Capítulo 69: La conquista de Tardalia II

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Cuadrante 36, Tardalia, suroeste de Lirenas


- ¡Maldita sea! - exclamó Nappa alterado -. ¡¿De dónde demonios han salido estos desgraciados?!

Los dos legados habían descendido hasta la superficie y uno de ellos, el que les había hablado, sonreía con la suficiencia de quien se sabe vencedor antes del combate.

Mierda – pensó Auber coincidiendo, a su pesar, con la actitud su tío -. Al final encontrarme con aliados poderosos ha sido mi fin.

Enfrentarse a un legado ya era una misión suicida pero ¿dos?, sería un milagro si aguantaban siquiera un asalto. ¿En qué universo había considerado buena idea lanzarse a conquistar un planeta con semejantes monstruos? Sin duda sus enemigos se habían visto atraídos por la fuerza de Nappa y Lettu. Sin embargo, Auber dudaba de que las 6.900 unidades de su tío y las 5.300 del viejo chalado fuesen a ser rival para las 16.800 y 17.300 de los legados, y eso sin contar con sus poderes mágicos... En resumen, podían destruirlos en un parpadeo si querían.

- ¡Jajaja! - rió Lettu mientras observaba a sus poderosos enemigos sin mostrar ni un ápice de temor -. No desesperes Nappa, ¡nos ha tocado el premio gordo! ¡Dos legados! Si los derrotamos, nuestros nombres perdurarán por generaciones.

- No perdurarán ni tus cenizas – murmuró Auber.

Por más vueltas que le daba, no veía opciones de imponerse a rivales de ese nivel. Su zona de ki era inútil ante una diferencia de fuerza tan abismal y las posibilidades de conseguir noquearlos con el golpe de impacto eran prácticamente nulas. Además, aunque pillase a uno por sorpresa, el otro acabaría con ellos de inmediato. Su única esperanza era que otros saiyans se sumasen al combate pero, con la destrucción de la nave nodriza, apenas quedaban guerreros de élite en la superficie. Todas las posibilidades estaban en su contra y, aún así, su espíritu saiyan le impulsaba a luchar hasta el final. Lo único que lamentaba era no poder encontrar un sitio para ocultar a Zero. La oruga no se merecía compartir su destino.

- Marius hazte a un lado – dijo el legado de sonrisa arrogante mientras daba un paso en su dirección -. Me basto y me sobro para ocuparme de esta chusma retrógrada. Aprovecha para recuperar fuerzas, el ataque a la nave nodriza debe haberte agotado.

¡Es él! - pensó Auber impresionado mientras observaba los tatuajes con forma de ojos en el cuerpo de Marius, muy similares al que había hecho estallar la nave nodriza de Cress.

- No te confíes Lucius, ya sabes que los saiyans son muy resistentes – repuso, si bien dio un paso a un lado, dejando actuar a su compañero -. Recuerda que el Gran Legado nos ha pedido acabar con la invasión a la mayor brevedad para continuar con la fase dos del plan.

- Descuida, no me entretendré.

Lucius se situó frente a ellos adoptando una pose marcial. Tatuajes con forma de círculos superpuestos recorrían todo su cuerpo, si bien no daban pistas sobre cual era su poder especial.

- Vamos saiyans, terminemos con esto rápido – dijo Lucius -. Os dejo dar el primer golpe.

A pesar de su evidente arrogancia, la pose del legado no era para nada descuidada.

- Esta es nuestra oportunidad – dijo Auber dirigiéndose a Nappa, Lettu y Sprout -. Si atacamos todos juntos, podemos mantenerlo a raya hasta que lleguen los refuerzos.

- Gran idea muchacho – dijo Lettu esbozando una confiada sonrisa -. Yo tengo otra mejor... ¡Tonto el último!

El anciano saiyan se abalanzó a toda velocidad sobre Lucius lanzando una potente carcajada. Tres ráfagas de energía salieron de sus manos impactando contra el suelo, justo frente al legado, levantando una nube de polvo sobre la que se sumergió sin dudar. Un segundo después, su cuerpo salió disparado más de cien metros, estrellándose contra los restos de una empalizada.

Dragon Ball: una historia de los saiyansHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora