Capítulo 67: La gran ofensiva

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Cuadrante 36, órbita del planeta Tardalia.


Aquí comienza mi venganza – pensó Ange mientras observaba la superficie del planeta Tardalia desde la nave nodriza de la flota saiyan.

Ante ella, cientos de pequeñas naves de combate flotaban en la órbita, esperando la orden de la general Cress para iniciar la invasión. Estaba ansiosa por empezar. Nunca le había gustado combatir. Para ella, la lucha no era más que una herramienta para sobrevivir en la violenta sociedad saiyan. Sin embargo, en esos momentos deseaba más que nada encontrar un enemigo sobre el que poder descargar su ira. Porque eso era lo que inundaba su corazón tras la muerte de Tich, ira y frustración por un futuro que le habían arrebatado, uno del que ella era la principal responsable.

¿Por qué demonios no elegí el cuerpo de vigilantes? - se reprochó por enésima vez -. Si hubiese sido más valiente al tomar mis decisiones nada de esto habría pasado y Tich seguiría vivo.

Pero no lo había sido. Había elegido obedecer las órdenes de su madre y se había unido al cuerpo de guerreros, una vida que nada tenía que ver con sus deseos y que, cada día que pasaba, se le antojaba más amarga.

Hasta ahora – se recordó -. Ahora solo quiero algo, algo grande a lo que hacer añicos.

- Mi señora, nuestros sensores no detectan ninguna defensa aérea, la órbita se encuentra totalmente despejada – informó uno de los timoneles que manejaban los sistemas de telecomunicaciones de la nave.

- Continuad con el escaneo de la superficie y permaneced alerta – dijo Cress desde el sillón de mando -. Los tardalianos son esquivos y, sin duda, nos tienen preparada alguna jugarreta.

La general Cress esperaba una fuerte defensa aérea por parte de los tardalianos y, por ese motivo, había concentrado a todos los saiyans de élite en su nave con el fin de evitar que los ataques enemigos acabasen con ellos antes de entrar en la atmósfera.

- Todo esto no es más que una pérdida de tiempo – masculló Vegeta a su lado -. Deberíamos haber iniciado la invasión desde todos los puntos del planeta para confundir y abrumar a nuestros enemigos.

Ange permaneció en silencio, comprendiendo la impaciencia del príncipe. Como ella, Vegeta estaba ansioso por iniciar el combate y reivindicarse ante su ejército. Sin embargo, la estrategia de Cress era la más coherente. Debían esperar a que los escáneres de la nave nodriza situasen todas las cañoneras del planeta para evitar una carnicería en el espacio, un error que había sido capital en la anterior invasión de Napp el Troll.

- Se paciente príncipe, pronto se abrirá la veda y podrás jugar con esas babosas – dijo Chanter, una de las Siete Supernovas.

- Eso si no te acaban dejando de nuevo en la enfermería – añadió su compañero Dive esbozando una divertida sonrisa.

- Miserable insecto – murmuró Vegeta -. Voy a enseñarte a mantener la boca cerrada.

- Basta ya, permaneced alerta, estamos en una misión crucial para nuestra raza, no en una simple escaramuza de conquista – zanjó Arag interponiéndose entre el príncipe y Dive.

Ange apoyó la mano en el hombro de Vegeta para calmarlo, si bien sabía que su paciencia hacía tiempo que había traspasado el límite. Desde que habían llegado a Malvarala, algunos de los miembros de las Supernovas se habían dedicado a menoscabar la autoridad del príncipe y del Escuadrón de Élite Saiyan, un asedio que Vegeta había aguantado estoicamente a pesar de su volcánico carácter.

Dragon Ball: una historia de los saiyansHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora