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Nuevamente estaba perdiendo mis pensamientos en las profundidades del agua, acompañado por marealgas, rociosrcoiris y criaturas marinas que ya estaban acostumbradas a verme vagar por aquí.
Aún si todo a mi al rededor es lo mismo de siempre, nunca me aburre el hecho de saludar a mis únicos verdaderos amigos —sin contar a mi familia en casa— o disfrutar de la frialdad del fondo marino que abraza mi cuerpo y acaricia mi rostro como nadie haría.
Me sentía afligido después de una discusión con madre, porque es natural sentirse así cuando peleas con tu familia y no puedes hacer algo para defenderte. Sé que soy débil, sé que mis manos son pequeñas al igual que mi cuerpo pero, mi mente expande sus horizontes con cada zambullida al agua. Es como un universo de pensamientos sin fondo; como el mar.
Mis ojos divagan por toda parte, rincón, cueva, cualquier lugar que se encuentre a mi disposición y me dedico a explorar aún si conozco todo como la palma de mi mano.
Bucear es mi vida.
Después de haber estado un par de horas buceando, me pareció ver un tumulto de nutrias juntarse junto a focas que hacían sus típicos sonidos. Me parecía curioso así que decidí acercarme a nado tranquilo, esperaba pasar desapercibido pero en cuanto sintieron mis corrientes la capa de animales que cubría el medio se hizo a un lado para mirarme y así dejarme ver lo que rodeaban.
Mis ojos se abrieron dentro del casco, sentí un fuerte vuelco en el corazón a medida que veía a detalle aquello que estaba frente a mi. Fue tan rápido que se vió en cámara lenta y aquella... sirena simplemente se escondió lejos de mi presencia.
Una sirena.
Cómo las de los libros.
Con una larga cola llena de escamas y colores tornasol.
Nadé hasta alcanzarla y seguir su paso, pude visualizar hasta donde había ocultado su figura y entré a la fosa profunda a la que no dudó en intentar perderme. Por un momento no sabía que estaba haciendo y quería averiguar todo a detalle sin detenerme ningún momento. La mente la tenía en blanco con el único objetivo de verla una vez más, quizá hasta interactuar y admirarla —si tan solo me dejara hacerlo—.
Me metí hasta lo más profundo y gracias a sus aletas en lo último de su cola pude ver dónde realmente se ocultó y me quedé quieto logrando ver así sus ojos observarme con temor.
-N-no temas, no te haré daño... -Alcé mis manos a la altura de mi pecho mostrando nada en ellas.- Solo quiero verte. -Dije con nervios.
La sirena afiló sus ojos en cuanto terminé de hablar y negó con la cabeza.
-¡Por favor! Prometo que no haré nada extraño. Ni siquiera diré nada. -Tragué saliva con todo el temor del mundo.- Soy Freminet, ¿cuál es tu nombre?