- ¡Bastardo insolente! - gritó su tío Nappa dándole un nuevo puñetazo en el estómago - ¡¿Cómo te atreves a avergonzarnos delante de todos los guerreros?!
La fuerza del golpe dejó a Auber de rodillas y un vómito sanguinolento brotó de su boca, manchando el suelo de la sala. Era el quinto ataque que recibía y su resistencia estaba casi al límite. Nunca le habían pegado tan fuerte. Tras el decepcionante final del torneo, su tío lo había arrastrado hasta la casa familiar. Su abandono había provocado un gran revuelo entre los asistentes y, por un momento, había creído que Zarbon lo fulminaría de la misma forma que a Lych. Por suerte, tras la sorpresa inicial, el gobernador había estallado en carcajadas.
- ¡Al final si se parece a su padre! - había exclamado, provocando la risa de los presentes. Finalmente, una sorprendida Ange había sido declarada como vencedora y se había formalizado su entrada en el Escuadrón de Élite. Sin duda, al día siguiente todos hablarían de su renuncia y lo tacharían de cobarde. Aún así, pasada la euforia del momento, no se arrepentía de su decisión.
- ¡¿Cómo se te ocurre renunciar cuando tenías la gloria a tu alcance?! - dijo propinándole una patada en el abdomen -. ¡Tu rival estaba en las últimas y aún así te acobardaste como un escuálido tsufur! ¡No eres digno de formar parte del clan Feronis!
- No... había... motivo... – susurró Auber desde el suelo.
- ¡¿Cómo dices escoria?! - le gritó su tío tirando de su pelo para levantarlo.
- Digo... ¡Qué no había ninguna gloria en ese combate! - le gritó cuando estuvo a la altura de su rostro.
Su osadía le costó un rodillazo en el estómago y, por unos instantes, creyó que perdería el conocimiento.
Quizás sea mejor así – se dijo.
- Ya es suficiente – dijo su hermano Salad cortando la rutina de golpes de su tío -. Lo hecho, hecho esta y no conseguirás nada matándolo. Quizás sea mejor así, esta claro que el Escuadrón de Élite no era su sitio.
Hasta ese momento el saiyan había permanecido sentado en la mesa, observando la escena con gesto indiferente. Era tal y como recordaba. Aunque nunca le había puesto una mano encima, Salad siempre le había tratado como un inconveniente, una molestia insignificante de la que no valía la pena ocuparse.
- ¡Es una deshonra para la familia! - gritó Nappa contrariado -. ¡Solo su muerte servirá para limpiar nuestro honor!
- No te corresponde decidir si vive o muere – continuó Salad con el mismo tono monótono -. Te recuerdo que tú no eres el líder de este clan. Deja que haga lo que quiera. Después de todo, su contribución a nuestra causa es intrascendente.
- Supongo que tienes razón... - dijo Nappa soltando el pelo de Auber -. Por un momento olvidé que no es más que una basura.
Auber apretó la mandíbula conteniendo la rabia. Eso es lo que era para ellos, una basura que no contaba. Así sería siempre y no tenía sentido intentar cambiarlo. De hecho, ya ni siquiera estaba seguro de querer hacerlo.
- ¡Desaparece de mi vista antes de que cambie de opinión! - le gritó su tío, lanzando una nueva patada a su abdomen. Tras esto, pasó por encima de Auber y se sentó en la mesa junto a Salad.
Auber se levantó del suelo con toda la dignidad que le fue posible y se dirigió renqueante a la entrada de la casa. Tenía que huir de allí. Su tío era una persona veleidosa y no quería estar cerca cuando el alcohol nublase su escaso juicio, por si de verdad decidía cambiar de opinión en cuanto a lo de dejarlo con vida.
- ¿Cuándo os vais a la siguiente misión? - le preguntó a Salad mientras se servía una copa -. Todos en el Consejo están deseando tener detalles sobre el nuevo encargo de Freezer.
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Dragon Ball: una historia de los saiyans
FanfictionAño 737. Freezer llega a la órbita del planeta Vegeta tras haber congregado a la gran mayoría de los saiyans desperdigados por el espacio. Preocupado por el creciente desarrollo de la fuerza saiyan dentro de las filas de su imperio y temiendo el sur...
