Cuadrante 36, Planeta Malvarala, puerto estelar.
- ¡Dios, esto es infumable! - dijo Tich dejando caer la cabeza sobre la mesa -. ¿Recordadme por qué tenemos que estudiar todos estos hololibros?
- El capitán no duerme tranquilo si no terminamos el día con una fuerte jaqueca y dos dioptrías de más – le respondió Auber con una sonrisa cansada.
- No sé vosotros, pero cuando me uní al Cuerpo de Exploradores me esperaba un poco más de acción – señaló Ulif desde el otro extremo de la mesa -. Si lo llego a saber...
- Te uniste al Cuerpo de Exploradores porque no tenías otra opción perdedor, igual que el resto – le recriminó Prico desde la mesa contigua.
Llevaban más de cinco horas en la nave del embajador estudiando la documentación del Cuerpo de Exploradores relacionada con el sistema Malvarala y la mente de la mayoría de los reclutas comenzaba a colapsar. Esa había sido su rutina durante las tres semanas de viaje: estar los nueve hacinados en una habitación con seis literas y dos largas mesas sin nada que hacer aparte de leer y estudiar holoplanos. Auber habría preferido mil veces sumergirse en el criosueño de una nave de exploración que pasar las horas muertas en esa condenada sala.
El único que parecía mantener la compostura era Ion. El taciturno saiyan se había limitado a sentarse con los ojos cerrados y las piernas cruzadas en una esquina de la habitación y allí había pasado casi todo el viaje, sumergido en sus pensamientos. Solo se levantaba para hacer sus necesidades, comer y raparse el pelo. Esto último lo cumplía a rajatabla todos los días y había sido motivo de burla entre el resto de exploradores. Auber tenía que reconocer que admiraba la capacidad del saiyan para abstraerse del mundo.
- Espero que el capitán no tarde en volver – exclamó Fig -. No entiendo porqué demonios no podemos bajar de la nave si ya hemos llegado... ¡Seguro que los del Escuadrón de Élite están estirando las piernas y disfrutando de los placeres del planeta!
- No lo creo, nos habrían avisado – repuso Tich.
- Seguro que si, tu querida Ange no te dejaría solo pudriéndote en esta sala – repuso Prico con tono irónico.
La relación entre los exploradores y los miembros del Escuadrón de Élite durante el viaje había sido mínima. Solo coincidían durante las comidas en el comedor de la nave, momento que Ange aprovechaba para sentarse junto a Tich e intercambiar información. Por ella sabían que, al contrario que los exploradores, el Escuadrón de Élite Saiyan tenía libertad para moverse por la nave y una sala de gimnasio para ejercitarse. Estos privilegios no habían hecho sino aumentar el descontento entre los reclutas y las bromas sobre la estrecha relación entre Tich y Ange.
Sin embargo, Auber agradecía la barrera que existía con el escuadrón de guerreros. Así evitaba cruzarse con su hermano. Aunque creía tener asumida su expulsión del clan Feronis, debía reconocer que aún se le removían las tripas en las raras ocasiones en las que se encontraba con Salad. En cuanto a su hermano, este había cumplido su promesa y trataba a Auber como si no existiese algo que, por otro lado, había hecho desde siempre.
Indignado, Tich lanzó el protector de su antebrazo a la cabeza de Prico, impactando de forma cómica contra la mejilla del saiyan. Auber, Fig, Plum y Ulif estallaron en carcajadas. Incluso el tímido Umber se permitió esbozar una leve sonrisa.
- ¡Ahora verás! - exclamó Prico levantándose de la mesa.
- Prico, nada de peleas en la habitación – intervino Lych.
Prico miró en dirección a Lych, valorando si obedecer la orden o no. Finalmente, optó por lo primero y se sentó de nuevo en su asiento.
- Ya te pillaré... - le dijo a Tich.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
