Año 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
- Mi señor, tal y como adelantaron nuestros espías, una nave procedente de la Facción Freezer se aproxima al sistema Malvarala – informó el prefecto Acter.
El legado Cornelius se recostó en el sillón de su tienda esbozando una divertida sonrisa.
- Parece que Freezer ha decidido mover ficha por fin. No pensé que se atrevería a enfrentarse a su hermano de forma tan directa – exclamó extrañado -. ¿Sabemos quiénes son nuestros invitados?
- Son saiyans mi señor – señaló el prefecto -. La nave partió del planeta Freezer 84 hace dos semanas y se espera que lleguen al Sistema Malvarala en seis días.
- ¡Saiyans! - exclamó el legado, sorprendido -. ¡Eso si qué no me lo esperaba! ¿Acaso esos simios no aprenden nunca la lección?
- Eso parece – confirmó Acter.
- Supongo que deberemos avisar a Lord Cooler de los movimientos de su hermano... – reflexionó el legado en voz alta -. No me apetece iniciar una guerra en el Cuadrante 36 entre esos dos monstruos pero, o hacemos eso, o acabaremos siendo destruidos por las tropas de Freezer. Si actuamos conjuntamente con Lord Cooler y su ejército le daremos una lección a ese enano arrogante.
- Me temo que no será tan sencillo mi señor – señaló el prefecto -. Hemos recibido un mensaje desde el planeta Malvarala firmado por el Octágono.
- ¿El Octágono? - inquirió Cornelius intrigado -. Y dime, ¿qué quieren ese montón de pomposos esclavistas?
- En resumen, nos informan de que debemos abandonar nuestra ocupación de los planetas Tarsex, Sivix, Malasis y Mitraxis en el plazo de una semana o emprenderán acciones bélicas contra nosotros – dijo el prefecto.
- Ja ja ja – rió el legado -. Lo dicen como si hasta ahora no se hubiesen opuesto a nuestra ocupación ¿Qué van a hacer, lanzar más legiones de esclavos contra nosotros? No les deben de quedar muchos.
- El mensaje continúa mi señor – dijo Acter -. Nos informan de que han contratado varias bandas de mercenarios para completar su ejército, incluido un escuadrón de guerreros saiyans.
- ¿Ese es el plan de Freezer? ¡¿Ocultar su invasión bajo un contrato de mercenarios?! ¡Lo creía más inteligente! - exclamó Cornelius indignado -. Informaremos a Lord Cooler de esta ruptura del pacto de no agresión con el Imperio y lo llevaremos ante la Corte Imperial si es necesario.
- Será más complicado que eso mi señor – explicó Acter -. Nuestro contrato de protección con la Facción Cooler solo incluía los territorios bajo el dominio de Tardalia en ese momento y, en nuestro último acuerdo con el Octágono, reconocíamos su control sobre todo el sistema Malvarala. Por tanto, este sistema se encuentra fuera del acuerdo de protección con Lord Cooler. Supongo que esa será la táctica que los estrategas de Freezer empleen para justificar su presencia aquí.
- ¡Eso suena a subterfugio legal! - bramó el legado -. ¡Le dije a ese idiota de Aetius que no debía firmar el acuerdo con los malvarianos!
El prefecto Acter no pudo evitar dar un paso atrás ante la ira del legado. Cornelius no era el más inteligente de los diez legados, por lo menos no tanto como Aurelius o Aetius. Sin embargo, en cuanto a poder bruto, pocos igualaban su fuerza. Ser el foco de su ira era el último de los planes de Acter.
- Esta bien... – dijo Cornelius tras serenarse -. En ese caso seguiremos el juego de Freezer. Si ese enano cree que un simple escuadrón de saiyans puede expulsarnos del sistema Malvarala se va a llevar una terrible sorpresa. Responde a esos sucios reptiles del Octágono que les devuelvo la oferta. Tienen siete días para rendirse, liberar a todos sus esclavos y jurar lealtad a Tardalia o acabaré con su podrida raza de parásitos opresores y convertiré su paraíso marítimo en un desierto tan árido y yermo que no lo querrá ni el más humilde de los insectos.
- ¿En esos términos mi señor? - preguntó Acter temiendo la respuesta.
- Sin quitar ni una coma – exclamó Cornelius -. ¡Y moviliza a toda la legión! Envía dos partidas de 300 soldados a reforzar Sivix y Mitraxis.
- Pero señor, derivar tantas tropas a Sivix y Mitraxis nos dejará sin apenas efectivos – señaló Acter -. Nuestros enemigos podrían optar por realizar un ataque directo a nuestro cuartel general.
- Eso espero – dijo Cornelius esbozando una confiada sonrisa -. Los saiyans son un enemigo simple. Orgullosos y temerarios, no dudarán en lanzarse contra mí directamente si ven la oportunidad y esa, prefecto, será su perdición. No existe entre los saiyans nadie que pueda hacerme frente.
Acter asintió, sin atreverse a contrariar a su superior. Además, estaba de acuerdo con las palabras del legado. No tenía noticia de ningún saiyan que pudiese enfrentar a Cornelius, al menos no en circunstancias normales... Conocía de sobra la capacidad de los saiyans para convertirse en simios y multiplicar su poder. Sin embargo, para ello precisaban de un satélite que les sirviese de fuente de energía, algo que no existía en el planeta Malasis. No había ningún motivo razonable para albergar dudas sobre el plan del legado.
- ¿Qué hacemos con el planeta Tarsex mi señor? - preguntó Acter -. ¿Enviamos refuerzos allí también?
- No será necesario – respondió Cornelius -. No hay nada de interés en ese planeta más allá de ese supuesto yacimiento de cristales de exel que nadie ha encontrado aún. Además, cuenta con protección de sobra.
Acter observó al legado con interés. Hasta donde el sabía, en el planeta Tarsex solo se encontraba una pequeña avanzada de veinte legionarios supervisando las prospecciones en el terreno. Una fuerza insuficiente para enfrentarse a los mercenarios saiyans. Quería preguntar al legado, pero algo en su mirada le hizo replanteárselo. Ya había alterado bastante la frágil paciencia de su superior y no quería seguir tentando a la suerte. Además, aún quedaba una pregunta por hacer.
- ¿Debo informar al Gran Legado Aetius sobre la presencia de los saiyans en el sistema? - preguntó Acter.
- No será necesario – respondió Cornelius con gesto serio -. Solo tenemos la obligación de informar de aquellos cambios que puedan alterar el curso de nuestros planes y este, prefecto, no es el caso.
Acter asintió procurando que su gesto no transmitiese ninguna emoción. Se temía esa respuesta. Los legados se encontraban en la cima de la escala militar tardaliana y gozaban de plenos poderes cuando estaban en campaña. Esa posición les hacía recelar del resto de legados, actuando de forma individualista en muchas ocasiones. Sin embargo, por más que Acter desease informar al Gran Legado de la situación, estaba atado por la cadena de mando. Un acto de rebeldía de ese calibre solo acabaría con su muerte. Maldijo en silencio su suerte y deseó que los planes fuesen tal y como Cornelius tenía previsto.
- Si no hay más preguntas prefecto, tienes mucho que hacer – le dijo Cornelius dando por terminada la conversación -. Tenemos una guerra que ganar.
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