Mackenzie.
Boston, 2025, Iglesia del Sagrado Corazón, en ese momento.
- "Los declaro marido y mujer, puedes besar a la novia"- la voz del párroco, hizo que sonriera recordando mi boda.
Gracias a que era una de las damas de honor, pude asistir al beso apasionado que Louis Turner le daba a su ahora esposa Danielle Turner, y mientras observaba, aplaudía, y vitoreaba, como el resto de los invitados, a la pareja, mis ojos coincidieron con las de mi esposo, que era como no, era el padrino principal de la boda.
Sus ojos me miraron con deseo, y amor, ambos recordábamos como había sido nuestra precipitada boda, y nos pudimos evitar sonreírnos. Faltaba unos tres meses para que hiciéramos un año de casados, y desde ya lo digo, no me arrepiento para nada de todo lo que hemos vivido juntos.
Tras nuestra boda, y una semana de auténtica locura, disfrutando, de noches intensas, días de risas, y mucha libertad, siempre sabiendo que, cuando volviéramos, el perdón de nuestros padres, y en especial de nuestras madres, nos cortaría muy caro.
Sobre todo, cuando, a los tres días después de haber huido, salió en las noticias del arresto de Murphy O 'Sullivan, por el intento reiterado de asesinato de la CEO del Holding O 'Sullivan Park, y a su esposo, como también de su propio hermano Share O 'Sullivan. Estas noticias, y la falta de comunicación con sus hijos, volvieron locos, tanto a los Hernández, como a los O 'Sullivan, en especial a mi padre, que desde un primer momento quiso acabar con su sobrino, el mismo, pero tras que mi madre lo hiciera razonar, sólo rompió toda sus relación con su hermano, mi tío, conversando a su lado a su único sobrino, Share, el cual, tras la que había vivido con su hermano, y tras verse a punto de perder la vida, decido que ser poderosos no valía la pena, nada tenía ese valor, ni el tener que perder tanto, justo como le había ocurrido a su hermano, así que prefirió quedarse como ejecutivo encargado del sector de distribución para los proyectos de nueva creación, y así ser feliz.
Nuestro regreso, tras esa alucinante semana, tuvo sus consecuencias, tras horas y horas de reproche materno, sobre los malos hijos que éramos, en especial del chantaje emocional, como buena madre mexicana, a la que nos sometió Kiara Hernández, sobre todo a su hijo, tuvimos que comprometernos, no muy convencidos, eso sí, en que nos plantearíamos que, en dos años, les diarismo nietos a esas dos agobiantes abuelas.
Sinceramente, ni Brandon, ni yo, por el momento, deseábamos tener hijos, nuestros trabajos nos absorbían mucho, cuando no era sus turnos en el parque de setenta y dos horas, eran mis viajes de negocio. Un hijo o una hija requerían mucho tiempo que, ni él, ni yo, teníamos ahora.
En este momento, nuestras vidas se adaptaban a la perfección, y Estuco, era el mejor de los hijos, independiente, exigente en su medida, la reencarnación de un Faraón del antiguo Egipto. Ese adorable gato siempre que tuviera los mimos que una buena vida de lujos, le pudiera dar, dormir de forma cómoda en sus almohadones rellenos de plumas de ganso, con sus alimentos de primera calidad, organizados por su dietista, y sus paseos en mi niña adorada, una vez por semana, apenas daba trabajo.
No entiendo, ¿Por qué tenemos que cambiar esta vida maravillosa, por una estúpida promesa, que casi nos habían arrancado nuestras madres, con coacción? Lo mismo mi madre se olvida de ello, además, aún queda casi un año y tres meses para cumplir la promesa, mejor dicho, un año y tres meses, descontando nueve meses de embarazo, algo que, si lo pienso, sólo me añade más presión.
No sé si lo entendéis, no es que no quiera tener hijos, un hijo o una hija de mi adorado Vader, que se parezca a su padre, con el carácter de su madre, es algo que amaría sin condiciones, el problema es que aún es muy pronto, es egoísta lo sé, pero aún no deseo compartir a ese hombre con nadie, por ahora.
Por otro lado, también podría hacer caso a la idea que me ha dado mi mejor amiga, y confesora, Marisa García, podría darle un par de nietos a mis padres, y a mis suegros, y así podrían estar distraídos por mucho tiempo, olvidándose un poco de sus hijos.
Es una idea interesante, mi suegra, por suerte para Brandon, tienen dos hijas más a las que amargar la vida, y saciar esa enfermedad controladora que Kiara, y mi madre, sufren. En cierta forma, mis nueras son mi salvación, en ocasiones.
Pero, por el contrario, yo soy hija única, la presión a la que estoy sometida es aún peor, un nieto o nieta, podría ser la solución para que mi madre me olvide, por un tiempo. Aunque si soy sincera esa no es una buena razón, no sé ni que pensar, tendré que hablarlo con mi marido.
Estaba tan distraída con mis pensamientos, que ni me di cuenta de que alguien musculado, tentador, y que olía como los dioses, se colocaba detrás de mí, para luego abrazarme por la cintura, atrayendo mi espalda, hacía su pecho, y agachándose, de forma provocativa, me dijo al oído.
- "¿Qué es lo que te tiene ten despistada? Hace un rato que sean ido los novios, y aún estas parada ahí, mirando al infinito, espero que estes recordando lo que pasó anoche en nuestra piscina, porque pretendo rememorar ese recuerdo, en cuanto lleguemos a casa."- me dijo haciéndome temblara, mientras los gemidos intensos y descontrolados de pasión, que ese hombre desató en mi mente y mi cuerpo, mientras nos sumergíamos en la aguas cálidas de mi piscina climatizada, llegaban de nuevo a mi mente, decididamente Vader era el ser más seductor que había en el lado oscuro.
- "Eres incorregible, Brandon Miguel Hernández. No, era eso lo que estaba pensando, al menos no, hasta que me lo has recordado. Más bien estaba pensado en que se nos está acabando el tiempo para cumplir la promesa, barra chantaje, que nuestras madres nos hicieron prometer tras nuestra luna de miel, y no sé si ellas nos dejaran vivir tranquilos, si no la cumplimos."- le dije girándome para alzarme de puntillas, rodeando mis brazos sobre su poderos cuello, mientras lo miraba a los ojos con seriedad.
- "No importa la promesa que le hayamos hecho, esto es lago entre los dos, y sólo nosotros podemos decidirlo, sólo tienes que preguntarte ¿Quieres que tengamos un hijo, o una hija? ¿Quieres ser la madre de mis hijos?"- me dijo haciendo que sus preguntas entraran en mi corazón, y en mi mente, revelando la única verdad que existía, la única que en el fondo importaba.
- "Sí, sí, y mil veces sí"- le dije impulsándome los últimos centímetros que me quedaban, para besar sus labios, con todo el amor que había en mi corazón.
Él respondió al beso con el mismo amor y ardor que yo le trasmitía, e inevitablemente temblé entre sus brazos, después de un año con este hombre, aún hacía que mi mundo se moviese, como ningún otro. Un carraspeo incomodo nos hizo separarnos, para ver al párroco que nos miraba con una mirada de reproche.
- "Esta es la casa de Dios, pueden ir a otro sitio a hacer eso, y no me importan que estén casados."- nos dijo, lo miramos con una mirada de disculpa, y salimos de la iglesia, casi corriendo, yo lógicamente, estaba colorada de vergüenza.
- "¿Qué haces nos esperan en la fiesta?"-le dije al ver que nos subíamos a nuestra limusina, y que, tras sentarme sobre su regazo, Brandon indicaba al chofer que nos llevara a nuestra casa.
- "Seguir con nuestra tradición de huir de las bodas."- me dijo intentando besarme de nuevo, pero yo lo esquivé.
- "No puedes, eres el padrino"- le dije intentado parecer seria, pero ya sabía, que como siempre, la cercanía de ese hombre, ya me estaba excitando.
- "Yo ya cumplí mi papel de padrino principal, impedí que ese estúpido huyera antes de casarse de la boda, que ahora se encarguen los otros padrinos, nosotros tenemos una promesa que debemos cumplir, y como ya ha dicho muy elocuentemente mi señora Hernández, no tenemos mucho tiempo."- dijo este tumbándome sobre el sillón de la limusina, para a continuación besarme de forma arrasadora.
Que queréis que os diga, ante una recepción de una boda llena de invitados borrachos, y que mi esposo me tenga toda una noche gimiendo de placer, poco tengo nada que decir al respecto.
- "Te amo, Lunática CEO."- le oí decir entre la nebulosa en la que ya yo estaba sumergida, sintiéndolo sólo a él.
- "Y yo a ti, maldito Vader Bombero"- fue lo último que dije antes de dejarme arrasar por ese calor abrazador, que mi hombre desprendía, y del que nunca me cansaría.
Fin.
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El Ardiente Capricho de la CEO
RomanceMackenzie O 'Sullivan es la heredera de Holding O 'Sullivan Park, ha tenido que luchar mucho para convertirse en el CEO. Ya que su tío, Rónan O 'Sullivan, siempre había creído que sus dos hijos, Shane y Murphy, serían los verdaderos herederos de su...
