Capítulo 81. La huida de dos almas diferentes, pero afines.

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Mackenzie.

Boston, 2024, Garaje de edificio donde está el ático de los señores Hernández, en ese momento.

- "Ni de coña, señora Hernández, ni tú, ni yo, nos subimos ahí, ni siquiera Estuco se sube en esa monstruosidad."- me dijo muy decido mi esposo, mientras me miraba.

Mientras, yo me colocaba la chaqueta de cuero con parches de club moteros, que tenía guardada en el armario del garaje de mi niña bonita, junto a la mochila especial de transporte que había comprado recientemente para Estuco para viajar a mi lado en la moto, además de otra chaqueta de cuero, que había comprado para mi marido.

- "Pero ¿qué demonios le pasa a este hombre con mi preciosidad?"- pensé mientras cogía Estuco y lo colocaba dentro de su trasportín.

A ese gato le encanta viajar en moto, lo había descubierto cuando una vez, con la excusa de sacar a Estuco a pasear, me escapé de mis guardianes, en esos días antes de la boda donde no me dejaban ver al Vader, para desestresarme. Yo coloqué a Estuco en una mochila normal que utilicé, y huimos unas horas en la moto. Pronto descubrir que a ese gato le encantaba que le diera el aire en la cara, y la velocidad que cogíamos con mi niña mimada, pero al parecer a su padre adoptivo, no le gustaba igual, ese bombero odiaba a mi niña preciosa.

- "Cariño, tienes que aprender a llevar bien con ella, los amo a ambos, y no puedo decidir entre los dos, es imposible."- no se si fueron las palabras más adecuadas para decirle a Brandon, sobre todo por la cara que pudo al oírlas.

- "¡Esto es increíble!, definitivamente no vamos en eso a ninguna parte."- dijo el Vader en un rugido ronco.

- "Bueno tú veras, Carlos me acaba de llamar, comunicándome que tu madre, y mía, están a punto de explotar de la ira, porque nos hemos fugado de su boda soñada, y por lo que tengo entendido, mi madre ha ordenado, bajo pena de muerte, a mi padre, que nos busque hasta debajo de las piedras, pronto estarán aquí los escoltas de mi familia, así que decide, o nos fugamos con mi niña, o te quedas aquí a esperar el castigo que nuestras madres quieran darte. Yo por mi parte, ni loca dejo a mi niña aquí, a manos de mi vengativa madre, no soy tan estúpida."- le dije cogiendo su chaqueta de cuero y lanzándola, para después coger los dos cascos.

- "¡Maldita sea! Con lo bien que esta yo antes de que esta lunática entrara en mi vida."- oí que mascullaba, mientras se ponía la chaqueta. Así que con cierta inquietud tuve que preguntarle.

- "¿Te arrepientes?"- lo miré seria, aún con nuestros cascos en las manos.

- "Increíblemente para mí, incluso para ti, Lunática, no me arrepiento de nada, así muramos en nuestro primer día de casados, por culpa de esa máquina de los demonios, no me arrepiento."- me dijo atrayéndome hacía a él, para besarme con pasión.

Como siempre que esto ocurría, yo perdía la noción de todo a mi alrededor, mientras me sentía flotar por el deseo. Ni siquiera me di cuenta de que ese maldito ser del lado oscuro me había arrebatado las llaves de mi niña, así que cuando él me soltó, y yo puede, tras unos segundos, recuperarme de mi ensoñación de deseo no satisfecho, sólo vi a mi Vader con el casco negro puesto, y la chaqueta de cuero negra tipo motorista, totalmente arrebatador, subido en mi moto, en al siento del piloto, más oscuro y deseable que nunca.

Me costó otros segundos, de muchos esfuerzos, y mucha excitación descontrolada, mientras intentaba no babearme encima, poder reaccionar a lo que estaba sucediendo delante de mí.

- "¡Aaaah, no! Esa preciosidad sólo..."- él muy maldito no me dejo terminar.

- "Mira Afrodita de ojos hipnotizantes y violetas, no hay tiempo para otra de nuestras guerras, o te cuelgas a Estuco de los hombros, y te subes detrás de mí, sujetándote muy bien a mi cintura, o esperamos los dos aquí, muy juiciosos, la llegada de las dos reinas arpías, con sed de venganza, tú decides."- me dijo, y por su voz yo deduje, aunque no lo podía verlo detrás de la visera polarizada del casco, que muy maldito del Vader estaba sonriendo con burla, de forma descarada.

- "Esta me la pagas, Brandon Miguel Hernández."- le dije subiéndome detrás de él, tras colocarme la mochila de trasportín de Estuco, colgada de mis hombros.

- "Con eso cuento, Mackenzie Hernández, con eso cuento. Ahora sujétate mi cintura, que nos vamos."- me dijo, y yo me coloqué mucho más erguida, detrás de él, mi orgullo me impedía ir de maleta, en mi propia moto. -"Muy bien tú misma."- me dijo, y lo sentí temblar, cerca de mí, de la risa.

Esto debió hacerme sospechar que el Vader tenía pensado alguna de sus acciones oscuras, pero no me dio tiempo, de un sólo acelerón, me vi lanzada hacía delante, y para evitar caerme me agarré con fuerza a su cintura.

- "Perfecto, todo está como debía de estar, agárrate bien, señora Hernández, y no me sueltes nunca."- oí que me decía por el altavoz que conectaba nuestros cascos.

- "Eso nunca, estaré para siempre a tu lado, Vader Bombero, por varias razones, primero es que eres un maldito castigo, muy pesado, para que cualquier ser humano cargue contigo, cualquiera que no sea yo, claro. Segundo, tu cuerpo me pertenece, cada dureza, cada músculo, cada tersura, y tu corazón, también. Y, por último, te amo demasiado, para permitir que nadie te tenga."- le dije acariciándole los fuertes abdominales, a través de la suave piel de cuero de su chaqueta.

-"Bien, perfecto, señora Hernández, por tu culpa, tengo que darme prisa en llegar, lo antes posible, a la primera suite aislada, con servicio de habitaciones veinticuatro horas, lo más lejos de Boston que sea posible, y por cierto, deja tu móvil aquí, durante una semana estaremos ilocalizables, fuera de este mundo."- me dijo, haciéndome temblar solo de pensar lo que sucedería, cuando traspasáramos las puertas de esa increíble suite.

Si pensarlo arroje mi móvil sobre uno de los muebles que había en el garaje privado de mi niña, ni me preocupé en pensar que, con el golpe, se hubiera roto, para a continuación, volver a abrazar a mi hombre.

- "¿No vamos, señor Hernández?"- le dije con una sonrisa melosa.

- "Donde usted desee ir, señora Hernández. Ya sea al fin de mundo, a los infiernos, pero siempre juntos, te amo demasiado para negarte nada, Mackenzie."- le oí decirme, y mi corazón salto en mi pecho.

- "Perfecto, porque yo no podría vivir sin ti, Brandon, siempre estaré a tu lado, mi amor."- le dije apoyando mi cabeza en su espalda.

Lo siguiente que sentí fue como mi adorada moto, como yo en su momento, tras mucha lucha, siguió las órdenes del hombre que me había vuelto, loca, me había enseñado a vivir, a reír, y disfrutar de la vida, a pelarme, y a ceder, pero sobre todo a amar, y como yo, mi niña bonita lo obedeció fielmente, hasta el final de nuestros días.  

El Ardiente Capricho de la CEOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora