Cuadrante 36, Sistema Malvarala, Planeta Malaxis, alrededores de la torre de comunicaciones.
El aire crepitaba de energía mientras la imponente figura de Cornelius se alzaba como un ángel ejecutor ante los anonadados saiyans. Todo en torno al legado transmitía una sensación de poder tan apabullante, tan definitiva, que ninguno de los presentes era siquiera capaz de concebir una estrategia viable para enfrentarlo. La única opción era la derrota, la derrota y nada más.
- ¿Qué sucede príncipe Vegeta? Hace unos instantes estabas muy parlanchín – exclamó el legado con voz profunda -. Supongo que pensabas que los únicos que podían cambiar de forma eran los saiyans, otro error propio de tu soberbia raza. La realidad es que no teníais ninguna posibilidad, vuestro absurdo plan estaba abocado al fracaso desde el principio. ¡Ahora solo queda la muerte!
Sus palabras vinieron acompañadas de un torrente de energía pura que, por un instante, estuvo a punto de mandar por los aires a los saiyans, así de inmensa era la diferencia entre sus poderes. El prefecto Acter, consciente de que no era necesaria su presencia, atravesó la barrera y se alejó de la escena del combate.
Una pelea directa es ridícula, tenemos que buscar una alternativa – pensó Ange mientras analizaba con cuidado sus posibilidades.
- Es imposible, no existe ninguna forma de vencer esta batalla – dijo Artic exponiendo una realidad de sobra conocida.
- ¡Maldita sea! - exclamó Vegeta apretando sus puños con impotencia. Ni siquiera el orgulloso príncipe de los saiyans parecía ver una salida a ese combate -. ¡Salad, prepárate, es el momento!
- Si, supongo que es nuestra única opción – asintió su segundo con gesto serio.
- ¿Tenéis un plan para derrotarlo? - preguntó Artic sorprendido.
- Más bien una última carta por jugar – respondió Salad -. Pero para jugarla necesitamos tiempo, así que tú y Ange deberéis luchar contra Cornelius y darnos todo el que podáis.
- ¡¿Nosotros solos contra ese monstruo?! - exclamó Artic contrariado -. ¡No os conseguiremos ni veinte segundos, y eso si se lo toma con calma!
- ¡Artic, obedece! - exclamó Vegeta silenciando a su compañero.
Otra vez me convierten en sacrificio – pensó Ange con desgana mientras observaba atentamente a Cornelius y analizaba todas sus posibilidades. Un plan alternativo comenzaba a dibujarse en su mente -. Puede que funcione, siempre que sea capaz de sobrevivir más de dos segundos...
- ¿Ange, has entendido tus órdenes? - le preguntó Salad sacándola de sus cavilaciones.
- Distraer y contener todo lo posible, el mismo plan que teníais antes pero con menores garantías de éxito. Una genialidad – exclamó Ange sin poder contener la lengua. A esas alturas podía permitirse un poco de sarcasmo directo.
- Lo has entendido a la perfección – asintió Vegeta esbozando una media sonrisa que pilló desprevenida a la saiyan.
Vaya, si va a tener sentido del humor y todo – pensó mientras le devolvía la sonrisa.
- Bueno, ¿ya tenéis una táctica ganadora? - exclamó Cornelius -. Estoy deseando ver que estrategias son capaces de salir de esas mentes primitivas vuestras.
- Ange, tú a la derecha, yo por la izquierda – dijo Artic y, tal y como habían practicado en los entrenamientos, los dos saiyans atacaron en perfecta armonía.
Por desgracia, su ataque coordinado se tropezó contra un muro infranqueable. De hecho, Cornelius ni siquiera se molestó en preparar una defensa, recibiendo los golpes de forma directa en ambos costados. Los dos saiyans se alejaron de su enemigo, cada uno en una dirección.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
