Capítulo 10. Comienza la guerra, la primera incursión de la CEO. 1.

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Mackenzie.

Boston, 2024, Piso de la CEO Mackenzie O 'Sullivan.

- "¡Lo quiero muerto!, no mejor, quiero matarlo yo con mis propias manos."- dije por fin después de más de una hora de silencio incomodo mientras rumiaba mi ira.

Desde que fui casi arrojada al coche hasta un poco después de llegar a mi apartamento y ducharme, ni emití un sonido, sólo cuando vi como un aún mojado Carlos, que me esperaba fielmente en mi salón para saber si estaba bien, o cometería otra de mis locuras, fue cuando salir lo que para mí era una sentencia de muerte.

- "Hasta que al fin hablas, comenzaba a pensar que aparte de mojarte, ese bombero te había arrancado la lengua."- me dijo mi asistente haciendo que le dirigiera una peligrosa mirada de advertencia, a lo que él respondió haciendo la señal como si cerrara, en su boca, una supuesta cremallera, para después levantar las manos en señal de rendición, mientras daba unos pasos atrás.

- "Ya puedes irte, aquí no haces nada, y vas a coger una pulmonía, sólo faltaba que Marisa me descuartice por hacer que te enfermes, aunque, por otro lado, si te enfermas, y le digo que fue ese bombero quién nos mojó, lo mismo..."- como imaginé Carlos no me dejo acabar.

- "Mackenzie O 'Sullivan deja de meter a mi mujer en tus locuras vengativas, que no deseo que acabe en la cárcel por herir a un servidor publicó, eso te lo dejo para ti, al menos mientras estás pensando en esa ridícula venganza, te distraes un poco del trabajo, es bueno que recuerdes que no eres una máquina, que eres una mujer con sangre en las venas."- me dijo Carlo dirigiéndose a la puerta para salir por ella. -

-" Por ciento, para que no cometas una locura esta noche, tengo ordenes de tu padre de que no salgas de casa hoy, en lo que queda de tarde. Tienes a dos guardianes custodiando la puerta, no para que no entre nadie, sólo deben impedirte salir a ti.... Y no, no puedes ordenarles, ni chantajearlos, para que se aparten, porque obedecen sólo a tu padre."- las palabras de Carlos casi me hacen saltar de nuevo.

- "¿Cómo se ha enterado mi padre de lo que ha pasado, Carlos Gracia?"- le pregunté en español, enfurecida. Pero como siempre ese hábil asistente se escabulló sin responderme.

Un grito casi animal salió de mi boca, oyéndose en todo el ático, por un segundo cogí mi jarrón de bohemia antigua con claras intenciones de arrojarlo contra la puerta, pero el peso del grueso jarrón, y la imagen de un moreno bombero, con unos ojos alucinantes y un cuerpo para cumplir las fantasías sexuales de cualquier mujer, incluida yo, hizo que mi decisión se tambaleara.

- "¿Qué demonios estás haciendo estúpida?, deja de pensar ahora mismo en lo que estás pensando, Mackenzie O 'Sullivan, de una maldita vez"-me dije mirándome en el enorme espejo que cubría toda la pared de uno de los laterales del salón.

Pero por mucho que me dije que debía olvidarlo, mi mente volvía una y otra vez a recordarme todo, desde el primer momento que lo vi allí, y mi mente dejó de funcionar mientras lo devoraba con los ojos, hasta que su boca, de maleducado, desagradable cabrón, arruino todo, sin olvidar la humillación final, ningún hombre me había tratado así, vamos ningún hombre que supiera quien era yo, y ese cerdo lo sabía, conocía mi nombre, y aun así ...

-" ¡Aaahhh! No puedo estar más cabreada."- grité de nuevo.

Aún furiosa, subí al segundo pido de mi ático de lujo, el único regalo que acepté de mi padre cuando, durante dos años, me hice pasar por una simple trabajadora de sus empresas, y solo porque me lo hizo firmar como cláusula obligatoria de nuestro acuerdo de no interferencia paterna.

Una vez allí me dirigí a la habitación que estaba al fondo del pasillo, junto a una de las puertas que daba a la terraza, cerca de la piscina infinita y climatizada privada que tenía ese ático, la enorme terraza, casi rodeaba el ático.

Sin pensarlo me dirigí al pequeño baño que tenía esa habitación, y con furia contenida me desnudé y me vestí con mi ropa de entrenamiento, que esta vez consistía en una maya negra y gris de licra, de la marca Nike, y un top de asillas a sujetador con sujetador incorporado, que dejaban ver gran parte mi vientre plano, y algo musculado, para ser mujer.

Me recogí los rizos pelirrojos, en una coleta alta, y por fin me dirigí al único sitio de la habitación que, en este momento, me serviría para gestionar mi ira, desde el techo desde una cadena de acero, colgaba el saco de boxeo que siempre me había ayudado a desestresarme.

Pocas personas sabían, y menos mis padres que, durante mi época universitaria, me había apuntado a Kick Boxing, era de los pocos deportes en los que no tenía que aguantar a que mis compañeras, se quejaran de mi actitud poco sociable.

Solía asistir más mis compañeros masculinos, sólo había tres chicas, y una de ellas era la novia del capitán del equipo. La verdad es que prefería salir a tomar unas cervezas con mis compañeros masculinos, que ir a una fiesta de con algunas de las mis compañeras. Normalmente me la pasaba estudiando, repasando la bolsa de valores, o discutiendo con mis compañeros sobre valores o la economía internacional, pocas veces salía.

El King Boxing lo elegí porque era obligatorio tener una actividad deportiva para graduarse, y terminó gustándome, incluso competí contra otras universidades en categoría femenina, incluso gané en algunas ocasiones.

Lógicamente eso quedó bajo secreto, solo faltaba que mis padres se enteraran que su preciosa, sobreprotegida y adorada hija, se dedicaba a golpearse con otra contrincante en un ring, cualquiera aguantaba a mi madre en plan lastimera, mi padre era otra cosa, seguramente me regañaría por ocultárselo a él, pero al final, creo que, el que yo fuera mujer, no le importaría, me había enseñado a que debía luchar por lo que quiero, dando el cien por cien, aunque no lo lograra.  

El Ardiente Capricho de la CEOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora