Cuadrante 36, Sistema Malvarala, planeta Tarsex.
- ¡¿Más fuerte que yo?! - exclamó Tomber mientras reía compulsivamente -. Parece que el golpe contra el suelo te ha trastocado el juicio. ¡No me llegas ni a la zuela del zapato!
- ¿Eso crees? - respondió Auber cruzándose de brazos y mirando a su enemigo con gesto despectivo -. ¿Entonces por qué te quedas ahí parado, manteniendo la distancia? ¿Son temblores eso que veo? Desde aquí, yo diría que lo que te mantiene quieto es el miedo.
- ¡¿Miedo?! - exclamó Tomber con furia -. ¡Ahora verás lo que es sentir miedo!
El marshelita volvió a abalanzarse contra Auber, cegado completamente por la ira. Nada quedaba de la burla y condescendencia que había mostrado al comienzo del combate. Había desaparecido, sepultada por las humillaciones que había sufrido a manos de sus compañeros saiyans.
Ahora es mi turno de acabar el trabajo – pensó Auber mientras esquivaba la lluvia de puñetazos y patadas del marshelita. Gracias a su zona de ki podía seguir los movimientos de su enemigo con cierta claridad y, mientras este llevase la iniciativa del combate, su técnica le daría ventaja -. Eso es, continúa enfadándote.
Finalmente, Auber detectó una nueva brecha en el costado derecho y, lanzando una fuerte patada, envió al marshelita volando hacia el otro lado del patio.
- ¡Maldición! - exclamó Tomber frustrado mientras se incorporaba -. ¡Esto no es posible! ¡¿Cómo demonios puedes predecir todos mis golpes?! ¡¿De dónde sacas esa fuerza?!
- Ya te lo he dicho – respondió Auber -. Es muy sencillo, soy mucho más poderoso que tú.
- ¡Nunca! - gritó Tomber, si bien la duda comenzaba a dibujarse en su rostro -. ¡He medido tu poder con mi rastreador y no llega ni a las 2.000 unidades, no eres más que una basura!
- Los rastreadores no siempre dicen la verdad Tomber – repuso Auber -. ¿Vas a quedarte berreando cómo un bebé o vamos a seguir el combate? Lo digo por sentarme y desparasitar mi cola, te sorprendería la cantidad de bichos que se te pegan en este planeta. Algunos son realmente horribles, no tan feos como tú claro, pero aún así...
- ¡Calla de una vez! - gritó Tomber abalanzándose de nuevo sobre él.
El puño superior izquierdo del marshelita impactó de lleno en la cara de Auber. Sin embargo, en lugar de sufrir daño, su contorno comenzó a desdibujarse ante los ojos de Tomber, difuminándose en el aire. Aprovechando la distracción de la imagen reflejada, Auber se materializó sobre su enemigo y, juntando los dos brazos, le propinó un fuerte golpe en el cuello que, de nuevo, le envío volando varios metros, estampándolo contra las ruinas del aeródromo.
- ¡Qué decepción! - exclamó Auber mientras observaba como Tomber se removía entre las ruinas -. ¡¿Dónde están esas técnicas extraordinarias?! Esperaba mucho más de ti.
El marshelita se levantó otra vez y, poseído por la ira, volvió a lanzarse sobre Auber. Sin embargo, un minuto después se encontraba nuevamente en el suelo, de rodillas, tras recibir un fuerte puñetazo en la garganta.
- ¡Maldita sea! - bramó furioso mientras boqueaba para recuperar la respiración -. ¡¿Qué demonios está pasando?! ¡Es imposible que alguien como tú pueda vencerme! ¡Estaba tan cerca de conseguir la gloria! ¡No puedo morir aquí!
Auber lo observó en silencio. Tomber no estaba acostumbrado a ser superado en un combate. Si se hubiese parado a analizar su forma de luchar, seguramente habría encontrado la debilidad de su técnica. Sin embargo, en el estado de frustración en el que estaba, era incapaz de interpretar el flujo del combate con claridad.
Esto no durará mucho más – pensó Auber mientras comprobaba la energía de Tomber. Muy pronto el marshelita estaría a su nivel y sería el momento de pasar a la ofensiva.
- Vamos, seguro que aún tienes alguna técnica bajo la manga – le azuzó Auber -. Quién iba a decir que el gran Tomber acabaría sus días arrodillado frente a un saiyan, ¡sin duda este no es el final que tenías planeado para tu historia!
Tomber alzó la cabeza y le sonrió.
- Al contrario, justo es el final que imaginaba – le dijo mientras se levantaba y se sacudía el polvo de su armadura -. Pero se ha acabado el tiempo. Ha sido un combate estupendo, me lo he pasado genial. Es cierto que lo del brazo y el ojo ha sido un descuido por mi parte pero ya se lo haré pagar luego a tu amiguito... ¡Aún así, ha sido muy divertido, no podía pedir un mejor final para esta historia!
- ¿Qué quieres decir? - le preguntó Auber. La actitud del marshelita había cambiado por complejo y la ira que parecía haberle poseído durante todo su combate había desaparecido.
- Justo lo que digo, que ha sido un gran combate, con giros dramáticos, técnicas desesperadas y una gran batalla final, no podía pedir más para acabar esta misión – continuó Tomber -. ¡No sabes lo aburrido que puede volverse el trabajo cuando llegas a mi nivel, es casi imposible encontrar un reto interesante, algo que merezca la pena contar a los compañeros mientras degustas una buena bebida! Por eso, algunas veces, me gusta dejarme llevar y, digamos, aumentar la motivación de mis enemigos. ¡No hay nada más interesante que una batalla donde tus rivales perciben alguna esperanza de vencer!
- ¿Quieres decir qué todo esto era un juego? - preguntó Auber mientras se ponía en guardia.
- ¡Pues claro muchacho! - exclamó Tomber -. Tú mismo te diste cuenta. ¿En qué mundo un grupo de saiyans podría derrotar a alguien tan inmensamente poderoso cómo yo? El único motivo por el que habéis sobrevivido tanto tiempo es porque a mi me apetecía. En ningún momento el flujo de la batalla se escapó de mi control: tu alianza con los malvarianos, la recuperación de tus amigos en las cápsulas, la medicina del Suspiro del dragón que te dio Aulus...
Sin previo aviso, Tomber se abalanzó sobre él. Auber se preparó para interceptar el nuevo ataque. Sin embargo, cuando intentó moverse, su cuerpo no respondió. La fuerza del puñetazo fue tremenda y lo lanzó volando por los aires varios metros, precipitándose sobre las ruinas del aeródromo. Cayó con pesadez sobre los escombros y, cuando intentó levantarse, su cuerpo comenzó a temblar incontrolablemente.
¡¿Qué demonios me está pasando?! - se preguntó confundido. Por un momento pensó que se trataba de una técnica de Tomber. Sin embargo, un segundo después las palabras del centurión Aulus acudieron a su mente -. ¡Mierda, había olvidado el límite de tiempo de la medicina tardaliana!
Había estado tan centrado en encontrar una forma para derrotar a Tomber que había olvidado el efecto secundario de la medicina.
¡Maldición, todo ha sido una trampa! - pensó mientras intentaba incorporarse, sin éxito. Si bien los temblores habían remitido, su cuerpo era incapaz de obedecer ninguna de sus órdenes -. No puedo creer que vaya a morir de una forma tan patética.
- ¿Qué te pasa, te han abandonado las fuerzas de repente? - dijo Tomber desde el cielo. El marshelita sobrevolaba su posición -. Es lo que tienen las medicinas tardalianas, muy eficaces pero, cuando te da el rebote, no puedes ni mover los dedos.
El marshelita descendió con deliberada lentitud, aterrizando junto a Auber. Había conseguido recuperar el control de su cuerpo pero le dolía terriblemente cada músculo y su energía se encontraba bajo mínimos. Era el final.
- Esa es la expresión que me gusta ver en mis enemigos cuando termina un combate – le dijo Tomber -. Decepción y desesperación. Estabas tan seguro de tus posibilidades, tan inmerso en tus planes, que no te paraste a analizar la realidad de forma lógica. Si lo hubieses hecho, te habrías dado cuenta de que luchar no tenía ningún sentido y habrías aprovechado la oportunidad que te daban tus compañeros para escapar de aquí.
Auber intentó decir algo, pronunciar alguna frase ingeniosa con la que acabar su vida. Sin embargo, los músculos de su boca no le respondían.
- No digas nada, no hace falta – continuó Tomber -. La desesperación que veo en tus ojos es suficiente para mi. Ha sido un placer conocerte Auber, disfruta de tu estancia en el infierno y no te preocupes, muy pronto te enviaré a tus compañer... ¡Maldición, pero qué es esto!
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
