Planeta Tardalia, Capital Lirenas, Sala de los Diez.
- ¡Voy a matarlos a todos! - bramó Tiberia dando un fuerte golpe sobre la mesa de reuniones del consejo -. ¡¿Cómo has podido permitir que pasase algo así?!
- Apareció de la nada... - murmuró Marius con rostro compungido.
El ambiente en la Sala de los Diez no podía estar más crispado. Lo que antes parecía una situación controlada se había tornado, tras la muerte de Lucius y la caída de la barrera, en una vorágine de recelos y reproches.
- ¡Se supone que tus ojos lo ven todo! - exclamó -. ¡Ese era el motivo por el que se te confió la vanguardia!
Aetius permanecía en silencio. La irrupción de Slug había trastocado los planes del Gran Legado, despertando viejos fantasmas, y César temía que su amigo no fuese capaz de hacer frente a semejante grado de incertidumbre. Después de todo, su historia con Slug era una losa de la que no era fácil liberarse. Sin embargo, ya era tarde para dar marcha atrás en la Operación Oasis.
- No culpes al muchacho Tiberia, el poder de los siervos de Slug no es poca cosa y, por la descripción que ha dado, el atacante no era otro que Angila, el primero de sus hijos – terció César intentando calmar los ánimos -. Conozco de sobra lo terrible que puede llegar a ser y por eso ahora, más que nunca, debemos permanecer unidos.
- Tiberia no está enfadada con Marius, César – intervino Numeria -. Es el Gran Legado el que debe responder por la muerte de Lucius ¡Se suponía que su plan reduciría nuestras bajas al mínimo y, dos horas después, ya hay otro legado muerto y el ejército saiyan campa a las puertas de nuestra capital! ¡Es intolerable!
- No te atrevas a decirme como me siento Numeria – siseó Tiberia.
- Desde luego, la situación es crítica – añadió Ulpius -. Tenemos demasiados frentes abiertos y desconocemos los objetivos de nuestros enemigos.
- Eso no es cierto, sabemos perfectamente lo que quiere Slug – terció Aetius interviniendo finalmente en la conversación -. Como antaño, su único interés es hacerse con el Corazón Verde.
Los legados se miraron unos a otros con evidente sorpresa. La naturaleza del Corazón Verde solo era revelada al Gran Legado tras su nombramiento siendo, para el resto de la población de Tardalia, una reliquia sagrada pero sin más atributo que su belleza o simbolismo. César se había enterado de su verdadero valor un siglo atrás cuando la expedición de Slug y Malik había llegado por primera vez al planeta pero ninguno de los otros legados, salvo un joven Ulpius, estaba en activo en ese entonces.
- ¿El Corazón Verde, la reliquia de nuestra raza? - preguntó Manius -. No es más que una gema. Hermosa, si, pero he visto muchas joyas de belleza similar en el universo. ¿Para qué tomarse tantas molestias?
- No es solo una gema – dijo Aetius -. Es un objeto de gran poder que esconde secretos que podrían destruir todo el universo si acabasen en malas manos. Por eso debemos evitar a toda costa que Slug consiga hacerse con ella.
César observó a su amigo. Pese a que intentaba sonar contenido, los sentimientos que le provocaba hablar de la gema y sus poderes supuraban de su cuerpo como un sudor ácido. Los recuerdos de su primer encuentro con Slug y la muerte de Carausius habían dejado profundas cicatrices en un joven Aetius y César no quería imaginar el profundo dolor que esto le provocaba, un dolor que en esos momentos Tardalia no podía permitirse.
- ¿Qué clase de poder tiene la gema? - preguntó Aurelius con interés -. ¿Podríamos usarla para acabar con los saiyans?
- No es ese tipo de poder Aurelius – dijo Aetius -. La gema esconde secretos de vital importancia pero que, ahora mismo, no pueden ser usados en combate.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
