas cambiaron su rumbo y se precipitaron en dirección al prefecto. Aún así, los reflejos de Gayo eran mejores de los que Ange había previsto y, impulsándose en el suelo hacía el cielo, logró esquivarlas en el último momento.

Dragon Ball: una historia de los saiyansHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora