Planeta Malvaralla, barracones de los saiyans.
- ¡Maldita sea! - bramó Auber golpeando el suelo.
El estruendo despertó a Zero, que saltó sobresaltado de la cama. Mirando con resentimiento a su compañero, la oruga volvió a enrollarse sobre su cuerpo para continuar con su siesta, no sin antes lanzar un bufido de protesta.
- Lo siento – murmuró Auber sentándose en la cama y acariciando su lomo para disculparse.
Le habían asignado una habitación propia ya que los barracones preparados por los malvarianos estaban abarrotados, un lujo que agradecía en esos momentos. A pesar de su aislamiento en el cometa, en ese momento le apetecía estar solo con sus pensamientos. Necesitaba reflexionar sobre sus próximas acciones. La entrevista con Cress no podía haber ido peor y cada vez que rememoraba la escena, vencido entre los brazos de esa arpía, sentía como si un agujero negro absorbiese sus fuerzas y sus rodillas temblaban como si el mismísimo Freezer le hubiese retado a un combate a muerte.
- Lamentará haberme subestimado – se prometió.
Toda la seguridad que había ganado tras sus recientes logros en la academia y las batallas en Tarsex se había desvanecido ante la férrea correa de su madre. Ahora, se encontraba de nuevo bajo su voluntad, embarcado en una misión que le desagradaba tanto como le intrigaba. ¿Qué secreto ocultaba esa gema que tanto anhelaba? ¿Acaso tenía algo que ver con Los Visitantes y la búsqueda de Morello? Uno de los grandes tesoros del universo, parecía encajar con lo que le había contado su abuelo. De ser así, podría ocuparse de la misión y, llegado el momento, conseguir la gema para sí mismo.
Me encantaría ver la cara de esa arpía si la gema acaba finalmente en mis manos – pensó divertido mientras valoraba esa posibilidad.
Sin embargo, debía ser cauto. No había ninguna garantía de que la gema tuviese algo que ver con Los Visitantes y tampoco tenía ninguna información sobre su nuevo jefe, el tal Ashel, por no hablar de los múltiples enemigos que defenderían un tesoro de esa importancia. Aún así, su participación en esa misión le proporcionaba una oportunidad de oro para perseguir sus intereses.
- Tendremos que analizar el entorno, valorar las posibilidades y adaptarnos a los cambios – murmuró mientras acariciaba a Zero -. Eso es lo que hace un explorador.
Por ahora seguiría las órdenes de Cress e informaría de cada detalle que lograse descubrir sobre la misión de Ashel y, si surgía la oportunidad, alteraría sus planes en su propio beneficio.
- ¿Qué tal le irá a Anan? - murmuró.
De vez en cuando le azotaban punzadas de arrepentimiento por no haber seguido a la joven en su viaje. El sonido de la puerta interrumpió sus cavilaciones.
- Estoy ocupado – dijo en voz alta.
Seguramente alguno de sus compañeros venía a preguntarle sobre el resultado de la reunión o sobre la ceremonia del día siguiente. En ese momento no estaba de humor para escucharlos. Temía que, tras conocer la existencia de Zero, alguno de ellos decidiese no realizar el Juramento de Hermandad. Después de todo, pocos saiyans querrían ligar su destino a un capitán que mostraba debilidad por una mascota.
Un nuevo golpe lo obligó a levantarse.
- ¡Maldición, espero que sea importante! – bramó mientras se acercaba a la puerta. Si se trataba de alguno de los esclavos malvarianos, estaba a punto de llevarse una reprimenda que no olvidaría en mucho tiempo.
Sin embargo, la sarta de improperios que estaban a punto de salir de sus labios murieron en cuanto descubrió la identidad de su visita.
- ¿Vas a quedarte mirándome cómo un pasmarote sin decir nada? - exclamó Ange -. Tich solía decir que eras ingenioso.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
