Capítulo 79. El último intento de una rata cazada parte 2.

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Mackenzie.

Boston, 2024, Suite de lujo ma recién casados del Marriott Luxury Collection Hotel, en ese momento.

- "Ya casi entró en la trampa, sólo queda saber cuál los dos es el señor X, para eso hemos puesto micros y cámaras en la suite presidencial, algo nos dice que muy pronto lo veremos entrar por la puerta de la suite residencial."- nos dijo el sargento a la pareja cuando se reunión con nosotros, y con Carlos, en la suite que estábamos ocupando para la boda.

Muy al contrario de los que todos creían, tras salir del salón de la boda, nos dirigimos a la suite secreta que Carlos nos había reservado, todos creían que era la suite presidencial, incluso la rata. En un principio no entendí por qué Carlos había cambiado, ocultándoselo a todo el mundo, incluido a la policía, el cambio de suite a última hora, pero tras la información que comenzaba a llegar sobre la extraña actitud de mis dos primos, comenzaba a entenderlo.

- "Pero ¿Cómo vamos a descubrir quién es, para que el señor Milton lo descubra, si no hay nadie allí que le haga hablar?"- pregunté razonablemente.

Carlos y Brandon se miraron con suspicacia, y mientras el sargento de policía se daba cuenta del punto de razón que yo tenía.

- "Podemos poner un falso cebo para que él se descubra ..."- comenzó a decir el policía más para el mismo que, para las tres personas que lo escuchaban, pero yo me adelante.

- "Yo me ofrezco como cebo..."- no había acabado de decirlo, cuando los dos hombres atractivos, que había a mi lado, rugieron de inconformidad.

- "No, no puede hacer eso, jefa"- dijo Carlos, mientras mi marido me miraba furioso, y me decía al mismo tiempo.

- "Por encima de mi cadáver, maldita Lunática."- yo intenté ignorarlo, en busca de la respuesta del sargento, que nos miraban a los tres, con algo de nerviosismo.

- "¿Y bien que me dice, sargento?"- le volví a preguntar.

-"¡Esto es increíble!, ¡Maldita mujer!"- un gruñido ronco, y muy atractivo del hombre que me cogió del brazo, para que lo mirara, me obligo a girar la cara hacia el Vader Bombero, mientras las quejas de Carlos se oían en algún lado de la habitación -" No creas que me vas a ignorar para salir con la tuya, Mackenzie Hernández, ahora eres mi mujer, así que se acabó esa maldita afición que tienes de buscar las situaciones de lo más peligrosas, desde luego no voy a permitirte que te pongas en ..."- lo tuve que interrumpir enfadada.

- "Yo no buscos situaciones peligrosa, no exageres, además soy tu esposa, no una propiedad, no puedes mandarme, a como se te dé la gana, maldito estúpido."- le dije en español para que supiera lo enfadada que estaba.

- "Estoy que me parto, ¿Qué no adoras el peligro? y lo dice la mujer que tiene por vehículo preferido, una maldita maquina diseñada por satanás, la maldita muerte sobre ruedas, la mujer que, en medio de un incendio, que casi acaba con su vida, se pone a recoger informes, en vez salir huyendo, como haría cualquier ser humano, con un mínimo de instinto de supervivencia..."- me respondió él en español, pero yo ante lo injusto de las reclamaciones, a mi parecer, no le deje seguir.

-"Eso no es justo, cometí un pequeño error, no pensé que el fuego estuviera tan cerca, además, no te metas con mi niña bonita, es una maravillosa máquina de precisión, es arte en movimiento."- mientras discutíamos el sargento nos miraba sin comprender nada de lo que estaba pasando, con los ojos abiertos de sorpresa, mientras de vez en cuando miraba a Carlos, el cual, miraba con aburrimiento lo que sucedía delante de él, y le hacía gestos al policía para que no se preocupara, para mi asistente estas discusiones, eran algo del día a día.

- "Discúl ... discúlpenme, señor y señora Hernández, pero el tiempo apremia. Al final ¿Alguno van a hacer de cebo? ¿o podemos usar a una agente policía camuflada?"- dijo el sargento a duras penas, interrumpiendo nuestra discusión.

- "Yo lo haré"- dije yo al mismo tiempo que Brandon decía.

- "Yo lo haré"- ambos nos miramos con ira y reto, pero al final, como siempre, fue Carlos quien se convirtió en la voz de la razón, en todo esto.

- "¿Y si lo hacen los dos juntos?, siempre es mejor que este el otro, para protegeros mutuamente."- ambos miramos a Carlos, y ante su lógica, sólo pudimos asentir a regañadientes, ninguno quería hacer ver que esa idea era maravillosa.

El orgullo es algo que, entre el Vader bombero y yo, tenía su propio camino, que nos daría más de una pelea, aunque si lo comparamos con nuestra atracción y amor, lógicamente quedaba claro como terminaba cada pelea, y aún peor, como de lujuriosa serían nuestras recopilaciones.

Hasta Marisa, la última vez que me quejé de lo que me sacaba de quicio ese hombre mandón, se hecho a reír, para después reprocharme que me dejara de quejar tanto, ya que ya había descubierto que nuestras peleas sólo eran el preludio, o mejor dicho, el calentamiento para el sexo más alucinante y agotador, así que, me prohibió que me le dijera una sola queja del Vader Bombero, comenzaba a sentirse que la estaba usando, para excitarme, pensando en mi hombre.

- "Bien Sargento, todo solucionado, los dejaré calladitos y muy juiciosos en la suite presidencial, para que empiecen el gran espectáculo."- le dijo Carlos ignorando nuestra cara de mal humor.

Mientras, el sargento aun nos miraba, con algo de inseguridad, sin tener claro de que todo estuviera tan controlado, como Carlos le aseguraba.

Fue así como quince minutos después estamos sentados muy juntos, en el sillón de la suite, esperando que el estúpido de señor X llegara, o por lo menos uno de sus esbirros. Ambos habíamos hecho un pacto de no agresión mutua, claramente motivado porque sabíamos que estábamos siendo observados por las cámaras, y siendo oídos por los micrófonos que había por toda la suite.

- "Preparados, una persona se acerca a la suite."- oí que nos decía Carlos a través del dispositivo que teníamos en la oreja.

Unos toques en la puerta nos anunciaron que la persona que esperábamos acaba de llegar y con una sonrisa, tras mirar, y buscar conformidad en la mirada de Brandon, este se levantó y fue a abrir la puerta. Ante nosotros con una cara seria, y con el mismo mal humor de siempre, estaba ni más, ni menos, que mi primo mayor, Share O 'Sullivan.

- "¿Qué querías, Share? ¿Por qué no estas en la boda? Pronto bajaremos para el banquete"- pregunté para disimular mi sorpresa, mientras mi marido con algo de tensión mal disimulada, lo miraba desde muy cerca, junto a la puerta, donde Share se encontraba ahora.

Ambos necesitábamos que Share hablara, para que su voz fuera registrada por los micrófonos, y el señor Milton, que se encontraba junto a los policías, en la otra suite, lo identificara como el señor X.

- "Eso te quería preguntar yo. ¿Por qué me has pedido que suba a la suite? Estaba muy tranquilo tomándome una copa, y hablando con otros empresarios."- la respuesta de Share llegó casi con la confirmación en mi dispositivo, de que ese no era el señor X, para nuestra sorpresa.

Pero no dio tiempo de decir nada, ya que de pronto, de una de las habitaciones de la suite, salió al salón, pistola en mano, Murphy, mi otro primo, con una sonrisa siniestra.

- "Al fin están todos mis enemigos reunidos, lástima que falte tu madre, Mackenzie, me encantaría darle su merecido."- dijo Murphy apuntándonos a los tres, vestido como si fuera un camarero más del hotel.

- "¡Ese es el señor X!"- oí que decía una voz lejana por el dispositivo de escucha, pero ya era tarde para esa confirmación, claramente en sus ojos se veía que el desgraciado de Murphy no había venido allí a jugar a las cartas, su misión era otra, no pude evitar mirar a mi marido y supe que él pensaba lo mismo, antes que él le hiciera algo a mi hombre, lo mataría con mis propias manos. 

El Ardiente Capricho de la CEOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora