Brandon.
Boston, 2024, Parque de bomberos del distrito doce.
Cuando abrí los ojos esa mañana ya oía a mis compañeros circulando por el pasillo que daba a los dormitorios, en la zona de descanso del parque. Unos ligeros ronquidos a mi lado, en la cama individual que estaba en el otro lado de la habitación reservada a los jefes de equipo, me confirmaron que Levín, el jefe Allen, había llegado tarde de la intervención que había tenido la noche anterior.
La verdad era que no tenía que haberme incorporado al turno hasta el mediodía de hoy, pero después de lo sucedido ayer, con la madre de la Lunática, y, sobre todo, de lo que me enteré, que tenía que ver con el intento de alguien de eliminar a la CEO, cosa que por otra parte no debía de sorprenderme, hasta a mí, en ocasiones, me apetecía estrangularla, pero por razones diferentes, no simplemente por poder o dinero.
Pero lo peor de todo, lo que más me afectó, y me hizo huir de la fiesta de celebración del cumpleaños de mis hermanas ayer, fue las locas y controladoras ideas de mi madre, la señora Hernández en su manía por controlarme, y salirse con la suya, se le había ocurrido que viviera con la Lunática, según ella, para protegerla, algo que ya era ridículo hasta pensarlo, esa heredera rica y psicópata, y yo, éranos como agua y aceite hirviendo, un mero contacto, y los tambores de guerra comenzarían a tocar. Imagínate a los dos juntos, en una misma casa, y sin antidisturbios, era más probable que termináramos matándonos el uno al otro, de que el asesino tuviera alguna posibilidad de acabar con esa loca CEO.
Cuando salí de la casa de mis padres anoche, lo tuve claro, lo que menos me apetecía era volver a mi apartamento, para que mi madre se presentara a los pocos minutos, o por la mañana, para montar guardia delante del edificio, provocando que la señora Carrigan se enfadara, mi casera odiaba las malditas técnicas de acoso bien conocidas de mi madre, y que ella había vivido y presenciado, casi a diario, desde que esa gringa reconvertida en mexicana, y ex heredera, perseguía al guapo bombero mexicano que la rescató, para que saliera con ella. Para colmo, ser su hijo no me había librado tampoco de ese acoso, y como siempre que ocurría, la guerra fría, y dialéctica entre esas dos mujeres de fuerte carácter, no dejaría vivir tranquilo a nadie del edificio, y eso no se lo merecían mis compañeros.
Así que opté por regresar a mi dormitorio del parque, esa noche, porque era una zona restringida para extraños que no fueran bomberos. Gracias a Dios siempre llevo una maleta preparada en mi coche por si somos activados de repente, una dinámica que se había establecido muy popularmente entre los bomberos, desde el desgraciado accidente del 11 M en las Torres Gemelas de Nueva York.
Un sonido en la puerta como de golpes ligeros, me hizo levantarme para que no se despertara Levín, no me sorprendió que al abrir la puerta un emocionado Bruno, el perro de raza dálmata, mascota del parque, me saltara encima emocionado.
- "¡Eh, chico! ¿Cómo has estado?, sí ... sí, yo también te he echado de menos..."- le dije en un susurro, acariciándolo, mientras cerraba la puerta de la habitación, quedándome fuera para que el pobre de Levín pudiera dormir.
Varios gritos de sorpresa masculinos, en la escalera, ver correr a mis compañeros en paños menores, algunos recién duchados, y con una tolla a la cintura, para esconderse en sus habitaciones de seis literas, fue algo que, tanto a Bruno, como a mí, nos sorprendió, y nos miramos extrañados, todo se aclaró cuando al fondo del pasillo, vi aparecer, a una muy reconocida para mí, mujer de mediana edad, rubia y de ojos azules, con claros signos en su mirada de tener ganas de guerra. Ni siquiera intenté huir, cosa que por el contrario si hizo mi cobarde amigo de cuatro patas, dejándome sólo ante el peligro.
- "Maldito cobarde, eso no lo hace un bombero"- le dije con la mirada cuando lo vi desaparecer por la escalera del otro lado del pasillo, pero el muy maldito sí sé giró para ver como abandonaba su compañero ante ese grave peligro.
Yo ya sabía que, aunque la tratara de eludir el enfrentamiento, sólo provocaría que el instinto de cazador, y acosador, de la señora Hernández, se agudizara. Así que con un suspiro permanecí quieto, esperando que esa mujer recorriera los últimos metros que había hasta mí.
- "Eres increíble, mamá, sabes que está prohibido para los civiles entrar en la zona de dormitorios del parque."- le dije cruzando mis brazos a la altura de mi pecho mientras me apoyaba en la pared para hacerle ver que no me iba a mover.
- "Yo no soy una civil, maldito y desagradecido niñato, soy la esposa de un bombero, y la madre de otro, no hay nada que este maldito parque pueda ocultarme o deberme, así que vamos a tu habitación que tenemos que hablar, y muy seriamente."- me dijo mi madre, pero la detuve antes de que abriera la puerta del cuarto.
- "Mi compañero está durmiendo ahora, mamá, salió anoche a una guardia, no puedo molestarlo, puedes esperar unos días, entro a trabajar en cuatro horas, y..."- sabía que mi intento por aplazar esto era inútil, pero debía intentarlo.
Lo que no espere fue la capacidad resolutiva e intensa de la esposa de un bombero, sin yo esperarlo, mi madre ascendió, por el lateral del pasillo, a la única habitación que es las más restringida de todas las que había en la zona de descanso, la de mi capitán, el jefe del parque, que ese momento, con una camisilla, y los pantalones del uniforme puestos, se encontraba afeitándose, cuando mi madre le asaltó como una vikinga, abriendo la puerta si llamar, y de golpe, y pese a mis quejas airadas, dijo.
- "Hola, Henrry ¿Podrías dejarnos a solas unos momentos? Necesito hablar con mi hijo, y en su cuarto no puedo."- preguntó mi madre como si fuera natural que los familiares de los bomberos accedieran las zonas privadas del parque, y dispusieran con libertada de ellas, y de las personas que estaban dentro también.
Baje la cabeza esperando el grito merecido de mi jefe, mientras trataba de sacar a mi madre de su habitación, cogiéndola del brazo. Pero lo que hizo mi jefe fue algo totalmente increíble, con una carcajada, cogió sus utensilios de afeitarse, una tolla, y dijo mientras salía de la habitación.
- "Veo Kiara, que tus costumbres no han cambiado, normal que Benji cayera en tus trampas como un pardillo, eres como un huracán. Te deseo suerte B. M. pero desde ya te digo que en la apuesta que seguramente están haciendo ahora tus compañeros, para ver quien gana, entre tu madre y tú, pienso apostar veinte dólares por tu madre, es la apuesta más segura, voy a quitarle tan fácil el dinero a esos pardillos, que casi me da pena."- me dijo mi jefe saliendo de su habitación con una sonrisa.
Casi entierro mi cara en el suelo cuando a la cerra la puerta, le oí gritar a pleno pulmón por el pasillo:
- "Apuesto veinte dólares por la madre del jefe Hernández."- y un revuelo de ofertas y contra ofertas se oyó por el pasillo mientras se alejaban, mientras yo me moría de vergüenza, y de rabia dentro de su habitación.
- "Kiara no puedes hacer esto cada vez que quieras salirte con la tuya, ya no soy un crio, ni tampoco soy papá, que te aguantan todos tus caprich..."- comencé a decir furioso a mi madre, pero tuve que detenerme a mitad de la frase, para esquivar una de las zapatillas del capitán, que de repente salió volando de la mano de mi madre a mi cabeza, sólo mis buenos reflejos me libraron de acabar con un buen golpe en la cara.
- "Mira como hablas a tu madre, niñato, o no sales vivo de esta, siéntate que vamos a hablar."- dijo mi madre sentándose en el único sillón que había en la habitación.
Yo por precaución me senté en una silla que había cerca de la puerta, siempre hay que tener una distancia de seguridad con tu agresor, o tu homicida.
- "Si vas a hablarme de irme a vivir con la Lunática, mamá, por mi puedes ahórratelo, porque mi respuesta es no, y no hay nada más que hablar."- le dije a modo de advertencia, para dejar mi posición clara.
Pero la mira a mi madre a los ojos me di cuenta de que ni me había escuchado, la capacidad que tiene mi madre para seleccionar lo que desea, o no saber, e ignora el resto, es como un super poder, que yo como mortal, no poseo.
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El Ardiente Capricho de la CEO
RomanceMackenzie O 'Sullivan es la heredera de Holding O 'Sullivan Park, ha tenido que luchar mucho para convertirse en el CEO. Ya que su tío, Rónan O 'Sullivan, siempre había creído que sus dos hijos, Shane y Murphy, serían los verdaderos herederos de su...
