Cuadrante 36, Sistema Malvarala, lanzadera Oasis 05, entrada a la enfermería.
- Esto no es buena idea – masculló Fig mientras registraban la enfermería.
No había mucho donde buscar: una camilla, dos estanterías llenas de medicamentos y una de las cápsulas de recuperación que había sobrevivido a la batalla en el planeta Tarsex constituían todo el mobiliario de la sala. Sin embargo, a pesar de la ausencia de lugares donde ocultarse, Lych era incapaz de quitarse la sensación de inquietud del cuerpo.
Me he acostumbrado demasiado a usar el condenado rastreador – maldijo mientras recorría la habitación en busca de algún rastro de Prico.
- ¿Qué haremos cuando nos encontremos con el bicho ese? - continuó Fig con tono inseguro -. Según Jared se trata de un enemigo temible, no podemos usar ataques de energía y nuestros golpes físicos lo atravesarán, enfrentarse a algo así es un suicidio. Aunque bueno, conociéndolo puede que se haya inventado toda esa historia del cambiacuerpos, parece su estilo.
Ni que lo digas – convino Lych.
Aunque el cobarde de Fig no era santo de su devoción debía admitir que, en esta ocasión, tenía razón. Toda esa historia del cambiacuerpos le sonaba a patraña resacosa de cuentacuentos, justo lo que era Jared. Si de él hubiese dependido habría ignorado las advertencias del contrabandista y habría recorrido la nave hasta alcanzar a Prico e interrogarlo a golpes. Sin embargo, Auber parecía creer en sus palabras y él no iba a ser quien se opusiese a sus órdenes. Su capitán avanzaba con cautela, observando el entorno como si en cualquier momento el rathasha fuese a atravesar la pared y abalanzarse sobre él.
En Tarsex demostró que tiene buen instinto – se recordó.
Aún no sabía como comportarse frente a Auber. Su relación había sido complicada desde un principio. Después de todo, este le recordaba su fracaso en el torneo de poder y la vergüenza de necesitar de su ayuda para sobrevivir, un sentimiento que había acabado tornándose en resentimiento. Sin embargo, su figura también le producía algo que solo podía denominar como admiración. ¡¿Cómo había logrado un saiyan de clase baja realizar las hazañas que había visto en Tarsex?! ¡Incluso se había convertido en el capitán de escuadrón más joven de la historia! Por más que lo pensaba, era inconcebible que alguien mucho más débil que él hubiese alcanzado esos logros.
No todo se reduce al poder – reflexionó mientras lo observaba. Se había marcado como objetivo analizar todos los aspectos relacionados con Auber en busca de las habilidades que necesitaba potenciar -. Ya verás, aprenderé todo lo que pueda de ti y me convertiré en un guerrero de leyenda.
- Aquí no hay nada – concluyó Fig interrumpiendo sus pensamientos -. Deberíamos seguir hacia el almacén de carga.
- Eso parece – convino Auber con gesto pensativo -. Estad atentos a posibles rastros como el de antes, puede que el rathasha intente cambiar de cuerpo.
- En esta dirección solo están Prico y el tal Roxas, si nos encontramos con cualquiera de ellos los liquidamos y asunto zanjado – dijo Lych.
Regresaron al pasillo y no tardaron en encontrarse con Roxas. El encargado de la sala de máquinas yacía en el suelo junto a un enorme charco de sangre. Al acercarse, Lych pudo observar que tenía un agujero del tamaño de un puño en su pecho. No había signos de resistencia, probablemente no había tenido tiempo de defenderse.
- Parece que no tuvo suerte, el rathasha acabó con él en un instante – dijo Fig mientras analizaba el cadáver.
- El nivel de poder de este tipo era de 153 unidades – reflexionó Lych -. Para realizar esta herida el poder del rathasha debe ser bastante superior, si bien es una cantidad tan ridícula que no nos sirve de referencia.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
