Capítulo 39.  Buscando soluciones: la idea 1.

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Mackenzie.

 Boston, 2024, Charlestown Mansión del O 'Sullivan. 

Tras la fiesta en casa de los Hernández, durante todo el trayecto a la mansión de mis padres, mi madre permaneció en silencio, seria, eludiendo mirarnos, y eso en ella, y para su familia, que la conocíamos, era un mal presagio.

Tanto mi padre, como yo, preferíamos que mi madre estallara, con fuegos artificiales, bombas lacrimógenas, gas pimienta, y cañones de agua, todo el kit completo, esa era la única manera que tenía de calmarse, tras el brusco estallido, y quizás así, alguno de nosotros podríamos sobrevivir. sin grandes daños, tras el huracán Céline.

Pero ese silencio implicaba que el resentimiento y la ira estaba siendo guardada, acumulada, y conservada en el interior, poco a poco, y de manera muy intensa, sin válvula de escape, y eso, por la forma de ser de mi madre, era muy peligroso, ya que, necesariamente, aumentaba la presión, como si ella fuera una olla exprés, y cuando esa presión fuera expulsada al exterior, muy probablemente, podría crear un invierno nuclear en nuestras vidas, sobre todo en la de mi padre, quien era en definitiva quien pasaba más tiempo con ella.

Por mucho que intento mi padre acercase a ella, la única respuesta que recibió fue una fría mirada de esos ojos verde oscuros, que como siempre ocurría, hizo sudar a mi padre, mientras tragaba nudos de nervios, con dificultad.

Desde que llegamos a casa, ella entró directamente sin mirar a nadie, y se fue a la escalera, ya mi padre y yo sabíamos a donde se dirigía, a su famoso estudio de diseño, un estudio que le montó mi padre en nuestra mansión cuando al nacer yo, mi madre se lamentó de que ahora ya no podía volver a trabajar como diseñadora de joyas freelance, por un tiempo, para algunas empresas importantes del sector, esa era la adorada profesión de mi madre, antes de conocer a mi padre, quedar embarazada de mí, y casarse con él.

El estudio se lo había dado mi padre para que mi madre no renunciara a ninguno de sus sueños, ser madre, y continuar con esa profesión que tanto ella adoraba, de hecho, la colección de alta joyería más vendida fue diseñada por mi madre, es una que conjuga dos de las tres pasiones de Céline, según palabras de mi madre, y se llama la colección Mackenzie.

Justo por eso, por ser un lugar creado para ella, un lugar donde ella se aísla de todos, y tocas sus musas, es también donde hay normas, la de no entrar, sin su permiso. Así fue como supimos todos los que estábamos en la sala, y la vimos subir por la escalera a su estudio, que mínimo, por esa noche, mi madre iba a ser inaccesible, se iba matar diseñado sus preciosas joyas, para desatar su ira, sin dormir hasta el amanecer, actitud que, por otro lado, a mi padre, le ponía muy nervioso, furioso e impaciente.

El portazo que se oyó en la primera planta al cerrar la puerta del estudio coincidió con el portazo que dio mi padre al cerrar la puerta de su despacho, me quedé allí en medio del gran recibidor de la mansión O 'Sullivan, mientras Collins, el fiel mayordomo de la familia, que estaba junto a mí, esperaba para recoger mi chaqueta.

- "Señorita, por lo visto hoy la cena se retrasará, ¿quiere comer en su habitación?"- me dijo el discreto mayordomo, sin mostrar ninguna sorpresa por las reacciones airadas de sus jefes.

- "¿Retrasara la cena? Eres muy diplomático Collins, será por tus modales ingleses, creo que hoy nadie comerá en el comedor, envíame la cena a mi cuarto, y que alguien alimente a esos cabezotas, creo que me voy a autocastigar antes que alguno de mis progenitores decida hacerlo por mí."- le dije a Collins entregándole mi chaqueta, mientras el hacía una reverencia con su actitud tranquila y sosegada, al más puro nervio inglés.

Tras decir esto, subir las escaleras en dirección a mi dormitorio, tenía claro que el día de hoy no había sido de los mejores que había tenido en mi vida, no sólo había tenido que asistir engañada a una fiesta en la casa de la familia del estúpido Vader bombero, además de descubrir los planes casamenteros de mi madre hacía ese estúpido Vader, sino que encima había tenido que revelar un secreto que pretendía que mi madre nunca supiera, para no preocuparla.

Mientras me daba un baño relajante, pensé que algo me faltaba, ahora mismo mis padres estaban enfadados, y cada uno en su propio refugio dentro de su propio hogar, sabía que en cualquier momento esto se arreglaría, pero si el bocazas de Brandon se hubiera quedado callado, nada de esto hubiera pasado, me da igual que en el fondo sepa que está mal ocultarle cosas a mi madre, cuando se trata de su tranquilidad, siempre usaré todos los medios posibles para protegerla.

Cuando salí de la bañera donde había permanecido intentando relajarme sumergida entre sus cálidas aguas, fui decidida a mi móvil, para dejar un recado al estúpido que me había fastidiado la noche, me había olvidado totalmente que, desde hacía tiempo, cuando me dediqué a llamar para intentar hablar con el Vader bombero, después del incendio, el muy maldito me había bloqueado. Así que nada más enviar mi mensaje, claramente amenazante, donde describía las mil maneras en el que iba a acabar con la vida de ese bocazas, cosa que tuve que reescribir varias veces porque por mucho que intentaba plasmar en palabras, la iría que sentía por dentro, para mi parecer, no quedaban lo suficiente y terroríficamente plasmada.

Pero nada se comparó a la ira que me invadió cuando al enviar el mensaje, vi como que se quedaba bloqueado, para el envío a esa persona, por bloqueo del receptor, no tardé mucho en recordar el motivo por el cual no se había enviado el mensaje, y las ganas de destruir algo, a ser posible la cara del estúpido bombero, se me hicieron acuciantes.

En ese estado de ánimo fue como dormí, más bien traté de dormir, esa noche, la primera noche que regresaba al lugar que había abandonado ya hacía cuatro años, se puede decir que no sólo la ira era la que me mantenía despierta, también la frustración de saber que me habían conseguido sacar del que yo había considerado mi refugio hasta ahora, mi querido ático en el centro.

A la mañana siguiente las cosas en casa seguían igual, la guerra fría continuaba entre mis padres, mi padre que hasta ahora había sido muy diplomático, comenzó a lamentarse de que su esposa fuera tan intransigente. Por otro lado, mi madre, literalmente, no salió ni siquiera para despedirse de mí cuando yo me prepare para ir al trabajo, como solía hacer cuando yo vivía con ellos. No importó que golpeara en repetidas ocasiones la puerta del estudio de mi madre, en ningún momento respondió, ni esa se abrió esa puerta.

Así que mi estado de ánimo esa mañana, era el menos indicado para tomar decisiones, prueba de ello, fue el trato que más tarde me planteó el estúpido Vader bombero, y que yo, tras escucharlo, vi como una gran idea. Sólo el tiempo me rebelaría, que esa decisión no fue de las más acertadas que he hecho en mi vida. 

El Ardiente Capricho de la CEOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora