Capítulo 65: Los diez legados

11 1 0
                                        


Planeta Tardalia, Capital Lirenas, Sala de los Diez.


El cielo refulgía con múltiples tonos de rojo, azul y morado a medida que el sol marcaba su ocaso, reflejándose en el océano de pequeños asteroides que orbitaban alrededor del planeta Tardalia en un espectáculo que César solo podía calificar como sobrecogedor. Así había sido desde hacía años, cuando el Gran Legado Aetius había hecho estallar las tres lunas para evitar que sus enemigos saiyans las utilizasen contra ellos. En ese momento la pérdida de sus ancestrales satélites había supuesto un auténtico trauma para la población tardaliana pero, desde entonces, pocos eran los que se atrevían a negar la indiscutible belleza de su cielo.

No todos los cambios son siempre a peor – se recordó mientras observaba la escena desde la amplia balaustrada de la sala de reuniones de los Diez Legados.

- Lord César, ¿seguimos con la reunión? - le llamó Manius, uno de los más jóvenes entre los legados. César se aproximó a la mesa donde lo esperaba el resto de los Diez.

Nueve – se recordó. La muerte de Cornelius a manos de las tropas de Freezer había supuesto un duro varapalo para sus fuerzas y, a pesar de su consejo, Aetius se había negado a nombrar a un nuevo legado para sustituirle.

- Ahora mismo no hay nadie a la altura de esa carga – le había dicho -. Y temo que nombrar a un sucesor no haga sino aumentar las disputas internas en un momento en el que debemos estar más unidos que nunca. No mi buen César, nueve seremos en esta guerra, nueve deberán bastar para salvar a nuestra raza.

César no había discutido, consciente de los múltiples frentes a los que debía hacer frente el Gran Legado. La inminente invasión saiyan no era un asunto menor para su planeta y, aunque lograsen sobrevivir a la misma, era solo cuestión de tiempo que Freezer enviase a un nuevo contingente o, en el peor de los casos, que optase por venir personalmente. Ese era el mayor de sus temores. Solo les quedaba una opción para asegurar su futuro y ese era el motivo de disputa en esa reunión.

- Me informan desde el aeródromo de que las últimas lanzaderas comerciales de la Facción Cooler han despegado, la invasión saiyan debe ser inminente – expuso el legado Manius.

- Están cerca, quizás a unas horas de alcanzar nuestra órbita – añadió Marius cerrando los ojos para utilizar su poder.

- ¡Una banda de cobardes y traidores es lo que son esos perros de Cooler! Deberíamos aplicarles un castigo especial en cuanto nos deshagamos de esos asquerosos simios – exclamó la legada Numeria mientras acariciaba los tatuajes con forma de serpientes que recorrían sus antebrazos.

- Nos han servido de escudo durante todos estos años Numeria, no deberías olvidarlo – intervino el legado Lucius.

- Si, un escudo muy pesado – repuso Numeria -. Especialmente para tus bolsillos...

- ¡Cómo te atreves! - bramó Tiberia taladrando con la mirada a su compañera.

No son más que niños – se lamentó César observando la ridícula discusión. Durante los años de relación comercial Cooler se había ganado la lealtad de varios legados, consiguiendo dividir al consejo de los Diez entre partidarios y detractores del Imperio. Lejos quedaban aquellos tiempos en los que la única preocupación de los Diez era velar por la estabilidad del pueblo tardaliano.

- Suficiente, estas rencillas ridículas ya no tienen importancia – intervino Aetius con voz calmada silenciando al resto de legados -. Tenemos un plan en marcha y poco tiempo para llevarlo a cabo. Debemos permanecer unidos y coordinar la evacuación de la capital, es la única forma de que nuestra raza perdure.

Dragon Ball: una historia de los saiyansHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora