Capítulo 61. Al día siguiente: La Lunática.

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Mackenzie.

Boston, 2024, Apartamento de lujo de Mackenzie O 'Sullivan.

Poco a poco mis ojos se fueron abriendo, mientras sentía mi cuerpo totalmente entumecido, sabía mucho antes de pensarlo con calma, que era lo que había provocado este dolor muscular, que prácticamente me hacía moverme con cuidado en la cama. Por unos segundos permanecí quieta, sin querer mirar a mi alrededor, sopesando como actuaría a partir de este momento con Brandon.

Recordaba muy claramente lo que había pasado la noche anterior, y no me arrepentía de ello. No soy de esas típicas mujeres que, tras perder la virginidad, y dar rienda suelta a su libido desatado, una y otra vez, a la mañana siguiente, se sienten culpables, y le echaban la culpa al hombre, por haberlas seducido.

Siempre he pensado que esa actitud es antigua, machista, y desde luego, echa para hacer sentir a la mujer víctima de sus propias decisiones, como si fuera un ser débil que debe ser protegido, porque es incapaz de ver los malos que son los hombres. Yo tenía claro que los que había pasado esa noche, todo era fruto de algo que, tanto el Vader, como yo, habíamos hecho de forma consciente y voluntaria, y no me arrepentía de nada.

Otra cosa era lo que pasara a partir de ahora, y eso era lo que momentáneamente me mantenía quieta, inmóvil, temiendo girarme para ver la cara del hombre que, yo suponía, que aún dormía a mi lado.

- "Eres ridícula Mackenzie O 'Sullivan, ni te tiembla la mano cuando te reúnes con los grandes ejecutivos de los mayores grupos empresariales del mundo, para una negociación a vida o muerte, ¿y le vas a temer a un simple bombero, que por otro lado te ha hecho pasar la experiencia sexual más maravillosa y única de tu vida? ¡Por dios! ¿No te da vergüenza?"- me dije cerrando los puños y los ojos fuertemente, para con un impulso girarme hacía el lado donde había dormido, en un principio abrazado a mí, el Vader Bombero.

Pero a mi lado no había nadie, de hecho, las sábanas estaban frías, sólo una nota sobre la almohada, junto a un alboroto hueco que había sombre la misma, delataba que alguien había estado allí, recientemente.

- "He tenido que irme a trabajar tenía turno de setenta y dos horas, me hubiera querido despedirme como te mereces preciosa Lunática afrodita, pero eso hubiera sido un problema, porque probablemente tanto tú, como yo, hubiéramos llegado tarde al trabajo. Recuerda que tenemos un trato, como buen CEO no puedes dejar de cumplirlos, de todas formas, tenemos que hablar, si quieres pasa por el parque esta tarde, o cuando puedas, para que hablemos en mi despacho. Siempre que no tenga urgencia, no hay problema, si no, nos veremos dentro de tres días. Tenemos una conversación pendiente, una muy importante. Aunque desde ya te digo que no pienso retirar el trato, eso es inamovible. Un beso donde quieras, tu primer y único amante.

Brandon M. Hernández, tu Vader Bombero."-

De todo lo que leí, aparte de lo del trato que ni conocía su contenido, algo que demostraba que, como CEO, no había hecho un gran trabajo, fue justo lo último lo que más me dejo impactada, "Tu primer y único amante".

Durante unos segundos, leí y releí, esa parte, esperando haberme equivocado, pero no era sí. Esta frase implicaba muchas cosas, y sentimientos, posesividad, futuro, sentimientos de pertenecía, cosas que, hasta ahora, yo me había negado a sentir y experimentar, de la que claramente, siempre había huido en mis relaciones personales.

Los nervios, al darme cuenta de que, al contrario de los que yo esperaba, leer esto había hecho que mi corazón diera un brinco, y unas extrañas sensaciones desconocidas me invadieran, me ahogaron. Sin pensarlo cogí el teléfono para llamar a Brandon, tenía que aclarar esto cuanto antes, o dudaba mucho que pudiera trabajar tranquila esos tres días.

Pero nada más coger el teléfono, este sonó, era Carlos, algo que por otro lado a esas horas no era habitual, era muy temprano, normalnete a estas horas mi asistente estaba despertando a sus dos adorables hijos para que se preparan para ir al colegio, que me llamara a esa hora, era signo de que algo estaba pasando.

- "Cuéntame"- le dije mientras trataba de levantarme para ira ducharme, un dolor mudo, en partes de mi cuerpo que desconocía tener, me recordó que desde anoche algo había cambiado en él, algo que me había hecho descubrir sensaciones increíbles, y delirantes, algo que, por desgracia, y vergüenza para mí, mi madre celebraría si lo supiera, ya ella me daba por un caso perdido.

- "Tenemos una pista, que limita quién puede ser que esté detrás de todo esto, ha cometido algunos errores."- la afirmación de Carlos hizo que todo pasara a segundo plano, y con prisas, eludiendo las quejas de mis músculos, caminé rápido a mi cuarto de baño, para ducharme.

- "En diez minutos estoy allí, déjame todo preparado, lo hablaremos cuando llegué."- le dije y colgué el teléfono.

Cuando entré al baño, lo primero que me llamó la atención fue la gaveta donde mi madre solía guardar los preservativos, ahora esa maldita estaba abierta, como prueba inconfundible de lo que había pasado anoche, y en su interior, desde yo estaba junto a la puerta, se veía que había habido un claro abuso a las existencias que en su interior había.

Sin poder evitarlo, las mejillas se colorearon a fuego, especialmente cuando vi que el paquete de preservativos de sabores se encontraba abierto, y su contenido esparcido con descuido, donde se veía claramente como le faltaban algunos de los sabores.

Inevitablemente, mi memoria, volvió a recordarme el delicioso y atrevidamente pervertido uso que una Mackenzie desconocida, muy curiosa, y libertina, para mí en ese momento, asaltada de forma descontrolada el cuerpo indefenso y entregado de un doblegado lord del lado oscuro, que se sometió a la tortura que mi boca le hizo, con mucha efusividad, y varias veces.

Avergonzada y roja como un tomate, con ganas de que me tragara la tierra, aunque al mismo tiempo de nuevo excitada sintiéndome verdaderamente deseada y poderosa, cerré la gaveta con fuerza, para después introducirme en la ducha, dejando caer sobre mí, litros y litros de agua fría.

- "Decididamente Mackenzie O 'Sullivan te desconozco, ni sé quién eres."- dije en alto mientras no pude evitar que una sonrisa de satisfacción picara, resaltara entre mis labios, pese al frio castigo que caía sobre mí, en forma de agua helada.

Pero pronto esto quedaría borrado con la información que Carlos y una invitada inesperada, me tenían preparada, y que me demostraba que cuando el enemigo es tan cercano a ti, es el más peligroso. 

El Ardiente Capricho de la CEOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora