Capítulo 39: Misión en el planeta Tarsex (XVI-FINAL)

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Cuadrante 36, Sistema Malvarala, planeta Tarsex.


Auber observó a su enemigo sin comprender el motivo de su alarma. Sin embargo, cuando miró al suelo, entendió la razón. Una garra había aparecido de entre los escombros y había aferrado a Tomber por su pierna derecha.

- ¡Maldita sea! ¡Suéltame de una vez! - gritó Tomber, visiblemente dolorido por la fuerte presión de la garra.

Desesperado, comenzó a lanzar detonaciones de energía contra las ruinas del aeródromo. Sin embargo, no solo no consiguió liberarse sino que, de improviso, se hundió por completo entre los escombros, arrastrado por la fuerza de su captor.

¡¿Qué demonios está pasando?! - se preguntó Auber -. ¿De dónde narices ha salido ese monstruo?

Los alaridos de Tomber resonaban bajo tierra. Auber aprovechó la oportunidad y, con las pocas energías que le quedaban, se elevó lentamente para alejarse de las ruinas. No sabía que era lo que había bajo tierra pero, fuese lo que fuese, quería estar lo más lejos posible de él. Su rastreador no paraba de emitir pitidos de alerta, detectando una fuerza que superaba las 9.000 unidades.

De repente, se produjo un fuerte estallido de energía que diseminó por completo los escombros del aeródromo y una figura salió disparada hacia el cielo. Cuando se dispersó el polvo, Auber reconoció a Tomber. El marshelita mostraba un estado lamentable. Estaba cubierto de sangre, con profundos arañazos que recorrían su cuerpo. Sin embargo, eso no era lo peor. Donde antes se encontraban sus brazos inferiores, ahora había dos muñones desgarrados de aspecto deforme. Fuese lo que fuese ese monstruo, era increíblemente fuerte y salvaje, pues había arrancado de un tirón las dos extremidades.

Tengo que alejarme de aquí de inmediato – pensó Auber aterrorizado.

Sin embargo, su cuerpo no se movió. Por un lado, se negaba a dejar atrás a sus compañeros heridos y, por otro, le invadía el deseo de conocer la apariencia del monstruo. Su curiosidad no tardó en verse satisfecha pues, como un borrón, una segunda figura emergió de entre los escombros, abalanzándose sobre Tomber.

- ¡Aléjate de mí! - gritó el marshelita mientras alzaba su único brazo para defenderse.

Fue inútil. El monstruo superó su débil defensa sin dificultad y, de un mordisco, le arrancó la garganta. Un chorro de sangre brotó del cuello de Tomber. El cuerpo del marshelita convulsionó durante unos segundos hasta que, finalmente, dejó de moverse.

Se ha deshecho de él sin esfuerzo – pensó Auber, admirado y aterrado por la fuerza de la criatura. Si bien era cierto que Tomber se encontraba bastante debilitado, ninguno de los miembros de su grupo había conseguido infligirle semejante daño con tanta facilidad.

Una vez muerto, el monstruo perdió completamente el interés en Tomber, dejándolo caer al suelo. Fue entonces cuando Auber pudo analizarlo con claridad. El monstruo era grande y corpulento, con más de dos metros de estatura. Tenía forma humanoide, con una cola de simio similar a la suya y cubierto de un pelaje marrón en sus antebrazos, hombros y pecho. De hecho, se parecía muchísimo a los saiyans, a medio camino entre su forma humana y la de ozaru. Le resultaba terriblemente familiar.

- Imposible... - murmuró Auber sin poder creer aún lo que tenía ante él.

Los ojos rojizos del monstruo, inyectados en sangre, se posaron en Auber. Como una exhalación, se abalanzó sobre él emitiendo un fuerte rugido de ira. Sin tiempo para reaccionar, Auber cerró los ojos y cruzó los brazos sobre el pecho esperando el inevitable final. Sin embargo, el golpe definitivo nunca llegó.

Dragon Ball: una historia de los saiyansHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora