Planeta Tardalia, desierto de Samarael.
- ¡Maldita sea! - exclamó Prico con frustración mientras se sacaba la arena del interior de sus botas -. ¡¿Dónde demonios se encuentra esa condenada cámara?!
- Según los datos que nos ha pasado Ashel, debería estar por esta zona – dijo Lych oteando el desértico horizonte.
- Según los datos de Ashel, la entrada estará en la raja de su fino culo – repuso Prico con hartazgo -. Eso si tiene culo, claro.
Llevaban más de una hora buscando en la ubicación proporcionada por los espías de Ashel y, por el momento, ninguno había encontrado la entrada a la cámara. Auber había creído que con su zonificador sería sencillo descubrirla sin embargo, al contrario que en el planeta Tarsex, en el archivo del Cuerpo de Exploradores Tsufur no había información sobre ese desierto. Por tanto, solo podían recurrir a la vista y tener fe en que la documentación de los espías imperiales fuese precisa.
- Según los archivos del Cuerpo de Exploradores los namekianos no cagan, así que dudo que tengan culo – añadió Umber.
- Lees unas cosas muy raras pequeñajo... - replicó Prico, sorprendido por los conocimientos de su compañero. Tras la muerte de Fig, Auber había nombrado a Umber enlace de inteligencia del escuadrón y el tímido saiyan se había tomado muy en serio su nueva labor y consultaba el archivo del Cuerpo de Exploradores siempre que era posible.
- Centraos chicos, tenemos que encontrar la entrada antes de que anochezca – intervino Auber -. Si Malik y Anan llegan antes, podrían franquearnos y no los encontraríamos nunca. Recordad que ellos si pueden detectar nuestra energía.
- Eso si acaban viniendo aquí – dijo Prico -. A mi toda esa historia de que puedan ocultar su poder me suena a cuento de hadas.
No sería la primera vez que un cuento de hadas se hace realidad ante nuestras narices – pensó Auber recordando su encuentro con el rathasha. La extraña criatura, un mito para la mayoría de la galaxia, había estado a punto de acabar con todos ellos -. De hecho, puede que aún esté buscándonos.
- Y cuando la encontremos, ¿cuál es el plan? - preguntó Umber.
- Pues nos lanzamos todos a la vez sobre ella y rezamos para que no nos fulmine en el acto – respondió Prico -. La última vez que la vimos tenía más de 8.000 unidades. Ni Lych, ni Avoc, ni ese presuntuoso de Ashel se acercan a su poder.
- Somos once contra dos – repuso Lych -. Además, tampoco hay tanta diferencia de poder...
- Le diré eso mientras me mete el brazo metálico por el culo – replicó Prico con sorna mientras agitaba cómicamente los dedos de su nueva prótesis.
- Yo no quiero enfrentarme a Anan, me salvó la vida en el torneo – intervino Umber con tono compungido -. ¿No podemos hablar con ella primero? Quizás el tal Malik la está controlando con sus poderes namekianos y necesita nuestra ayuda.
Ojalá fuese posible – pensó Auber. Sin embargo, tras su último encuentro con Anan, estaba seguro de que la saiyan era perfectamente consciente de sus acciones. Además, convencer a un grupo de saiyans de que el diálogo era la mejor opción era una empresa que superaba sus capacidades. No, por mucho que le daba vueltas, el combate era inevitable.
- No podemos darnos el lujo de dejarla hablar – dijo finalmente presentando una propuesta intermedia para tantear a sus hombres -. Primero debemos someterla y luego ya habrá tiempo para pedir explicaciones.
- Lo dudo mucho – repuso Lych -. ¿Cómo diablos planeas someterla? La única opción es atacar con todo desde el principio y acabar con ellos cueste lo que cueste. Por mucho que te moleste, no es más que una traidora.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
