Capítulo 43. Un trato con muchas advertencias 1.

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Brandon.

Boston, 2024, oficina de la CEO Torre O 'Sullivan.

Dos segundos antes de dejarme llevar, ya sentía que eso no era una buena idea, pero desde que me acerqué a la lunática pelirroja, para burlarme de ella, y sentí su mano sobre mi pecho, hasta que acabé derribado sobre la mesa encima de Mackenzie, en algún momento de ese periodo, dejé de pensar tanto en nuestro posible trato, para pensar que me encantaba verla tan desconcertada, por nuestra cercanía.

No soy estúpido, tener a esa pelirroja bajita, ojos del color de las hadas, con un genio de mil demonios, y un olor espectacularmente atrayente, por no hablar del calor que emanaba su cuerpo tan cerca del mío, despertaban más de un interés, que en este momento no ayudaba a que mi cabeza estuviera lo más lúcida posible.

Pero lo que definitivamente no ayudó, para nada, fue sentir su cuerpo bajo el mío, mientras cada curva, y cada extensión de piel, enfundada en ese traje CEO intimidante, estuvieran en contacto con mi traidor cuerpo, que, por segundos, ante el contacto, se tensó, y comenzó a endurecerse.

Me vi a mí mismo justificando el que haya sujetado sus muñecas, por encima de su cabeza, diciéndome que muy probablemente la enérgica lunática adicta al Kick Boxing, era muy probable que terminará golpeándome, por un error que había cometido ella.

En realidad, mi mente aceptó, demasiado rápido para mi bien, la cercanía de esa mujer, así como las sensaciones que estaba despertando en mi cuerpo, si esto hubiera sido un incendio, me hubiera preocupado muy, y mucho, de que mi mente racional aceptará como lógica, que estuviera justificado y aceptado, para mí, los motivos que provocaban que el incendio que comenzaba a sentir mi cuerpo, al tenerla cerca, era algo inevitable, y está correcto.

Pero no lo hice, simplemente me dejé arrastrar, como un estúpido, por algo que no podía controlar, esa es la razón por la que, al mirar su cara encendida, y ver esas pecas como puntos luminosos y candentes, no pude evitar acariciarlos sin control, mientras intentaba justificar mediante la burla, que todo esto era un juego para incomodar y molestar a la pelirroja.

- "¿Quieres dejar de acariciarme la cara, y levantarte, esto es ridículo?"- me dijo ella haciendo que me diera cuenta, que en verdad no podía evitar que mi mano, fuera uniendo las pecas que, visiblemente, destacaban en el rubor de su cara, mientras una idea que no pude controlar saltaba a mi mente, una idea que, por desgracia, nunca se iba a borrar de mi pensamiento, hasta casi volverse una obsesión.

- "¿Tendrá todo el cuerpo también así, lleno de pecas que se encienden cuando se ruborizaba?"- pensé, mientras que mi imaginación tomara su propia iniciativa, provocando que mi parte racional se desconectará durante unos segundos, que fue lo que se necesitó para que el mundo se pusiera del revés, prueba de ello fue lo que dije a continuación.

- "Me estoy asegurado que no te has pintado estas pecas, es alucinante, a medida que te pones más, y más colorada, más se encienden, pareces una preciosa Dálmata de fuego."- dije mientras mi mente se saltaba todos los controles y expresaba algo que, ni yo me había dado cuenta de que deseaba saber.

A partir de ese momento, se hizo el silencio, mientras yo veía como sus ojos de un color violeta irreal, y brillante, se abrían sorprendentemente, mientras su iris se dilataba por la sorpresa, vi como su mirada se dirigía a mis labios, mientras yo notaba como el calor iba subiendo de intensidad, y sin poder evitarlo, acerqué mi cara a ella, atraído por esa mirada.

Sólo cuando sentí sus labios pegados a los míos, fue cuando, por un segundo, pensé que eso no estaba bien, pero claro. ya era demasiado tarde, el sabor, el calor, la tentación de su cuerpo, y esas ansias que habían estado en todo momento rondándome, habían ganado la guerra, y sin presentar batalla.

Esta era la segunda vez que tocaba sus labios, e increíblemente, lo sentía mejor que la primera vez, y eso que la primera vez fue alucinante, y enloquecedor, solté sus muñecas inconscientemente, arriesgándome a ser golpeado de forma dolorosa, para tratar de acercarla más a mis labios, sosteniendo su cara entre mis manos, mientras mi cuerpo se apoyaba en el suyo. No podía evitar ser consciente de los movimientos que su cuerpo, serpenteantemente, hacía para intentar acercarse también a mí, al mismo tiempo que su sabor, que era detectado en el interior de su boca, por mi lengua, subía como una descarga explosiva a mi mente, y estallaba en forma de necesidad y deseo en mi cabeza.

Nada estaba bajo control, no podía controlarme estaba dominado por las sensaciones que esa mujer despertaba en mí, así fue como fuimos interrumpidos por las dos personas que entraron en el despacho.

Tras controlar un gruñido de frustración que intentó salir, incontrolablemente, de mi boca, al separarme, ante la sorpresa, de la suya, casi aplaudí, si aquello llega a seguir al nivel que llevábamos los dos, de excitación y descontrol, muy probablemente, hubiéramos cometido un gran error, movidos por la pasión.

- "Cariño, ¿no me dijiste que mi Maki quería matar a ese hombre?"-dijo alguien que nos hizo separarnos bruscamente.

Mientras trataba de controlar mi frustración, pude comprobar que increíblemente el rojo candente en la cara de la CEO, por la pasión, podía pasar a ser casi como un rosa intenso tentador, y enfebrecido, que casi me hace volver a besarla.

Intentamos incorporarnos, pero era algo más fácil de decir, que, de hacer, ya que, de alguna manera, habíamos acabado totalmente acostado sobre la mesa del despacho de la CEO, mientras que diferentes objetos, que no habían sido previamente arrojados por ella, se encontraban caídos en el suelo, incluido el ordenador portátil, que inexplicablemente había rodado hasta los pies de la de la silla de su despacho.

- "Lo están intentado, han pasado del lanzamiento de misiles tierra-aire, a la lucha cuerpo a cuerpo."- le vi decir al asistente Carlos, mientras la lunática pelirroja sujetaba mi camisa para enterrar su cara en mi pecho.

Sentir su aliento a través de mi camisa, no ayudaba a mi autocontrol, así que giré mi cabeza para mirar con una advertencia clara en mis ojos, a esas dos molestas personas, que me estaban dificultando, y mucho, que la cordura regresara a mi mente. 

El Ardiente Capricho de la CEOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora