Cuadrante 36, Planeta Malvarala.
Diez días después de la ofensiva en Malaxis.
El retumbar provocado por el impacto de las naves de combate saiyans se extendía por toda la explanada ante la atenta mirada de la comitiva. Raditz calculaba que ya casi un centenar de ellas habían aterrizado mientras la sombra de la nave nodriza de la general Cress cubría completamente al grupo.
- Un despliegue impresionante – exclamó el embajador Saziss.
- Sin duda – confirmó el general Acxis.
Los dos malvarianos, escoltados por su esclavo saiyan Veintisiete, lucían sus mejores túnicas y en sus rostros se vislumbraba la enorme satisfacción que les producía el giro en los acontecimientos.
- Jum... - murmuró Vegeta con gesto serio mientras observaba el aterrizaje. El príncipe no hacia ningún esfuerzo por ocultar su malestar.
Solo un poco más y podré librarme de este imbécil – pensó Raditz a su lado. Él y Salad habían acompañado al príncipe en la recepción, obligados a aguantar sus maldiciones y gestos de disgusto, los cuales no habían hecho sino acentuarse al ver la magnitud del ejército saiyan al mando de Cress – Sin duda es una fuerza impresionante.
Treinta y seis escuadrones, más de 180 saiyans, habían sido desplegados como parte de la fuerza de la general Cress. Era el mayor ejército movilizado por los suyos desde la guerra contra los tsufurs y, en caso de victoria, convertiría a Cress en una leyenda entre los saiyans, relegando a Vegeta a su sombra.
- Son más soldados de los que esperábamos, deberíamos aumentar las reservas de comida – murmuró Saziss mientras observaba el aterrizaje de la nave nodriza.
Raditz no pudo evitar sonreír ante el comentario. Esos días había menos de una veintena de saiyans en el planeta y los malvarianos habían tomado buena cuenta de su apetito. La nave finalmente abrió su compuerta y, presidiendo la comitiva, descendió una saiyan de pelo largo. Su rastreador comenzó a pitar de forma frenética y Raditz se apresuró a desconectarlo.
- Maldita sea, se ha traído a su propio escuadrón de élite – dijo Vegeta contrariado.
- Las siete supernovas... – murmuró Raditz francamente impresionado.
Siete saiyans, que rondaban la veintena, escoltaban a la general Cress en su paso hacía la comitiva. Las supernovas, como se les conocía popularmente entre el pueblo saiyan, eran los mejores guerreros que habían nacido antes de que Freezer decidiese crear su Escuadrón de Élite, considerados como la fuerza de combate definitiva del planeta Vegeta. Arag La Roca, Cory Puños Ardientes, los gemelos Chanter y Relle... Leyendas entre los suyos que se habían agrupado bajo el manto de la general Cress.
- Buenos días príncipe – dijo la general Cress con tono dulce acercándose al grupo -. Que comitiva tan encantadora has preparado para recibirnos, debes de haber estado deseando mi llegada. No te preocupes, ya estoy aquí para ocuparme del pequeño asunto de Tardalia y quitar este peso de tus jóvenes manos. Pero no te inquietes, contaré contigo y con tu escuadrón para la ofensiva, así tendrás la oportunidad de habituarte a combatir al estilo saiyan.
- General Cress – saludó Vegeta conteniendo la ira.
Una apisonadora – pensó Raditz. Había coincidido con la general en alguna ocasión y conocía de sobra la reputación de su afilada lengua. Sin embargo, ni él esperaba que la saiyan marcase de forma tan clara su supremacía en la futura operación.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
