Capítulo 59. Descontrol y consecuencias: Rendición.

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Mackenzie.

Boston, 2024, Apartamento de lujo de Mackenzie O 'Sullivan.

- "Tranquila preciosa despacio, hemos esperado mucho para esto, sólo debemos disfrutarlo"- el sonido de su voz en mi oído, del Vader bombero, cuando despegó sus labios de los míos, me hizo abrir los ojos.

Estábamos en el salón del ático, en algún momento ese hombre me había alzado entre sus brazos, para sacarme del ascensor y colocarme sentada sobre lo alto del respaldo del enorme sillón del salón, mientras sus labios devoraban los míos, y yo gemía descontrolada, exigiendo su total entrega.

Nunca me había sentido así, era algo increíble, mi cuerpo rugía por la cercanía con el suyo, el deseo anulaba mi mente, su tacto, sus labios, eran algo que me daban vida, como el agua para un sediento, me sentía más viva que nunca.

La necesidad de tenerlo cerca, de sentirlo, era algo que nunca había sentido por nadie, y esto debió de advertirme de lo que me estaba ocurriendo en realidad, pero eso no lo descubrí hasta mucho más tarde, muchísimo más tarde.

- "Yo... no puedo... yo..."- mi voz entrecortada, mis manos se colgaron de cuello de ese hombre, tratando de atraerlo hacía mí, para volver a besarlo. Ni siquiera sabían lo que se quiso expresar mi mente, la nube de deseo anulaba mi juicio.

- "Tranquila no me voy a detener, no hasta hacerte mía, pero debemos tener claro las cosas, o habrá consecuencias."- me dijo él acariciando mi cuello, mientras los besaba con sus labios, y un gemido agudo salió de mis labios, estaba totalmente dominada por las sensaciones que provocaban esos tenedores labios.

- "Tengo ...condones...mi mad... en el baño de mi dormitorio"- le dije a sus palabras, la verdad es que mi mente estaba en otra cosa, lo de las consecuencias me sonó a que, ni él, ni yo queríamos meter la pata, algo que me pareció muy responsable por su parte.

En realidad, los preservativos, no los había comprado yo, desde que me mudé mi madre ordeno al servicio que siempre tuvieran a mano, en realidad no sé si lo hizo porque no deseaba ser abuela aún, o para controlar la vida sexual de su hija, conociéndola seguro que era lo segundo.

Así que desde hacía ya más de cinco años que mi madre sabía que su hija tenía la vida sexual de una monja, los condones caducados sin usar eran sustituidos, como fieles testigos, en mi inexistente registro sexual.

- "Por lo menos hasta esta noche, lo mismo el Vader bombero se anima y podemos acabar con al menos una caja."- pensé mientras mis manos acariciaban su musculoso pecho, a través de la camisa blanca de botones, después de deshacerse de su chaqueta del esmoquin, con manos presurosas. - "Cuerpo tiene para eso."- mi pensamiento fue interrumpido por la risa deliciosa y comestible de ese atractivo bombero, que estaba tardando en apagar el fuego que me consumía.

- "Me alegro de que la señorita O 'Sullivan este tan preparada, pero me refería a que dejemos claro las consecuencias de los que provocará lo que va a pasar entre nosotros..."- comenzó a decirme, mientras comenzaba a bajarme la cremallera del cada vez más estrecho vestido, que estaba a mi espalda, pero lo interrumpí.

- "¡Mierda, Vader! Piensas demasiado, ¡Hazme tuya de una vez, idiota!"- le dije tirando de los dos lados de esa maldita camisa, con tanta fuerza y rapidez, que hizo que los botones saltaran por todas las habitaciones, mientras mis labios lo silenciaban, besándolo sin control.

Pronto, él me levanto, y el vestido cayo a mis pies, mientras mi cuerpo se pegaba al suyo en alto entre sus brazos, al mismo tiempo que nuestros labios estaban unidos. Fue así como el Vader descubrió que no llevaba sujetador, con ese utensilio de tortura femenina, en forma de vestido revelador, era imposible.

El Ardiente Capricho de la CEOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora