Capítulo 64: Busca y captura

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Planeta Malvarala, Octágono.


- ¡Desde luego tienes suerte! Debes de caerle bien a alguien allí arriba – dijo Prico mientras palmeaba su espalda -. He escuchado que la general Cress ha fulminado a soldados por menos y, con todos mis respetos, no parece de las que tiene preferencia por sus vástagos.

- Desde luego – confirmó Auber con una punzada de remordimiento.

Había tenido que mentir a su equipo sobre el motivo de su reunión con Cress, ya que su madre había dejado bien claro que su misión debía ser absolutamente secreta. Por contra, les había contado que había recibido una fuerte amonestación por no proteger la nave de Jared Ordalis frente al ataque de los piratas espaciales.

- Si ella supiera – murmuró Lych.

Él y su equipo se dirigían a la sede del Octágono. Los preparativos para la invasión de Tardalia habían terminado y el ejército saiyan partiría esa misma noche. Por ese motivo Ashel, su nuevo jefe, les había convocado para una reunión de equipo, seguramente para explicar el objetivo de su misteriosa misión. Auber no había tenido aún la oportunidad de conocer a su nuevo superior, si bien Lych le había mencionado que el namekiano parecía un buen líder y, lo más importante, que no mostraba ningún aprecio por Melo.

- ¿Qué clase de misión creéis que nos espera? - preguntó Umber con incertidumbre.

- Pues seguramente nos tienen preparada la primera línea de combate, quizás la gloriosa misión de enfrentarnos al mismísimo Aetius mientras las Supernovas nos cubren las espaldas... – respondió Prico -. ¡¿Pero a dónde crees que nos enviarán?! ¡A alguna avanzada de exploración sin importancia! Da gracias si llegas a ver algún enemigo decente.

- Eso dijiste también en Tarsex... - replicó Umber.

Auber y Lych rieron ante el comentario.

- Ojalá fueses igual de ocurrente en combate - masculló Prico.

Si tú supieras... - pensó Auber mientras miraba a Ion con complicidad.

Solo ellos dos sabían que había sido Umber y su extraña transformación los responsables de su victoria en Tarsex, algo que habían decidido mantener en secreto por el bien del tímido saiyan. Sin embargo, ¿cómo había conseguido su amigo semejante poder? Sabía que Umber era un huérfano de guerra y se había criado en uno de los orfanatos de Sadala pero, más allá de eso, desconocía la mayoría de aspectos relacionados con su vida. Indagar en el origen de sus poderes era una de las incógnitas que Auber se había propuesto resolver en cuanto regresasen al planeta Vegeta.

Si es que volvemos vivos – se recordó. La misión que Cress le había asignado no estaba exenta de riesgos y, si no jugaba bien sus cartas, podía acabar inmerso en las luchas internas entre Cress y Ashel. Siempre y cuando su objetivo fuese el mismo, algo de lo que esperaba enterarse en la próxima reunión. Zero, oculto en su mochila, notó su preocupación y le acarició la espalda con una de sus patas. Auber sonrió, reconfortado por la presencia de su amigo.

- Vamos, no perdamos el tiempo – apremió a su equipo.

Los cinco saiyans atravesaron el gran portón del Octágono esquivando a los múltiples esclavos que correteaban de un lado para otro. Ashel había convocado la reunión en una de las salas de reuniones del imponente edificio. Una vez atravesaron la puerta, se encontraron con otro grupo de saiyans sentados en una mesa redonda con un holomapa, algo más pequeña que la del despacho de Cress.

- Bienvenidos, os estábamos esperando – dijo Ashel, el único en la sala que no era un saiyan. Su piel, de un tono negro brillante, le daba un aire misterioso, si bien sus ojos transmitían jovialidad.

Dragon Ball: una historia de los saiyansHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora