Brandon.
Boston, 2024, Apartamento de lujo de Mackenzie O 'Sullivan.
- "¡Dios mío!¡Eres virgen!"-le dije cuando sentí en su interior esa barrera que me dificultaba invadirla, unido a la tensión que su cuerpo mostraba, me sentía total incrédulo.
Llegar a este momento había ido una auténtica odisea, más cuando mi cuerpo estaba ardiendo por ella, hasta ponerme un preservativo había sido como luchar con un dragón, las ansias de entrar en ella, eran casi patológicas, y para colmo esta bruja no ayuda, sus gemidos increíbles y desinhibidos, sus movimiento enloquecedores bajo mi cuerpo, hasta su nublada y fascinante forma de mírame, todo esto hacía que me descontrolara, nunca, ninguna mujer me había hecho esto, yo sabía que en el fondo, todo lo que me estaba pasando, tenía un significado, uno muy peligroso.
Intente retirarme de su cuerpo, pero pronto ella me aprisionó, casi provocando que entrara de golpe en su interior, sólo saber que esto le provocaría un dolor inmenso, hizo que me resistiera a penetrarla, y me quedara quieto.
- "Ni se te ocurra, tú mismo lo dijiste, las barreras ya cayeron, no hay vuelta atrás."- me dijo con la voz templada por los gemidos de placer que yo le había provocado.
Hasta yo sabía que no había vuelta atrás, aún más cuando sentirme en su interior me estaba volviendo loco, esta mujer me tenía dominado con su cuerpo, con su mente, todo en ella se me hacía irresistible, en este momento no podía negarle nada, así el mundo cayera después.
- "Tú ganas, pero esto tendrá un costo, uno muy grande, uno que no sé si tú estás dispuesta a pagar, Mackenzie, y te abierto que en esto nunca voy a ceder. ¿Estas dispuesta en aceptar el trato?"-pregunté mientras me alzaba lentamente, teniendo mucho cuidado de no entrar en ella de forma más profunda, una de mis manos cubrió ese punto que sabía le haría gemir de placer, mi plan era distraerla lo suficiente como para que, tras mi empuje final, el dolor fuera amortiguado por el placer.
- "Si todo... lo acepto todo, ... por favor ..."- me dijo descontrolada mientras trataba de que yo entrara en ella, al mismo tiempo que mi mano activaba su placer.
Sabía que estaba haciendo trampas, pero no podía hacer otra cosa, después de esta noche todo cambiaría para nosotros, si la CEO estuviera en plenas facultades, no hubiera cedido tan rápidamente, se habría dado cuenta que este no era un buen negocio, sobre todo porque desconocía cuál era las condiciones del trato que acabamos de cerrar, pero que le va a hacer, en el amor y en la guerra todo vale. Desde esta noche, Mackenzie O 'Sullivan seria mía, para siempre.
- "Bien CEO, ahora vamos a firmar el trato"- le dije y de un empujo levantándola por sus caderas, la alce sobre mi regazo, para sentarla sobre él, y a continuación, entrar lentamente en ella, mirándola a los ojos.
Cuando llegue de nuevo a la barrera la bese con pasión, y de una sólo empuje entré en su interior. Un profundo gemido de dolor y sorpresa fue amortiguado por mis labios, y ya totalmente en su interior me detuve, esperando que ella se acostumbra a mi tamaño.
- "¿Estas bien? ¿quieres que me deten..?"- le dije preocupado pera ella, me interrumpió mientras comenzaba a moverse, conmigo en su interior de forma instintiva.
- "Ni se te ocurra... decir nada, sólo ... hazme sentir, por favor, Brandon."- ante esas palabras sólo puede cumplir los deseos de la que, desde esta noche, sería mi mujer para siempre.
Mackenzie.
Boston, 2024, Apartamento de lujo de Mackenzie O 'Sullivan.
No me preguntéis que paso antes de que, al fin, ese representante de la oscuridad me enseñara que hasta en la oscuridad hay placer. Tocar el cielo con los dedos fue algo que por lo visto también entraba en ese trato, que ni se por qué firmé, sin conocerlo, y de esa manera tan deliciosa, y ardiente.
Todo quedó borrado por el placer, tras un breve dolor inicial, que mi Lord, mi amante, se encargó de borrar con rapidez de mi mente, para llenarlo de sensaciones incontrolables y definitivamente prohibidas para cualquier ser mortal, sólo un ser tan poderoso como el Vader Bombero, podía provocarlas.
Mi cuerpo reaccionaba a sus movimientos coordinándose a él, mientras mi mente se llena de miles de sensaciones que crecían sin control, en un momento Brandon volvió a tumbarme sobre la cama, sin salir de mi interior, y sus empujes se volvieron más profundos, más rápidos, y a esa velocidad, mi mente salió de mi cuerpo, para flotar entres el placer que el bombero me provocaba, y pronto todo se acumuló en un punto, para estallar como un increíble Big Bang que me hizo florar en el Universo.
Apenas sentí cuando un gruñido masculino, tras varios empujes en mi interior, pocos segundos después que yo estallara como un maldito fuego artificial, se oyera en mi oído, para a continuación, el cuerpo del mago que había creado esa magia en mi interior cayera sudoroso y caliente, sobre el mío, siempre aguatando su peso, para no aplastarme.
- "¿Puedo hacerte una pregunta, Lunática?"- oí que me decía mientras acomodaba su peso sobre mí, al mismo tiempo que apoyaba su cabeza sobre una de sus manos, cuyo codo estaba apoyado en el colchón, y así me miró a la cara.
Yo permanencia con los ojos cerrados, a una las sensaciones, las sentía en mi cuerpo, como pequeñas sombras de las oleadas de lo vivido, y al oir su voz los abrí, y lo miré. Craso error, nunca me había parecido más atractivo ese hombre, nunca me había ocurrido, que sólo con una mirada posesiva, mi corazón comenzara a latir de esa manera, sin control.
Su cabello estaba húmedo por el sudor y el esfuerzo que había hecho, sus ojos azules lucían brillantes, provocado por el placer sentido, y en su piel tenía un ligero, casi imperceptible, enrojecimiento, pero los más que destacaba era la hinchazón de sus labios, por los largos besos que nos habíamos dado, todo ello enmarcando por una sonrisa muy masculina de satisfacción. Y en ese momento los supe, quería levantarme cada mañana, y ver esa sonrisa, esa indecente, y cautivadora sonrisa.
- "Si me vas a preguntar porque era virgen a los veinticinco años, no pienso responderte a esa pregunta."- le dije intentado recobrar algo de cordura.
- "No es eso, sólo quería saber, ¿por qué una virgen tiene tantos tipos de condones, hasta de sabores, en su baño?"- me dijo ampliando esa sonrisa peligrosa.
- "¡Joder, Mamá!"- dije en un murmullo tapándome la cara.
Inevitablemente mi cara ya colorada de por sí, se volvió del color del tomate, mi madre me la había vuelto a hacer, nada extraño en ella.
- "Culpa de la señora O 'Sullivan, quiere saber si soy activa sexualmente."- le dije en un hilo de voz aún con mis manos en mi cara, intentado ignorar, con ciertos problemas, las tentadoras caricias que ese hombre comenzaba a hacerme en las caderas, y que poco a poco, ascendían por mi costado.
- "Bueno se algo de madres controladoras, y para quitarlas de encima, sólo hay que darles algo de lo que ellas quieren"- me dijo de nuevo, y de un sólo movimiento volvió a colocarse sobre mí, para besar mi cuello.
- "A ...que... te... refi ...refieres"- dije entre gemidos, mientras sentía como mis pechos eran de nuevo estimulados por sus maestras manos.
- "Creo que vamos a darle un buen uso a ese arsenal que tienes en ese baño, veras como tu madre queda satisfecha, Lunática, muy satisfecha."- y con estas palabras ese representante de la oscuridad volvió a seducirme, para sumergirme en ese mundo que acaba de descubrir.
Durante toda la noche mi cuerpo fue sometido a una autentica y deliciosa tortura, y yo, por mi parte, también aprendí a torturar al músculos y tentador cuerpo de un Vader que comprobó en sus propias carnes, lo muy buena aprendiz que era.
Sólo de madruga, cuando el cansancio acabo con nosotros, y buena parte del inventario de contraconcepción que mi madre había colocado en mi baño habían desaparecido, tuve unos minutos para pesar antes de cerrar los ojos, en el trato que desconocía, y que había hecho con ese ser de la oscuridad, y una peso de inquietud se colocó en mi corazón, sólo el cansancio agotador, pudo borrar, pero por corto tiempo, esa sensación, pero sólo hasta la mañana siguiente, donde hubieron muchas sorpresa, y algunas no tan agradables.
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El Ardiente Capricho de la CEO
RomanceMackenzie O 'Sullivan es la heredera de Holding O 'Sullivan Park, ha tenido que luchar mucho para convertirse en el CEO. Ya que su tío, Rónan O 'Sullivan, siempre había creído que sus dos hijos, Shane y Murphy, serían los verdaderos herederos de su...
