Capítulo 44: Ofensiva en Malaxis (III)

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Cuadrante 36, Sistema Malvarala, Planeta Malaxis, alrededores de la torre de comunicaciones.

- ¡Listo! Nuestro ring de combate está preparado – exclamó Cornelius esbozando una siniestra sonrisa mientras observaba como la barrera se cerraba definitivamente impidiendo cualquier posibilidad de escape a los saiyans -. Ha sido un gran trabajo prefecto Serpicus, siempre tan efectivo.

Un tardaliano que se encontraba al otro lado de la barrera, de aspecto menudo, asintió agradeciendo las palabras de su superior.

- Bueno, ¿qué hacemos ahora? - continuó el legado -. ¡Ah, sí! Supongo que ha llegado el momento de dividirnos en grupos para comenzar los combates uno contra uno ¿No es así cómo os gusta hacerlo a los saiyans?

La mirada de Cornelius recorrió a cada uno de sus rivales, retándolos a realizar algún movimiento. La situación no podía haberse puesto peor.

Debemos mantener la cabeza fría – pensó Ange mientras analizaba la barrera -. No tenemos ninguna posibilidad en un combate directo.

- ¿Estáis muy callados no? - preguntó el legado -. ¡Claro, ya recuerdo! Ese tipo de combate solo os gusta cuando los rivales tienen un poder de combate inferior. Vaya problema pues, en esta ocasión, ese no será el caso. Ya os lo habrán chivado esos absurdos cachivaches que tanto os gusta llevar en las orejas.

- Maldito bastardo... - masculló Vegeta mientras apretaba los puños para contener su ira.

- Vegeta, recuerda nuestro plan si teníamos que luchar antes de tiempo – murmuró Salad.

El frío saiyan parecía ser el único del grupo que mantenía la calma. Incluso Ennel, siempre despreocupado, observaba la barrera con gesto serio. Vegeta asintió ante las palabras de su segundo.

- De acuerdo, tienes razón, seguiremos el plan. ¡Artic, Salad, venid conmigo! – exclamó con una seguridad que, dadas las circunstancias, Ange tuvo que admirar -. Nosotros nos ocuparemos de Cornelius. Ennel, el larguirucho de la derecha es tuyo. En cuanto a ti, hazlo lo mejor posible contra ese corpulento. Debes entretenerlo todo lo que puedas.

¡Será cabronazo! - pensó Ange mientras contenía las ganas de abalanzarse sobre Vegeta -. ¡Me está sacrificando!

La estrategia de Vegeta estaba clara. Necesitaba reunir el mayor número de efectivos posible para enfrentarse al poder de Cornelius y, para eso, había asignado a Ennel el rival más débil con la esperanza de que acabase con él lo antes posible. Por contra, a Ange le había tocado un enemigo que la superaba en mil unidades. No sabía que le daba más rabia, si el desprecio de Vegeta por su vida, o el hecho de que hubiese desarrollado un plan tan inteligente en esa situación.

- Céntrate en tu objetivo – le dijo Vegeta como si pudiese leer sus pensamientos -. Has entrenado directamente conmigo, un rival que te supera en mil unidades no debería ser un problema. ¡Demuestra tu orgullo saiyan!

Demuestra tu orgullo saiyan, la frase de cabecera de todos los idiotas de mi raza – pensó Ange. Sin embargo, para su disgusto, tenía que reconocer que el príncipe tenía razón. Había vencido en peores situaciones, solo debía mantener la cabeza fría y esperar su oportunidad.

- Así que esas tenemos, ¿un tres contra uno? No parece un combate muy justo... Para vosotros – exclamó el legado Cornelius mientras estiraba su ancha espalda a modo de invitación, sin duda para provocar a Vegeta. Los negros tatuajes con forma de venas que recorrían todo su cuerpo emitían un leve y siniestro fulgor que a Ange le puso los pelos de punta. Nunca se había enfrentado a un tardaliano pero había leído los suficientes informes sobre sus tatuajes y los extraños poderes que les concedían como para estar preocupada -. ¿Tú que opinas Acter, quieres luchar contra ese saiyan? Según dicen es más poderoso que tú.

Dragon Ball: una historia de los saiyansHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora