Cuadrante 36, órbita del planeta Tardalia.
Había un plan. Ashel lo había dejado bien claro en la reunión previa al ataque: debían esperar en la órbita del planeta Tardalia hasta que la primera oleada de cápsulas de combate aterrizase y, gracias a esa distracción, dirigirse al punto 54G de la superficie y comenzar con la búsqueda de Malik y Anan. Ese era el plan, claro y conciso, sin margen a la interpretación. Al menos hasta que, minutos antes de la invasión, aquel enorme ojo de energía de origen desconocido había hecho estallar en mil pedazos la nave nodriza de Cress. Después de eso, solo quedó el caos.
- ¡Capitán, están acribillándonos! - escuchó la voz de Prico por el rastreador justo antes de atravesar la atmósfera.
- ¡Todos a tierra! ¡Descended de inmediato! - gritó Auber, si bien sabía que las barreras de inhibición tardalianas y el ensordecedor estruendo de los cañones de exel hacía casi inaudible su mensaje.
A sus pies, el perímetro amurallado de Lirenas, la capital de Tardalia, se encontraba rodeado por cientos de pequeños puestos defendidos por cañones antiaéreos. El cielo era un espectáculo de pirotecnia y, a su alrededor, las naves de sus compañeros estallaban ante la incesante andanada.
Ya estoy en la atmósfera - se recordó Auber para tranquilizarse.
Ese pensamiento no pudo ser más oportuno pues, justo en ese instante, un rayo de energía impactó contra su cápsula. La fuerza del disparo fue considerable, si bien no suficiente para causarle más que meros rasguños. Con su nave desaparecida, descendió con precipitación hacia la superficie del planeta. Quería evitar convertirse en un blanco fácil, especialmente para proteger a Zero. La oruga permanecía escondida en su mochila y, pese a las circunstancias, parecía tranquila. A su alrededor, otros saiyans seguían su ejemplo, abalanzándose contra los puestos de combate tardalianos sin dudar.
Están a punto de conocer la ferocidad saiyan - pensó invadido por una euforia desconocida mientras observaba como un saiyan de nivel medio se parapetaba sobre uno de los puestos aniquilando a los legionarios que tenían la desgracia de cruzarse en su camino.
- ¡Muere malnacido! - exclamó un soldado tardaliano abalanzándose de improviso sobre Auber con una katana.
Este esquivó el tajo con facilidad y, de un puñetazo, lo propulsó varios cientos de metros. Su rastreador le indicó como el ki de su enemigo descendía de sus trescientas quince unidades iniciales a cero. En cualquier otro momento se habría detenido a valorar su progresión pero, en ese instante, solo una idea cruzaba su mente.
Anan - pensó mientras se ocultaba tras una barricada tardaliana derruida -. Debo encontrarla antes que los demás.
Llevaba pensando en ella desde que Ashel había rebelado el objetivo de su misión. Sabía, desde su último encuentro en el asteroide, que Anan había desertado del ejército saiyan, algo que en cierto sentido había comprendido e incluso valorado imitar. Sin embargo, en ningún momento había imaginado que su traición podía llegar a ser tan profunda. Una cosa era abandonar pero, ¿unirse a los tardalianos? Ese grado de bajeza no era propio de un guerrero saiyan. Tenía que encontrarla, necesitaba una explicación.
Pero, ¡¿por dónde demonios empiezo a buscar?! - se preguntó frustrado mientras observaba el caótico entorno. Su rastreador no paraba de pitar de forma incontenible al detectar las cientos de energías que lo rodeaban, lo cual hacía imposible centrarse en un punto. Necesitaba reunir a sus compañeros y trazar un nuevo plan.
- Lych, Prico, Ion, Umber, ¿me escucháis? - dijo a través de su rastreador -. Si es así, me encuentro al suroeste de la capital. Reuníos conmigo de inmediato.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
