Cuadrante 36, Sistema Malvarala, planeta Tarsex.
Las lágrimas se derramaban incontrolables de sus ojos y, pesadas, caían contra el suelo rocoso de la mina. No recordaba la última vez que había llorado así. Quizás nunca lo había hecho. Sin embargo ahora, frente a la tumba de Tich, era incapaz de contenerse. Tampoco Umber, de pie a su lado, podía frenar el llanto.
- Murió por salvarme la vida... - murmuró el saiyan -. Ha muerto por mi culpa.
- No te tortures, así era Tich – le consoló Auber -. Siempre se preocupaba por los demás. No podía evitarlo, era algo natural en él.
Era el mejor amigo que podías tener a tu lado – pensó acongojado -. Ojalá yo hubiese sido un mejor amigo para él.
Auber apoyó la mano sobre el túmulo de rocas que habían preparado como tumba en el interior de la mina. Le hubiese gustado enterrarlo en otro sitio, quizás bajo un árbol en una soleada colina. Sin duda era un lugar más apropiado para Tich. Sin embargo, en ese momento eso era imposible, no podían arriesgarse a salir de la cueva y ser detectados por sus enemigos.
Esos bastardos... - maldijo Auber -. ¡Juro que los mataré a todos, da igual el tiempo que me lleve!
- Vayamos a ver que tal le va a Prico – le dijo a Umber. Pasar un solo momento más frente a la tumba de Tich le resultaba insoportable.
Prico se encontraba en la entrada de la mina. Auber lo había enviado allí para vigilar los movimientos del enemigo y, sorprendentemente, el saiyan no había puesto objeciones. Era lo único que podían hacer ahora, vigilar y esperar una oportunidad.
- ¿Qué hacemos ahora? - le preguntó Umber mientras se sorbía la nariz. El saiyan llevaba un extraño aro metálico y lo hacía rotar en su muñeca. Era increíble lo infantil que podía llegar a ser su compañero. Sin embargo, si ese juego le mantenía calmado, no iba a detenerle.
- No lo sé – respondió Auber -. Supongo que seguir esperando, quizás rendirnos. El enemigo nos supera en fuerza y número y no podemos emplear el sigilo. Ahora mismo no tenemos ninguna posibilidad...
El otro saiyan guardó silencio y continuaron su camino hacia la boca de la mina. Allí les esperaba Prico. Se encontraba apoyado en la pared y escaneaba con su rastreador el horizonte.
- ¿Algo nuevo que reportar? - le preguntó Auber situándose a su lado.
- Si – respondió Prico sin apartar la vista del frente -. Hay una fuerza de casi 4.000 unidades dando vueltas por la zona. No parece habernos detectado.
- Debe de ser la brench llamada Velimar – dijo Auber -. Supongo que la han enviado a confirmar nuestras bajas.
- ¿Velimar? - preguntó Prico -. Creí que habías acabado con ella.
- No – negó Auber -. Mi técnica solo sirve para aturdir al enemigo.
- Ya veo – dijo Prico -. Supongo que usaste la misma técnica que aquel viejo. Hubiese sido mejor que te enseñase a matar de un solo golpe.
Auber recordó la primera vez que había conocido a Morello. El anciano le había salvado de una paliza noqueando a Melo y espantando a sus esbirros, entre los que se encontraba Prico. Parecía que había pasado una eternidad desde entonces. ¿Qué haría su abuelo si estuviese en su situación?
- Nos está buscando – dijo Auber ignorando la pulla de su compañero. La señal energética de Velimar se movía en círculos por todo el perímetro de la cordillera -. Supongo que deben llegarle lecturas confusas a su rastreador.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
