Mackenzie.
Boston, 2024, oficina de la CEO Torre O 'Sullivan.
Pero al parecer el Vader bombero tenía otra idea, me encontré acorralada entre sus brazos que se colocaron a cada lado del bode de la mesa y mi escritorio que tenía detrás de mí, encerrada en una pequeño y estrecha zona, con él delante de mí, muy cerca, casi tocándome, mientras yo trataba de alejarme de su cuerpo lo más que podía, mientras mi respiración se agitaba ligeramente, y mi corazón comenzaba a latir con velocidad.
- "¿Se ... puede saber que... estás haciendo?"- pregunté mirándole a los ojos, mientras notaba que mi voz estaba algo más entrecortada.
- "Demostrarte que podemos estar casi unidos, y que no necesariamente, tengamos que matarnos, podrás volver a tu casa, que además debo suponer que será enorme, y que casi ni nos veamos. Yo puedo prevenir esos "accidentes" y darme cuenta con tiempo si algo extraño pasa. Al mismo tiempo, hacemos creer a nuestras madres que nos llevamos bien, y nos las quitamos de encima."- la verdad que su razonamiento era muy interesante, sobre todo por lo de poder volver a casa, pero ¿Tenía que decírmelo tan cerca? Me estaba costando respirar.
- "Puedes apartarte, me siento incomoda, no me gusta que me acorralen"- le dije intentado empujarle con las manos sobre su pecho, mientras casi estaba sentada en mi mesa de despacho. Él sólo sonreí divertido por, claramente, mi incomoda reacción.
Varios errores se produjeron, consecutivamente, en ese momento que definió lo que pasó a continuación El primero que yo tocara su poderoso y musculado pecho, que sentía a través de la tela de la camisa, decididamente el Vader bombero estaba esculpido por los dioses, era pecaminosamente perfecto.
El otro error fue derivado de este, en algún momento me olvide de donde estaba, y de los que estábamos hablando, mientras centraba mi vista en el tacto descarado, y casi ofensivo, de mis manos sobre la tela, que cubría ese pecho, con esa innecesaria camisa azul de botones, la idea de soltar esos botones uno a uno, hizo que los dedos de las manos me picaran de anticipación.
- "Veo que tus intereses son otros, pelirroja"- la voz del Vader hizo que levantara la vista de golpe.
Ese fue el tercer error, porque me encontré con un atractivo bombero, muy cerca, casi a centímetros de mi cara, con una sonrisa impactante en los labios, que debía de ser ilegal, por hacer que las mujeres que cayeran bajo su influjo se entregaran voluntariamente a lo que ese hombre quisiera hacerle, y sin pensar en las consecuencias, mientras que esos ojos azul hipnóticos, se veía como la diversión bailaba con mi vergüenza.
Intente incorporarme, y apartarlo, al mismo tiempo, y ese fue el cuarto, pero no definitivo error, en esa posición, sin apenas apoyo, sentí como me desequilibraba, cayendo sobre el cuerpo que tenía frente a mí, que al contrario de lo que yo pensaba no se había movido ni un milímetro, haciendo que de esta manera, ambos acabáramos sobre mi mesa de despacho, después de que yo, tras desequilíbrame, me sujetara a lo primero que encontré, que fue un cuerpo masculino y fuerte delante de mí, caímos sobre mesa, yo de espaldas, y él sobre mí, de una forma más que vergonzosa, y totalmente ridícula.
No me golpe con fuerza, porque al sentirnos caer, el Vader me abrazó contra él, con uno de sus brazos, mientras amortiguaba con el otro el posible golpe con la dura madera de roble de mi mesa de despacho, demostrando así que su instinto protector de bombero estaba activo en todo momento.
Durante unos segundos intenté recobrar el aliento, mientras todo mi cuerpo y mi mente sentía el delicioso, aditivo, y tentador calor, además del olor, del Vader bombero sobre mí, haciendo que mi corazón se alterara como si hubiera corrido una maldita maratón. Sentirme así, hizo que mi mente pusiera a funcionar uno de mis mecanismos de defensa, mi gen guerrero se activó, prefería enfadarme a que ese hombre notara lo que me afectaba.
- "¿Cómo puede ser tan patoso, bombero?, ¿no se supone que te preparan para todas estas cosas? Levántate, para que pueda moverme."- le dije intentado empujarlo, pero hasta yo notaba que la fuerza que usaba era de muy débil a escasa, al parecer mi cuerpo no quería colaborar con la idea de mi mente, y se resistía a alejarse de ese hombre que tenía sobre él.
Para mi vergüenza, el Vader en vez de enfadarse ante mis ofensivas palabras, solo se colocó mejor sobre mi cuerpo apoyándose sobre un brazo, mientas sometía a mi entregado y traidor cuerpo a su control total, mientras miraba a mi enrojecida cara, que ahora debía de ser un color similar a la de mi pelo, mientras sonreía divertido, y descarado.
- "¿No sabía que además de lunática, tenían lapsus de memoria, pelirroja? Primero no fui yo quien estaba tan entretenida manoseando mi cuerpo como para escuchar lo que yo le decía, segundo no fui yo al que sorprendieron en el acto y al hacértelo, te pusieras tan excitada que pensaras que mi pecho no era suficiente, y terminaras abalanzándote sobre mí..."- me dijo y lo tuve que interrumpir, mientras pensaba que estaría bien que, del calor y la vergüenza, me derritiera deshaciéndome en un pequeño charquito sobre la mesa, para variar.
- "Yo no me abalancé, perdí el equilibrio, por si no te dabas cuenta, casi no me dejaste espacio..."- fue él que me interrumpió esta vez con esa maldita sonrisa, que me cortaba el aliento, un aliento que desde hacía rato tenía serios problemas.
- "Y derribarnos sobre una mesa, cayendo sobre ti, es la mejor manera de alejarlo, todo muy lógico."- dijo el acariciando mi cara, cosa que lleva haciendo desde que inmovilizó mis muñecas por encima de mi cabeza, cuando yo traté de empujarlo, en ese intento vago y sin fuerza de quitarlo de encima mí, la verdad era que mis manos se dejaron atrapar, y ahora se negaban resistirse para nada, me estaban traicionando, junto con mi cuerpo.
- "¿Quieres dejar de acariciarme la cara, y levantarte, esto es ridículo?"- le dije amenazando a mi cuerpo mentalmente con someterlo a una sesión intensa de horas y horas de King Boxing, si no se resistía más, o al menos algo, eso era realmente vergonzoso.
- "Me estoy asegurado que no te has pintado estas pecas, es alucinante, a medida que te pones más, y más colorada, más se encienden, pareces una preciosa Dálmata de fuego."- me di cuenta de que esas palabras nos las había pensado, simplemente le salieron, sorprendiéndonos a los dos, al oírse decirlas, dejó de sonreír, como impactado, para luego mirarme a los ojos, y ocurrió el quinto error.
Sin pensarlo, como movidos por un hechizo, nos fuimos acercando, hasta que nuestros labios se fusionaron, y ¡boom! el mundo estalló, fue muy parecido a la explosión de una bomba en mi cabeza, al principio, todo estaba ahí, quieto, tranquilo, pero cuando nuestros labios se tocaron, todo saltó por los aires, mi mente dejó de funcionar, y mi cuerpo, a pesar de mis amenazas, decidió que había soportado demasiado, y dejó que las sensaciones me dominaran.
Ese hombre sabía tan bien, al mejor de los manjares que nunca había devorado, y su lengua en el interior de mi boca era invasora, y al mismo tiempo salvadora, pura necesidad, ni me daba cuenta de que estaba temblando de emoción bajo él, mientras nuestros gemidos eran amortiguados por los labios del otro.
Estábamos tan concentrados que no vimos que el desastre ya estaba allí, en la puerta abierta de mi despacho, el cual, tras la sorpresa inicial, ambos dibujaron una sonrisa descarada y divertida.
- "Cariño, ¿no me dijiste que mi Maki quería matar a ese hombre?."- la voz de Marisa en el despacho fue lo que me hizo caer de veinte metros hasta estrellarme en el suelo, de forma dolorosa, tanto físicamente como psicológicamente.
Dejamos de besarnos al mismo tiempo para mira a la puerta, y vera allí a Marisa y Carlos, sonriendo como lobos, dejar de besarnos era fácil, pero levantarnos, era otra cosa muy diferente, necesitábamos de maniobras más elaboradas a las que yo podía hacer ahora, ya que sólo deseaba morir enterrada viva, donde fuera.
- "Lo están intentado, han pasado del lanzamiento de misiles tierra-aire, a la lucha cuerpo a cuerpo."- dijo muerto de risa mi más que despedido asistente, Carlos, mientras yo decidí enterrar mi cara en el pecho de "mi enemigo" a falta de un buen agujero donde hacerlo. Quería comprobar si podía fundirme allí, y desaparecer.
- "¿Y eso que hacían cuando llegamos, lo de meter la lengua de uno en la garganta del otro, ¿cómo lo podemos considerar? ¿Una nueva forma de guerra bilógica?"- dijo también riéndose Marisa, mientras una carcajada, que derribo a Carlos en el suelo matándolo de risa, inundo el edificio.
Justo allí decidí que, ya que me iba a morir, podía llevarme por delante, de paso, a mis dos mejores amigos, y al estúpido que me miraba serio y rígido, y que aún estaba sobre mí, y no precisamente en ese orden.
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El Ardiente Capricho de la CEO
RomanceMackenzie O 'Sullivan es la heredera de Holding O 'Sullivan Park, ha tenido que luchar mucho para convertirse en el CEO. Ya que su tío, Rónan O 'Sullivan, siempre había creído que sus dos hijos, Shane y Murphy, serían los verdaderos herederos de su...
