Cuadrante 36, Sistema Malvarala, planeta Tarsex.
La ferocidad del combate provocaba vibraciones por toda la base. Con sus últimas fuerzas, Auber se arrastró hacia una de las esquinas del patio, justo donde había dejado a Prico. Agotado, se apoyó en la pared junto a su compañero, intentando recuperar el aliento tras el esfuerzo. Desde allí, observó el desarrollo de la batalla.
Lych e Ion estaban consiguiendo plantar cara al marshelita y, por ahora, el combate parecía igualado. Los dos saiyans habían experimentado un aumento de poder tras la paliza y tortura a la que habían sido sometidos. Según su rastreador, el poder de Lych era de 5.885 unidades y el de Ion de 3.850. En cuanto a Tomber, la pérdida del brazo había reducido bastante su energía y, en ese momento, apenas superaba las 10.000 unidades.
Espero que sea suficiente para derrotarlo – deseó Auber.
Todo dependía de ellos. Por suerte, sus dos compañeros parecían conscientes de la importancia del combate. Auber estaba impresionado por la destreza de Ion. El saiyan manejaba la espada con increíble soltura, realizando complejas rutinas de ataques y, lo más impresionante, lanzando arcos de energía concentrada desde su espada que Tomber se veía obligado a esquivar constantemente. Auber nunca había visto una técnica semejante. Sin duda, Ion debía haberla aprendido en su planeta de infiltración. Ahora entendía el motivo por el que era tan torpe en el control del ki, estaba acostumbrado a canalizarlo a través de una espada.
Si alguno de esos cortes le alcanza, Tomber estará acabado – pensó Auber con admiración.
En cuanto a Lych, al contrario que en otros combates, en esta ocasión el saiyan se movía con cautela, respetando las capacidades de su rival. Nada quedaba del orgulloso saiyan de élite que se lanzaba al frente sin valorar las consecuencias.
Parece que la paliza de Tomber le ha servido para madurar – pensó Auber -. Ojalá pudiese unirme al combate.
- Auber... - susurró una voz a su lado. Era Prico -. Auber... ¿Estas ahí?
Prico tenía el rostro completamente inflamado y apenas era capaz de girar el cuello.
- Aquí estoy compañero – respondió Auber acercándose para que pudiese verlo.
- Estas hecho... una... mierda – le dijo Prico esbozando una deformada sonrisa -. Típico de la... basura... de clase baja.
- Pues anda que tú – respondió Auber sonriendo -. Pareces un hongo bulboso al que un viejo senil ha dejado demasiado tiempo en el horno.
- Ja ja ja... Siempre... tan... ocurrente – murmuró Prico -. Lo... siento...
- ¿Por lo del plan? - preguntó Auber -. No te preocupes, fue culpa mía. Subestimé la velocidad de Tomber, no tenías ninguna posibilidad de escapar de él.
- Ya... te dije... que era un pésimo plan... - siguió Prico -. Pero, no es por eso... Perdón... Perdón... por todo... La academia...
- No hables ahora, conserva las fuerzas – le recomendó Auber. Lo último que esperaba era una disculpa -. A los saiyans no se nos da bien eso de pedir perdón. Además, te envié a una misión suicida, así que supongo que estamos en paz.
- Gracias... capitán... - susurró Prico, visiblemente agradecido.
Auber guardó silencio. Jamás había esperado una disculpa por parte de Prico. Apenas habían pasado unos meses desde que aprobó el examen de ascenso y abandonó su antigua vida bajo el constante acoso de Melo y su cuadrilla. Había albergado tanto odio hacia su propia raza, aún lo sentía en su interior... Sin embargo, parecía que había pasado una eternidad desde entonces. La misión en el planeta Tarsex lo había cambiado todo rápidamente, demasiado rápido para que el saiyan pudiese asimilarlo.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
