Cuadrante 36, Sistema Malvarala, Planeta Malvarala, sede del Octágono.
Seis días después de la ofensiva en Malaxis...
- ¿Sabemos algo de la nave de exploración del planeta Tarsex? - preguntó Artic con tono cansado mientras se rascaba por enésima vez el vendaje de su hombro izquierdo.
- Nada, las comunicaciones no funcionan y no hay ni rastro de ella en la ruta que debería haber seguido hacia Malvarala – respondió Raditz lanzando un pesado suspiro -. La cosa no tiene buena pinta. Solo se me ocurren dos opciones: o bien la nave sufrió una avería grave y se vio obligada a abandonar su rumbo, o fue atacada y destruida. En cualquier caso, ahora no podemos contar con ellos.
- Tampoco es que sepamos exactamente que hacer ahora – repuso Artic.
Los dos saiyans se encontraban sentados en una de las terrazas semicirculares de las plantas superiores del Octágono disfrutando de los últimos rayos de sol de la tarde, lo único que podían hacer mientras esperaban órdenes y sanaban sus heridas. Habían llegado hacia tres días a Malvarala tras asegurar la situación en el planeta Malaxis tal y como había ordenado el capitán Ginyu y, desde entonces, los ánimos estaban por los suelos.
- No lo hemos sabido nunca – suspiró Raditz.
La campaña en el sistema Malvarala, la gran oportunidad de los saiyans para redimirse, no había sido más que una patraña, la cortina de humo para que las fuerzas especiales pudiesen actuar de forma encubierta. Al igual que el resto de saiyans, Raditz desconocía los detalles de la misión pero, de lo que si estaba seguro, es de que Freezer nunca había confiado en sus posibilidades de llevarla a cabo. Para empeorar las cosas, la nave de Jared Ordalis en la que viajaba el escuadrón de Auber había desaparecido, menguando aún más sus exiguas fuerzas.
Solo falta que el embajador imperial nos declare fugitivos – se lamentó Raditz. Los miembros del Octágono desconocían el paradero del embajador, si bien hacia días que debía haber llegado al Sistema Malvarala. La única explicación posible era que se encontrase en alguna de las bases tardalianas, una noticia catastrófica para sus intereses -. Si el embajador acepta la versión de los tardalianos sobre los sucesos en el sistema, las consecuencias para el planeta Vegeta pueden ser fatídicas.
- ¿Por qué crees que nos enviaron aquí? - preguntó Artic verbalizando sus propios pensamientos.
- No tengo ni idea y, sinceramente, no sé si quiero saberlo – admitió Raditz.
- Vegeta no se lo ha tomado nada bien – murmuró Artic.
Era cierto. El fracaso de la misión y la falta de confianza mostrada por Freezer habían herido enormemente el orgullo del príncipe saiyan, algo que Raditz era capaz de comprender. Después de todo, esta era su gran oportunidad de reivindicarse ante los saiyans como un digno heredero al trono y, por el contrario, se había convertido en una nueva humillación para su raza. Desde su regreso a Malvarala, Vegeta se había negado a que tratasen sus heridas y se pasaba el día encerrado en la sala de entrenamiento.
- Se recuperará y volverá más fuerte – añadió Raditz y, para su sorpresa, no lo decía por decir -. Así es la naturaleza de los saiyans.
- Supongo, aunque no lo culpo – dijo Artic -. La misión ha sido un completo fracaso. Ennel está muerto, Salad aún sigue en cama y Ange... Ange nos salvó a todos y ahora parece que ha perdido la voluntad de luchar. El Escuadrón de Élite ha vuelto a descomponerse...
Raditz asintió sin decir nada. A pesar de que era el día a día en la vida de los saiyans, informar sobre la muerte de un compañero no era una tarea agradable. La muerte de Tich había afectado bastante a Ange, más de lo que era recomendable entre los miembros de su raza. Desde ese momento, la saiyan se había aislado del grupo, encerrándose en sus dependencias sumergida en la melancolía.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
Fiksi PenggemarAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
