Capítulo 28: Misión en el planeta Tarsex (V)

7 1 0
                                        

Cuadrante 36, Sistema Malvarala, planeta Tarsex.


- ¡Joder, estamos muertos! - bramó Prico.

Cuatro haces de energía de un enorme poder se dirigían a toda velocidad al grupo. Sus rastreadores pitaban descontrolados, avisándoles de la potencia del ataque.

- ¡Todos al suelo, bajad hacia la montaña! - gritó Auber descendiendo a toda velocidad.

Los otros exploradores le imitaron. Sin embargo, los haces de energía variaron su trayectoria, siguiéndoles.

- ¡Es un ataque guiado! - exclamó Tich.

Auber observó como los haces se acercaban. Tich tenía razón, no había manera de esquivar ese ataque. Solo tenían una opción. Era muy arriesgada y, si se equivocaba, les costaría la vida.

- ¡Seguid moviéndoos! - les ordenó Auber mientras activaba su técnica de la zona de ki. Su energía comenzó a extenderse más allá de su cuerpo, aumentando su percepción y su capacidad de sentir el flujo del ki. El rango máximo de su habilidad era de diez metros. Sin embargo, para que su plan tuviese éxito, necesitaba llegar mucho más allá.

15 metros, 20 metros, 30 metros... – se repitió mientras intentaba mantener el control de su energía.

Sentía como el entorno iba tirando de su consciencia a medida que se alejaba de su cuerpo y, por un momento, temió perder su referencia. Morello le había advertido de lo que pasaría si llegaba a desligarse completamente de su cuerpo. Acabaría vagando por el espacio, como un espectro, durante toda la eternidad. Sin embargo, si no lo hacía todos acabarían muertos.

Estoy dispuesto a aceptar el riesgo – se dijo pensando en sus compañeros -. ¡50 metros!

Finalmente, el rango de su técnica alcanzó a los haces de energía. Solo necesitó de unas décimas de segundo para analizar el flujo del ataque.

Ya lo tengo – pensó dirigiéndose hacia las detonaciones.

- ¡Auber, pero qué demonios haces! - escuchó la voz de Tich en la lejanía. Era apenas un susurro.

Sus manos se lanzaron hacia las dos detonaciones de energía más cercanas, sincronizándose con su flujo. Una vez controladas, el saiyan giró su cuerpo sobre si mismo y dirigió los ataques hacia las otras dos detonaciones. El impacto de los cuatro haces de energía provocó una enorme explosión. Una vorágine de energía se extendió por el cielo, engullendo a los cuatro exploradores.

Lo he conseguido... – pensó justo antes de perder la conciencia.



Auber no sentía dolor. Su mente estaba demasiado lejos. Flotaba en el aire, etéreo, fundiéndose con cada partícula. Todo y nada al mismo tiempo, sin límites. Era completamente libre... Sin embargo, un sonido rítmico le despertó de su ensoñación. Sobresaltado, abrió los ojos.

¿Dónde estoy? - pensó confundido mientras observaba el entorno. Le costaba enfocar la vista y sentía su cuerpo extraño, como si no le perteneciese -. He estado a punto de perderme para siempre...

Poco a poco fue recuperando la visión. Se encontraba en una cueva, húmeda y oscura. El agua se filtraba desde el techo, formando goteras que resonaban al chocar contra el suelo.

- ¡Auber, has despertado! - exclamó una voz.

Una figura se acercó junto a él y le tocó en el hombro para llamar su atención. Se trataba de Umber. El muchacho tenía algunas quemaduras en la armadura y el rostro pero, por lo demás, parecía encontrarse en buen estado. ¿Qué había pasado? Auber no recordaba haber visto nunca al tímido saiyan tan entusiasmado por ver a alguien.

Dragon Ball: una historia de los saiyansHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora