Bienvenidos al mundo de Seventeen.
Disfruta de las cortas historias que te traigo de cada integrante, porque todas merecemos soñar con ellos 🖤.
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El corazón humano puede latir hasta cien latidos por minuto de manera normal, pero para Anna su frecuencia cardiaca se elevaba demasiado con solo verlo; estar a su lado le provocaba que su corazón se elevara y durante un tiempo, solo latía por él.
Pero las cosas nunca son para siempre. Siempre hay un principio y un fin; justo como su historia de amor. Se habían conocido en la universidad, los ojos rasgados de él cautivaron a Anna y sin darse cuenta, cayó profundamente enamorada de él.
Kim MiGyu era el más apuesto, el más atractivo; pero también tenía una personalidad encantadora y una sonrisa risueña. Así como Anna, tenía un corazón noble que buscaba alguien por quien latir.
Estos dos corazones se encontraron y comenzaron a latir al mismo tiempo, con la misma frecuencia, los mismos latidos. Eran el uno para el otro. Se complementaban entre sí. Sus corazones se unieron hasta formarse uno y al final, se terminó rompiendo; dejando miles de pedazos tirados por el suelo.
Ahora ambos tenían el corazón roto.
—Anna, no puedes seguir así —le dijo Dae a su mejor amiga al verla suspirar —, debes...
—Seguir adelante, lo sé —terminó su frase y se levantó de su asiento —. Lo sé perfectamente.
Salió de la cafetería dejando a su amiga con un sentimiento de culpa por haberle dicho aquellas palabras. Anna sabía que debía seguir adelante y había progresado un poco, pero la noche anterior había soñado con él; fue un recuerdo de una de sus tantas citas y al levantarse, sintió su corazón roto por ver sus ojos en su mente.
Soñó que lo abrazaba, que colocaba su cabeza en su pecho y escuchaba el golpeteo dentro de él, asegurándose de que solo latía por ella. Recordó la seguridad que sentía cuando estaba entre sus brazos y lo feliz que era al estar a su lado.
—¿Me amas? —le preguntó MinGyu juguetón.
—Mucho —respondió Anna levantando su cabeza para poder mirarlo ya que era demasiado alto —, te amo con todo mi corazón.
MinGyu también había soñado con ella, con sus ojos verdes y recordó lo mucho que solía amarla; se levantó melancólico y se sirvió una taza de té para relajarse, pero volvió a pensar en ella al recordarla tomar esa bebida cada vez que salían.
—¿Todo bien? —le preguntó JiHye abrazándolo por detrás, dejando un suave beso sobre la tela de su camiseta distrayéndolo.