Cuadrante 36, Tardalia, suroeste de Lirenas
- ¡Lucius no! - bramó Marius despegando a toda velocidad en dirección a su compañero caído.
El ser que había ejecutado al legado esbozó una lobuna sonrisa. Auber no sabía quién era ni de donde había salido pero su altura, color de piel azulada, pelo rubio y los tres cuernos que coronaban su cabeza le conferían un aspecto imponente. Su rastreador marcaba 3.800 unidades en ese momento si bien, en el instante del ataque, Auber estaba seguro de que había detectado más de 30.000 unidades.
Debe ser un demonio – pensó sin tener claro como debía actuar a continuación.
Hacía tiempo que la situación le había superado y solo tenía dos cosas claras: que luchar no era una opción y que el demonio estaba demasiado cerca como para plantearse escapar. Por tanto, la única alternativa viable en ese momento era esperar y, con un poco de suerte, aprovechar el previsible enfrentamiento con Marius para huir. Miró en dirección a la inconsciente Ange. Estaba a unos tres metros. Si la batalla estallaba, tendría el tiempo justo para recogerla y huir. Se lo debía a Tich.
- ¡Maldito desgraciado! - exclamó Marius. El legado había aterrizado frente a ellos y observaba al demonio con una mezcla de ira y cautela -. ¡¿Quién diablos eres?!
- Justo eso, un diablo – exclamó confirmando las sospechas de Auber -. Soy un enviado del futuro emperador del universo, la mano derecha del destructor que marcará el ocaso de Tardalia: Lord Slug.
- ¿Slug, el Conquistador de Planetas? - preguntó Marius visiblemente sorprendido -. Me aseguraron que había muerto...
El rostro ceniciento del legado se tornó inmediatamente de un tono blancuzco para, un segundo después, inflamarse de un rojo incandescente.
- ¡Ese malnacido exterminó a toda una generación de guerreros tardalianos! - bramó.
- Así es, veo que aún se recuerdan nuestras hazañas – dijo el demonio ensanchando aún más su sonrisa -. Te agradará saber que hemos regresado para terminar el trabajo.
Auber nunca había escuchado hablar del tal Slug pero, por el temor que se adivinaba en el rostro de Marius y el poder de su subalterno, debía de ser un monstruo temible. Su mirada se cruzó con la de Vegeta. El príncipe escuchaba la conversación con atención, si bien tampoco parecía saber nada de Slug.
- ¡Eso no pasará! - exclamó Marius -. ¡No lo permitiré!
Doce ojos de energía de tono rojizo se materializaron rodeando al demonio y, un instante después, lanzaron potentes rayos desde sus pupilas. La explosión fue terrible si bien, cuando se dispersó la nube de humo, el demonio no parecía haber sufrido ningún daño.
- No esta nada mal pequeño, nada mal – dijo esbozando una presuntuosa sonrisa -. Sin embargo, para derrotarme tendrás que hacerlo mucho mejor. Es una pena que no tengamos tiempo para seguir jugando.
- ¡Ni se te ocurra intentar escapar! - bramó Marius -. No permitiré que los de tu calaña campen a sus anchas por el planeta.
- ¿Escaparme yo? - dijo soltando una carcajada -. Para nada legado. Eres tú el que está a punto de salir corriendo.
La coordinación fue perfecta pues, un instante después, una enorme explosión sacudió el suelo. Desde su posición Auber pudo ver como la torre más alta de Lirenas estallaba en mil pedazos provocando una onda expansiva que ocultó por completo la ciudad.
- No puede ser... - murmuró Marius sin dar crédito -. La barrera de Lirenas es infranqueable.
- Nada es infranqueable frente al poder de Lord Slug – dijo el demonio -. Si despegas ahora, quizás llegues a tiempo de salvar a alguno de esos pobres desgraciados, recuerdo que los niños tardalianos son muy frágiles...
ESTÁS LEYENDO
Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
