Cuadrante 29, Planeta Nerwin.
- Una mierda como una casa, te lo digo yo – exclamó Prico mientras se sacudía por enésima vez el barro de las botas - ¿Recordadme otra vez por qué demonios no volamos hasta ese maldito campamento y lo arrasamos sin más?
Auber suspiró con cansancio y optó por no responder. Prico llevaba protestando desde el comienzo de la misión. El engreído saiyan no soportaba que le hubiesen nombrado capitán del escuadrón de exploración y discutía cada una de sus decisiones. Auber intentaba no seguir su juego y centrarse en el objetivo marcado por el Cuartel General. Tanto él como los otros tres miembros de su grupo habían sido enviados a Nerwin, un planeta periférico del mismo sistema solar que el planeta Vegeta, para localizar y analizar las fuerzas desplegadas por el enemigo.
Debían recoger datos sobre la disposición y calidad de sus defensas y los niveles de poder de los soldados de la guarnición para trasladárselos al comandante. La parte de localizar al enemigo había sido relativamente sencilla. Sin embargo, su campamento se encontraba en una colina de difícil acceso y fuertemente protegido.
- Lo sabes de sobra – le respondió Tich -. El enemigo tiene escáneres aéreos que pueden detectarnos si volamos y barreras de inhibición que bloquean nuestros rastreadores, por lo que no sabemos el nivel de poder de la guarnición.
Era cierto. El enemigo contaba con un escáner aéreo que abarcaba el perímetro de su campamento y cualquier acercamiento por aire sería detectado al instante. La única opción que se le había ocurrido a Auber para aproximarse sin ser descubiertos era atravesar el bosque pantanoso situado en un margen de la ladera. Esperaba que, al desplazarse por tierra, los sensores del enemigo los identificasen como parte de la fauna local. Una vez atravesada la barrera, podrían usar sus rastreadores para medir la fuerza de la guarnición.
- Pues volamos hasta allí y lo descubrimos en un instante, o arrasamos sus defensas desde lejos y esperamos a que salgan como gallinas. Cualquier cosa antes que arrastrarnos por este maldito cenagal – continuó protestando Prico.
- Este maldito cenagal es el único camino por el que podemos avistar su campamento y penetrar su barrera sin ser detectados – repuso Tich. Auber le había nombrado como su segundo al mando y el siempre servicial saiyan se tomaba muy en serio su labor -. Además, nuestro objetivo es investigar e informar sobre las defensas y el nivel de poder del enemigo, no entablar combate directo.
- ¡Una chorrada! - bramó Prico -. ¡Y lo de que este sea el único camino posible es más que cuestionable!
- Deberías bajar la voz... - señaló tímidamente Umber desde su espalda.
- ¡Tú calla despojo! - le gritó Prico, girándose para encararse con el pequeño saiyan -. ¡Ni se te ocurra volver a darme una orden o te daré tal paliza que lo que te hizo Kohl te parecerán caricias en comparación!
- ¡Ya basta! - exclamó Auber poniendo fin a la discusión -. Prico, concéntrate en la misión y guárdate tus insultos para recitárselos al espejo.
- A sus órdenes mi "capitán" – respondió el saiyan con sorna -. Disculpe por haber empañado su gran momento de gloria. Lo último que quiero es arruinar sus plan...
Un crujido en el pie de Prico detuvo sus palabras. Al instante, un fogonazo de luz salió disparado del suelo, provocando una explosión de color rojizo en el cielo, justo bajo su posición.
- ¡Idiota, has pisado una mina de balización! - le gritó Auber.
- No ha sido para tanto, solo ha levantado un poco de polvo... – repuso Prico sorprendido por la explosión.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
