Capítulo 13. El castigo de fuego, y una humilde venganza.

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Boston, 2024, Piso de soltero de Brandon.

Sin pensarlo, accione el video, y ese fue uno de los peores errores que he cometido en mi vida, desde el inicio vi como esa deseable mujer estaba semidesnuda, o por lo menos con una ropa tan ajustada que poco tenía yo que imaginar lo que había debajo de ella, y para colmo le sentaba endiabladamente bien. Me costaba atender a sus palabras mientras mis ojos seguían su figura devorándola, y mi erección comenzaba a subir, demostrando que algo más que mi apreciación por la bella femenina se estaba levantando.

-"... te declaro la guerra, espero que te quede claro lo que has provocado, porque nunca hago prisioneros."- fueron las últimas palabras las únicas que capté en mi estado.

-"Esta mujer estaba loca, definitivamente. "- dije en alto.

Pero eso no fue lo peor, cuando todo comenzó, la maldita exhibición de patadas y golpes se sucedieron ante mis ojos, que en vez de asustarme e intimidarme, por la agresividad de esa mujer, hizo que mi maldito libido creciera, y creciera, de manera incontrolable, y mi mente voló hasta esa habitación frente a esa mujer, mientras ella me miraba con esos ojos de ese color increíble, ardiendo en fuego, un fuego que, como buen bombero, deseaba apagar.

Intenté sentarme para seguir observando esta mandita provocación a la que, esa lunática de fuego, con cuerpo de diosa, me estaba sometiendo, pero sabía por el dolor que comenzaba a sentir en mi entrepierna que eso de sentarme seria aún más doloroso, y más cuando sostenía el móvil sin poder apartar mis ojos de él, como puede agarré la cintura de mis pantalones intentando arrastrar con él un del elástico lo bóxer que de repente se habían hecho super estrechos e incomodos.

Pero mi mente no ayudaba para nada, se habia decido viajar por mi imaginación hasta la habitación donde ahora supuestamente estaba la maldita lunática, que me miraba con deseo mientras intentaba golpearme, con ese cuerpo hecho para el pecado. De alguna forma me vi esquivando ese giro, para colocarle a su espalda, y de un sólo movimiento, de forma rápida, inmovilizarla contra la pared, mientras mis manos se tomaban el atrevimiento de viajar por cada curva que esa maldita tentadora me habia mostrado que sabia mover tan bien. Y mi maldita imaginación la oyó gemir, gemir de placer.

- "¡Suficiente!"- dije en alto con un gruñido muy masculino, arrojando el maldito móvil sobre la cama, para caminar decido hacía mi cuarto de baño.

Mientras me desnudaba, de camino al baño, decidí mirar al frente a mi objetivo, la ducha, no hacía falta que mirase la parte baja de mi cuerpo, ya yo sabía que esa parte de mi cuerpo estaba en plena forma, y lista para la batalla.

Ni contemple por un momento usar el agua caliente, directamente abrí el agua fría, pero increíblemente no me calmo, la fuerza de los movimientos de ese cuerpo no se iba de mi cabeza, junto a las curvas hechas para que yo viajara por ellas, con mis manos y con boca para terminar perdiéndome en su interior, hasta que los gemidos de placer de esa lunática fueran lo último que oyera en mi vida.

Esto, justo esto, me hacía muy difícil olvidar y relajar mi cuerpo y mi mente, sólo quedaba hacer lo inevitable, algo que yo no había hecho desde mi época de adolescente, cuando tenía la cara toda llena de granos, además de miles de inseguridades, y maldita sea, eso me enfadó más, esa bruja lunática había conseguido llevarme a ese estado, así que si quería guerra, ya yo se la daría, pero primero, debía restablecerme, o cometería una locura mayor, como ir a buscar a es pelirroja deseable, para poseerla, una y otra vez, sobre el tapiz de ese gimnasio, hasta que ninguno de los dos pudiéramos caminar.

Tener que acariciarme, de manera mecánica, sujetando mi miembro, no fue lo que más me humilló de esta situación, lo que más me hizo arder de ira, posteriormente, fue que sólo pudiera pensar en esa mujer, en su forma de mirarme, con ira e indiferencia, en la forma que se movían sus glúteos cuándo ella giraba o saltaba, en la forma en que sus pechos votaban ligeramente dentro del escote de ese maldito top, que si lo tuviera a mi alcance, hace rato que estaría destrozado en el suelo, mientras yo sustituiría con mi boca, la piel que ese maldito afortunado, estaba cubriendo.

La excitación era tal que no tarde mucho en cumplir con el maldito fin que buscaba mi cuerpo, algo que, para mí, como hombre, era otra deshonra, sólo faltaba que esa mujer consiguiera que mi efectividad en la cama, de la que siempre había estado orgulloso, por dejar a las damas bastantes satisfechas y con ganas de repetir, ahora también se tambalease.

- "¡Maldita seas, lunática pelirroja!"- dije tras ahogarme en agua fría, para dejar que los restos de placer se fueran con el agua.

Una vez seco y vestido, volví a coger el móvil, por razones obvias me salte la sesión entrenamiento de la Barbie macarra y pelirroja, hasta ir al final donde el cuerpo chorreante de sudor, me que hizo gemir entre mis dientes de deseo, aunque gracias a Dios esta vez sí escuché sus palabras, y me dijo algo, que activo mi autocontrol, e incrementó mi ira, borrando el deseo.

- "Esto sólo es calentamiento, no me gusta ir por la espalda siempre voy de frente, espero que seas así también, y que no me decepciones, Miguel Hernández."- me dijo antes de terminar el video.

La furia al oírle llamarme por mi nombre prohibido, incremento mi decisión, esa maldita lunática necesitaba una lección, y yo estaba acostumbrado a tratar con mujeres exigentes, decididas y malcriadas, me había criado con tres de las más representativas, esa maldita diosa lunática, por muy buena que estuviera, no iba ser un problema para mí.

Lo que más odian las mujeres como mi madre, y a la lunática pelirroja, es que las hagan de menos, que las ignoren, y las pasen a un lado, seguramente la CEO, está acostumbrada a que cuando ella abre la boca, todos se echen a correr para cumplir sus deseos, ya va siendo hora de que comprenda, que yo no soy ninguno de sus adoradores, y menos una víctima que se deja intimidar por sus idioteces.

Así que respondí al mensaje como esa idiota se merecía, para después como le comunique en el mensaje, bloquearla en mi teléfono, por el momento, nunca se sabía si tendría que arrojar, más adelante, alguna otra ganada de advertencia.

- "Veras psicópata CEO, la verdad me interesa más bien poco que golpees a un saco o a un hombre, aunque tengo que decir que tienes un culo y unas tetas geniales, de resto, interés cero, y hasta eso de lo que estas tan muy bien dotada, y que tan bien sabes mover, deja de tener interés, si tengo en cuenta el problema mental que parece ser tu característica dominante. Ni con un palo me a cercaría a ti. Te aconsejo que pidas cita para que te revisen un profesional, seguro que, con esfuerzo, y mucho dinero, encuentras la cura para lo que tienes, por cierto, tras este mensaje te voy a bloquear, estoy trabajando, algunos lo hacemos, hasta siempre lunática pelirroja."- le dije. 

Mientras lo escribía no podía, sino que imaginar la cara de la lunática roja de ira, al no conseguir amedrentarme, y que encima no pudiera responderme como ella deseaba seguro hacer, así que no puede evitar sonreír de satisfacción.   

Sabía que esta acción iba a provocar que de nuevo la estúpida pelirroja se presentara en el parque de bomberos al no poderme localizarme, pero por ahora eso no me preocupa, tenía tres días para pensar que hacer con esa estúpida CEO psicópata.

- "Estuco, vamos a cenar, hoy ha sido un día malo, pero por momentos se pone mejor, ¿verdad precioso, gatito?"- le dije acariciándole el lomo, mientras el hacia esos ronroneos tan típicos que demuestran que le gustan mis caricias. 

Por un segundo pensé si la Lunática haría los mismos sonidos si la acariciaba con mis manos todo su cuerpo, pero rápidamente borré esa imagen, lo mejor era quedarse con la satisfacción de saber que, por lo menos, esta batalla, la había ganado yo.    

El Ardiente Capricho de la CEOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora