Mackenzie.
Boston, 2024, en el trayecto desde el Hotel Hilton Boston Park hasta el Apartamento de lujo de Mackenzie O 'Sullivan.
Desde que fui arrojada, literalmente, dentro el asiento posterior de la limusina, por el Vader Bombero, un maldito macarra, troglodita, y seguramente hombre muerto, sin ninguna contemplación, y ante la pasividad de mi personal de seguridad, buenos más bien el personal de seguridad que había contratado mi padre, para protegerme, cosa que de paso no hicieron, más bien se giraron como si nada estuviera sucediendo, decidí que pese a tenerlo cerca, justo a mi lado, al otro lado del asiento del enorme vehículo, no pensaba hablar con él, ni siquiera iba a mirarlo.
Bastante tenía yo con rumiar mi ira, para no asesinarlo delante de testigos. No, que va, esperaría a que llegáramos al ático, me quitaría este vestido, que nunca debí ponerme, para una vez cómoda, iniciar mi exterminio del lado oscuro, ni el mejor Jedi tendría el resultado que yo voy a tener, cuando aniquile a golpes dolorosos y certeros sobre su Lord más representativo y poderoso.
Al otro lado del asiento, bien por la inconciencia de no saber lo que le esperaba cuando estuviéramos solos, o bien porque ese bombero chulo e intimidante estaba malditamente orgulloso de sí mismo, y de su obra, el maldito Vader simplemente permanecía callado, mirando por la ventana del vehículo, ignorándome como yo lo hacía con él, eso sí con una sonrisa impertinente, y muy masculina, en sus labios.
- "Maldita sea ¿Qué les ocurre a los hombres cuando al fin se salen con la suya, y llevan a las mujeres finalmente a su terreno? Pues va listo este chulito, idiota bombero, de hoy no se libra que al menos le parta esa masculina y atractiva cara, ¡Maldita sea, que rabia siento por dentro!"- Mis pensamientos a cada metro que avanzábamos hacía mi ático, se volvían cada vez más violentos, y mi autocontrol que, me evitaba que no desatara mi ira en ese momento sobre el hombre que estaba a mi lado, estaba comenzando a peligrar, de manera estrepitosa.
Me obligue a mí misma a regular mi respiración, que comenzaba a alterarse de la ira, era una eficiente, cabeza fría, y exitosa CEO, debía usar los mismos métodos que usaba con los negocios, en mi relación con ese estúpido, no podía dejar que ese hombre me afectara como lo hacía.
Mi razonamiento, era lógico, y en algunos casos eficaz, si no entraran dos factores con los que yo no había contado, dos factores que pesaron mucho después, ya que no evitaron el maldito desenlace de esa noche, cuando todo se desató, más bien fueron los responsables de que todo saltara por los aires.
Basándome en estos dos factores, el desenlace era inevitable. El primero está centrado en que Brandon Miguel Hernández y yo, somos polos opuestos, negativo y positivo, y como tal, tendemos atraernos, sin poder evitarlo, aun sabiendo que esto nos llevara ante una posible destrucción.
La segunda razón era que, pese a mi gran experiencia en los negocios, en esto de las relaciones entre hombre y mujeres soy nula, una niña de Kínder al lado de ese estúpido, de ahí mis constantes errores cuando intento tratar con este hombre, que me afecta tanto.
Con esto es normal que, cuando salimos del coche, y me encontré a solas con un silencioso y sonriente Vader en el ascensor, que me miraba como si estuviera viendo un divertido espectáculo, mientras yo aún no había controlado al cien por cien mi ira, cometiera el error definitivo.
Todo comenzó con una mirada de odio, que ahora sé que nunca debí hacer, hacia la cara de ese maldito bombero, para descubrir que me miraba con una sonrisa de burla, en el peor momento para mi estabilidad mental.
- "¿De qué te ríes, gilipollas?"- le dije girándome hacia a él, poniendo mis manos en mis caderas, mientras el ascensor ascendía muy lentamente, en mi opinión, hacia el ático.
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El Ardiente Capricho de la CEO
RomanceMackenzie O 'Sullivan es la heredera de Holding O 'Sullivan Park, ha tenido que luchar mucho para convertirse en el CEO. Ya que su tío, Rónan O 'Sullivan, siempre había creído que sus dos hijos, Shane y Murphy, serían los verdaderos herederos de su...
