Capítulo 12. Una provocación no deseada.

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Brandon.

Boston, 2024, Piso de soltero de Brandon. 

- "Por fin, termino tú turno de sesenta y dos, B.M. Estarás agotado"- me dijo la señora Carrigan, cuando fui a recoger a Estuco, mi gato, la única compañía que no me es inconveniente cuando tengo mis días de descanso. 

- "Si señora Carrigan, ahora tengo tres días libres, hasta mi nuevo turno."- le dije entregándole los dulces que le había comprado por cuidar a Estuco. 

- "Por cierto, tu madre pasó por aquí, sigue siendo la misma acosadora que cuando perseguía a tu padre, esa mujer no cambia."- me dijo haciéndome reír. 

- "Lo sé, al no encontrarme aquí ¿Imaginé dónde fue?"- le dije con una sonrisa. 

- "¡Increíble! Esa mujer es peor que un terremoto, menos mal que tu padre sólo tuvo un hijo barón, y bombero, o la tendría todos los días tocando mi puerta."- me dijo refunfuñando mientras me daba varios túperes con comida, y un trozo de tarta de manzana que sabía que yo adoraba. –"Sólo la tarta es mía, el resto es de la acosadora de tu madre."- me dijo a modo de aclaración, yo sólo asentí. 

 Yo tenía claro que no tenía que darme nada bastante había hecho ya, esa mujer llevaba años, décadas, cuidando de los bomberos solteros de varios parques de todos los distritos de Boston. La señora Carrigan, era la viuda de un bombero, que murió en acto de servicio, hacía ya treinta años.  

Con el dinero de la indemnización millonaria recibida por la muerte de su esposo, abrió un edificio de apartamentos que solo alquilaba a bomberos solteros, hombres o mujeres. Mi vecina del piso frente al mío es una antigua compañera, que ahora está en el distrito nueve, Daniela Pinkerton. 

El marido de la señora Carrigan murió por la negligencia del director del hotel donde se originó el fuego, el equipo de su marido, fue uno de los primeros en llegar, el maldito imbécil asesino, cerró con llave la puerta de seguridad blindada, para evitar que el fuego se propagara a otras plantas.  Esa era la única salida que tenía el escuadrón de bomberos, que estaban apagando el incendio de uno de los sótanos, al no poder huir, murieron todos, entre ellos, el marido de la señora Carrigan.   

Es una persona muy querida entre los bomberos, no hay bombero que alguna vez, durante sus primeros años como bombero, no hubiera vivido en alguno de sus pisos, o que la señora Carrigan no le hubiera hecho un favor, encima nos cobra barato, ella sabe lo que gana un bombero en activo, a cambio nosotros le hacemos los arreglos, siempre que se le rompe algo en el edifico, de hecho una vez al año nos reunimos todos los bomberos libres y los que ya están retirados, para pintar la fachada, y hacer una gran fiesta en su azotea, suele coincidir con el aniversario de la muerte de su marido y de los compañeros de este.  

Mi padre, y mi familia, desde hace años, siempre participan, mi padre también fue un inquilino de la señora Carrigan, de hecho, yo vivo en el piso que vivió él cuándo estaba soltero, y mi madre lo perseguía.  

- "Bueno a descansar que de seguro lo necesitas, sé que has participados en varios incendios y rescates, en este turno."- me dijo acompañándome a la puerta de su apartamento. 

- "Creo que esta mejor informada, que nuestro centro de coordinación."- le dije sonriendo.  

- "Seguro, ¿Lo dudabas?."- me dijo también sonriendo, entregándome mi correspondencia que estaba junto a la mesa auxiliar que tiene junto a la puerta, con bandejas con el número de cada piso. 

Me despedí de la señora Carrigan, y con mi bolso en una mano, Estuco en mi hombro, donde siempre le gustaba subirse, y en la otra mano la comida, además de la correspondencia sobre ella, llegué a la puerta de mi apartamento, el veintiocho. 

- "Vaya, por fin de descanso, suerte de algunos."- oí que una voz conocida hablaba detrás de mí, me giré para ver a la sonriente Daniele salir con su bolsa de trabajo, y el uniforme de calle. 

- "¿Te toca turno de setenta y ocho?"- le pregunté.  

- "Peor que eso, tengo un curso de entrenamiento para nuevos reclutas en la academia, estoy de seleccionadora."- me dijo con un gemido, la rubia y sonriente de Daniele. Yo sólo gemí aprensivo, y ella estalló en carcajadas al ver mi cara.  

Justo en ese momento un portazo en unos de los pisos del fondo hizo que miráramos hacia ese lado del edificio, y vi como mi mejor amigo Louis Turner, uno de mis hombres, que, tras mirarnos, volvió a abrir la puerta de su piso, que misteriosamente se le había cerrado con fuerza.  

- "Bueno me voy, disfruta de tu descanso."- me dijo Danielle, sin mirar de nuevo Louis, como llevaba ocurriendo desde hacía ya seis meses, desde que ella pidió el traslado al distrito nueve, Danielle se subió al ascensor para desaparecer, sin su contante sonrisa. 

- "Mira imbécil, si aún la amas no tenías que haberla alejado de ti, y menos enfadarte si otro hombre habla con ella, maldito estúpido."- le dije en alto a Louis que aún miraba como un tonto, las puertas cerradas del ascensor.  

- "Metete en tus asuntos, no estamos en el parque, no tengo porque oir tus estupideces."- me dijo Louis serio, más serio que de costumbre, antes de abrir la puerta de su apartamento y entrar en él, para cerrar de nuevo de un portazo, demostrando que aún le afectaba esa mujer.  

La historia entre Danielle y  Louise es de las que poco suelen darse en un parque de bomberos, incluso es poco conveniente que ocurra, Danielle sin quererlo se enamoró del serio y callado  Louis Turner, parecía que no él correspondía, y ella lo aceptó, tratándole como un compañero más, hasta que el día de la fiesta de aniversario de la muerte del marido de la señora Carrigan, hace ocho meses, tras pintar la fachada e ir a la fiesta de celebración, ambos bebieron de más de la cuenta, y acabaron costándose, pero pronto Louis se arrepintió, y le dijo que todo fue un error, por lo que Daniele  pidió el traslado a otro parque casi de inmediato, y dos meses después fue traslada, desde ese momento, Louis cada vez está más serio y mucho más callado. Sólo yo sé lo que le ocurre, justo por eso, como acaba de ocurrir, procuro recordárselo cada vez que puedo, y su respuesta, como acaba de pasar, también es siempre la misma. 

Entré en mi piso, y dejé que Estuco se fuera a su adorada cama, era lo que siempre hacía desde que volviéramos a casa. Adoraba esa cama, lo único que no se quemó del incendio del que lo rescaté hace dos años, cuando era solo un gato de meses, su madre lo había escondido para protegerlo, antes de morir asfixiada por el humo, y tuvo razón, ya que lo escondió en una extraña figura de decoración de uno de los marcos de una puerta donde solo cabía su pequeño cuerpo, esa figura estaba hecha de estuco, y por estar tan bajo, no le afectó el humo. Fue allí donde lo encontré maullado por su vida, y decidí que ese valiente debía de ser la mascota de un bombero, fue así como lo terminé adoptándolo.  

Estuco es muy arisco, sólo acepta mis compañías, la de otros bomberos hombres o mujeres, si van vestidos con el uniforme, y la de la señora Carrigan, de resto, y sobre todo con la compañía femenina, es terrible, él es la razón por la que mi madre y mis hermanas no vienen a verme a mi apartamento, cosa que en cierta forma agradezco, aquí puedo estar tranquilo, mi remanso de paz.  

Deje la ropa sucia de mi bolsa, en la cesta, mañana podría una lavadora, ahora una buena ducha, una cena, y finalmente, de postre, la famosa tarta de manzanas de la señora Carrigan.  

Cuando me dirigía a la habitación el teléfono me sonó anunciándome que me había llegado un mensaje desconocido, suelo poner música para diferencia de quien recibo las llamadas y los mensajes, en el número del trabajo tengo el sonido de la alarma del parque, y nunca diré cuál es el que le tengo a mi madre, aunque me torturen, aunque seguro, si ella lo descubre, será el verdugo de mi tortura. 

Al mirar el móvil no identifique el número, e incluso iba a borrar el mensaje pensando que era un spam, pero al mirar el mensaje me sorprendí, no esperaba que la primera imagen que tenía el video era la de la lunática pelirroja.  

El Ardiente Capricho de la CEODonde viven las historias. Descúbrelo ahora