Brandon.
Boston, 2024, Salón principal de eventos del Hotel Hilton Boston Park.
Entrar en la sala de la recepción, para mí, una persona normal, ajena a todo este mundo de millonarios, y grandes compañías, en verdad, era difícil de sobrellevar, pero lo peor fue ver como las miradas de los hombres se dirigían a la desconocida Lunática, bastante me había impactado, ver a la diosa Lunática Afrodita presentarse como una aparición, mucho antes de entrar en el salón, por la oleadas de sensualidad desmedida que desprendía, para lo que no estaba preparado era que, yo no era el único en sentirlo.
Es muy fácil para un hombre entender y descifrar el lenguaje no verbal de otros hombres, más cuando la que despierta sus exclamaciones, y gestos de interés, es la mujer que te acompaña, estuve a punto de preguntar a la diosa Lunática si eso era normal, pero la verdad era que me sentía incomodo, muy incómodo y algo enfadado. Así que no pude evitar decirle.
- "Ni se te ocurra apartarte de mí, Lunática, y menos con tu madre y tu padre aquí."-
La respuesta a mis palabras fue la razón por la que reaccioné de la manera que lo hice, no quería que descubriera que yo también estaba afectado por lo que ella creaba en otros.
- "¿Qué pasa tienes miedo de que alguna de estas mujeres te secuestré para abusar de ti?"-no fue lo que dijo la pelirroja, sino en la forma que lo dijo, llevaba tiempo conociendo las salidas irónicas de la CEO, para saber que sólo usaba la ironía cunada estaba enfada o se sentía insegura, algo que no puede evitar hacerle ver.
- "Vaya CEO, ¿Esta celosa?"-le dije con una sonrisa que sabía que le haría saltar, enfadar a la CEO era muy fácil, al menos para mí.
- "¡Vete a la mierd...!"- comenzó intentando soltarse de mi brazo, gesto por el cual, de alguna forma, había puesto limite a las pretensiones de algunos hombres que, al verla cogida a mi brazo, había declinado su interés, pero por desgracia no todos lo habían hecho, según lo que yo estaba observando, algunos idiotas, estúpido, pensaban que aún tenían alguna posibilidad.
- "¡Ilusos!"- pensé
Tenía que dejarlo claro de una manera definitiva, así que me detuve evitando que ella se soltara de mi brazo, y me giré hacia ella, para atraerla hacía mí, sonriendo descarado. Le dije a mi cuerpo que sólo era un juego, pero el maldito estaba encantado con sentir su calor y su curvilíneo cuerpo tan cerca, después de tanto tiempo. Así que sonreír me ayudó a mantener la mandíbula apretada, controlándome, para no ceder a la tentación.
- "¿Qué haces? ¿Estás loco?, todos nos están mirando."- dijo ella con la voz afectada, mientras yo afianzaba mis manos en sus caderas, muchos hombres y mujeres nos miraban, éramos el centro de atención, y eso era lo que, en definitiva, yo buscaba.
- "Por eso lo hago, estoy contribuyendo a nuestro trato, seguro que ahora tu madre está mirándonos con deleite, y tu padre querrá matarme con la mirada, además de que de esta forma solucionamos un problema que veo que te preocupa, que otras mujeres me deseen."- le dije desviando mi verdaderas la razones, a aquellas que no revelaran como yo me sentía.
Lógicamente esperé la respuesta contundente, y furiosa de la Diosa Lunática Afrodita, pero para eso también estaba preparado, más bien llevaba preparado desde el momento que la vi entrar, como una maldita aparición en la versión más seductora de cuantas había visto hasta ahora, excepto cuando la vi casi desnudarse, para arrojarse a la piscina, esa maldita visión aún me perseguía en sueños, en sueños muy húmedos eso sí, pero en sueños.
- "Eres un... maldito ... gilipo..."- verla rugir de manera entrecortada, sólo desembocó en lo inevitable, y le da más fuerza a lo que en definitiva deseaba hacer, justificándolo como una forma de reclamarla como mí, y como para alejar a los moscones molestos.
Con un deseo, más de que yo demostré en ese momento, descendí mis labios sobre los de ella, me dije que sólo sería un roce de labios, y para mi desgracia, y mis deseos, lo conseguí, el saber que los padres de Mackenzie estaban mirándonos, y que su padre seguramente si era como el mío, tendría unas ganas increíbles de azotarme y despellejarme vivo por besar a su hija delante de toda esas personas, y sin tan siquiera tener una relación, claramente era un motivo más que claro para disuadirme para ir más allá, pero mi cuerpo cuando despegué mis labios de ella, protestó contundentemente, mientras sentía como mi ritmo cardiaco aún era alto, finalmente mi cuerpo traidor, se manifestó en la erección que comenzó a formarse desde que la tomé en mis brazos, que ya era dolorosa.
Tras finalizar el beso, durante unos segundos, pude observar el impacto, y el enrojecimiento de la lunática, pero tuve que dejar de mirarla, por culpa de ver aparecer esas malditas pecas que tanto me tentaban, y cada día, se volvían más un problema.
Aún cogida de mi brazo, comencé a caminar llevándola conmigo, mientras ella estaba aturdida, me dirigí a la mesa donde los padres de la Lunática nos esperaban, junto con otros invitados.
No era difícil ver el contraste tan grande que había en la cara, tras "mi sorpresa", de la señora y el señor O 'Sullivan, mientras ella estaba encantada y sonreía feliz, el señor O 'Sullivan desprendía una mirada intensa y seria, con claros toques de ira, al parecer a él no le parecía tan emociónate, como a su mujer, que un maldito bombero atrevido besara a su hija, y menos delante de toda la clase social empresarial de Boston, esto me confirmo que, claramente, mi padre y Sean O 'Sullivan, en cuanto sus hijas, pensaban igual.
- "Buenos noches, señor y señora O 'Sulli..."- les dije, pero fui interrumpido por la madre de Mackenzie, que deseosa nos miró feliz, mientras la cara del padre de la Lunática era un muro de piedra, mirándome intensamente.
- "Perfecto si el padre de la pelirroja te manda a dar una paliza, te lo merecer por ser tan estúpidamente creativo, la embarraste, Brandon Hernández."- pensé.
- "¡O por dios ¡Brandon, llámanos por nuestro nombre..." dijo la señora O 'Sullivan, pero justo en ese momento un gruñido audible, y de advertencia que todo hombre conoce, y traduce como:
- "Habla por ti, yo no estoy tan feliz, más bien estoy furioso."- se oyó por parte del padre de Mackenzie, pero intentó matizarlo como pudo.
- "Para ti, yo soy y siempre seré el señor O 'Sullivan, y ya puedes soltar a mi hija, que no va a huir..."- dijo a continuación, pero su mujer lo interrumpió, reprochándole sus palabras.
- "Deja de decir idioteces, Sean, que estas avergonzando a la niña, siéntense. Brandon te voy a presentar a la familia de mi marido."- en ese momento no caí de quién nos acompañaba en la mesa, pero pronto lo iba a saber, sobre todo por las palabras y la mirada de advertencia que Mackenzie me dirigió.
Tras apretarme fuertemente la mano, lo que hizo que la mirara, tras segundos antes prometerme que no lo haría por lo que ella me afectaba, unido al gesto de recolocarme la pajarita, me hizo darme cuenta de que algo pasaba aquí, pero sus palabras, y la intensidad de su mirada, fue la que le lo dijo todo.
- "Lo tienes delante."- dijo y supe quiénes eran los que tenía delante, uno de ellos, o varios, eran los responsables de los intentos de asesinato de la CEO, el enemigo responsable de que viviéramos juntos, y que hasta en dos ocasiones tuviera que salvar la vida a Mackenzie, decididamente no podía olvidarlos.
Así que decidí conocerlos y grabar sus nombres y sus caras en mi mente, no las podía olvidar, algo me decía que mis instintos hacia el culpable, aunque iba a ser más difícil de los que yo creía.
Una mirada sobre los tres hombres, y las dos mujeres que había la mesa, a parte de los padres de la lunática, y nosotros, me lo confirmaron.
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El Ardiente Capricho de la CEO
RomanceMackenzie O 'Sullivan es la heredera de Holding O 'Sullivan Park, ha tenido que luchar mucho para convertirse en el CEO. Ya que su tío, Rónan O 'Sullivan, siempre había creído que sus dos hijos, Shane y Murphy, serían los verdaderos herederos de su...
