Planeta Tardalia, Capital Lirenas, Sala de los Diez.
- ¡Hazlos pasar de inmediato! - ordenó César sin poder creer la identidad del visitante.
No puede ser él – se dijo. Hacía más de un siglo que no tenía noticias de Malik y la última vez que lo había visto, el namekiano tenía el pecho perforado por el brazo de un demonio -. Debe de tratarse de un impostor.
El legionario se apresuró a darles audiencia y, un instante después, un anciano namekiano entró en la sala seguido por una saiyan de pelo rojizo.
- ¡Hola viejo amigo! – exclamó Malik con familiaridad acercando sus manos para estrechar las de un anonadado César. Este se apresuró a corresponder su saludo -. Me alegro tanto de verte a pesar de las circunstancias. Los años parecen haberte tratado bien.
Sin duda es él – pensó César sin dar crédito mientras observaba el rostro del namekiano. El peso de los años y las penurias se habían cobrado su peaje dejando profundas arrugas en su rostro. Aún así, seguía conservando aquella mirada vivaz que tanto lo había cautivado en su momento. En cuanto a la saiyan que lo acompañaba, poco más que una niña, permanecía en silencio tras Malik y sus ojos verdes reflejaban una profundidad insondable.
- ¡Lord Malik, es un placer volver a veros! – dijo Aetius acercándose también para estrechar las manos del anciano namekiano -. Pero, ¿cómo es posible? ¡Os dábamos por muerto! Tras la batalla del Arrecife varias patrullas os buscaron durante días, sin suerte.
- Me temo que nuestros enemigos tenían otros planes para mí – respondió Malik con tono compungido -. Tras esa batalla fui hecho prisionero y vendido como esclavo por la Legión Infernal. Así he permanecido durante un siglo, pasando de las manos de un amo a otro hasta que, con ayuda de mi querida Anan, conseguí liberarme.
- Es una saiyan... - murmuró Aetius fijando sus ojos en la muchacha. En su tono poco había de amigable.
- Es mi hija – lo atajó rápidamente Malik apoyando la mano sobre el hombro de la saiyan con ternura -. Es la razón de que siga con vida y el único motivo por el que merece la pena continuar viviendo.
- Entiendo – dijo Aetius tras una pequeña pausa -. Sed bienvenida entonces Anan, hija de Malik. Tardalia tiene una enorme deuda con vuestro padre.
- Gracias Gran Legado – respondió la muchacha inclinando la cabeza en señal de respeto. Si estaba nerviosa, desde luego no lo demostró.
- Gracias Aetius – reiteró Malik -. Me enorgullece ver como aquel muchacho prometedor se ha convertido en un auténtico líder para su pueblo.
- Disculpad mi crudeza pero, ¿qué os trae por aquí Lord Malik? - intervino César sin poder contener su curiosidad. Dudaba que la presencia de Malik, justo antes de la invasión saiyan, fuese una mera casualidad.
- He venido por dos motivos: para solicitaros auxilio y para advertiros – dijo el anciano con gesto serio -. Como he dicho, he pasado el último siglo como esclavo en el planeta Vegeta y ahora que he conseguido liberarme, lo único que deseo es poder regresar junto a los míos y pasar en paz mis últimos años de vida. Pero, para eso, necesito recuperar las coordenadas de Namek.
- Venís por el Corazón Verde – dijo César comprendiendo el objetivo del anciano.
Namek, el planeta de las leyendas. Recordaba vívidamente los relatos que había escuchado durante su niñez sobre el hogar del Gran Dragón y, por un instante, el niño que llevaba dentro se imaginó viajando junto a Malik a ese mítico lugar para conocer los secretos de sus dones.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
