Bienvenidos al mundo de Seventeen.
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Continuación de "Stupid in Love", donde se casan en Las Vegas.
Después de haber cometido aquella locura de casarnos en Las Vegas y haber recibido reproches por parte de nuestras familias por no haberlos invitado, pensé que todo volvería a la normalidad y podríamos empezar a planear la boda oficial, pero con invitados y nuestra familia. Solo que había una cuestión que nos impedía hacer eso y esa cuestión era Joshua.
—Mi amor... —dijo frunciendo sus labios —, por favor.
—Joshua, tenemos que planear todo esto si queremos casarnos este año —le mencioné mirando las muestras que nos habían mandando las chicas que nos ayudaban a organizar la boda.
—Ya nos casamos —refutó cerrando mi computadora —, debemos celebrar eso.
—Y por esa locura, nuestras familias casi nos matan —dije riéndome levemente —, estás demente.
—¿Estoy demente si quiero llevarte a nuestra luna de miel? —preguntó fingiendo indignación, colocando una mano sobre su pecho.
—¿Harás una luna de miel por cada boda que hagamos? —pregunté incrédula y él asintió con seguridad —. Hong, estás mal de la cabeza. Nos casamos en Las Vegas, quieres casarte aquí en Seúl y quieres que hagamos una boda en México —enlisté, pero él seguía mirándome con una sonrisa —, es demasiado dinero.
—Eso no importa —murmuró levantando sus hombros para restarle peso a mis palabras —. Quiero hacer muchas cosas contigo, quiero casarme muchas veces contigo.
La ternura con la que lo dijo me dejó sin palabras y tuve que desviar mi mirada para que sus ojos coquetos me dejaran de ver, porque en cualquier segundo me haría caer.
—No puedes decir que no, porque ya tengo todo planeado. Tengo los boletos, la reservación del hotel...
—Eres increíble —negué con la cabeza observando sus ojos llenos de ilusión —. Está bien —dije aceptando su loco plan.
Él levantó sus brazos con emoción y se acercó a abrazarme para esconder su rostro en mi cuello y dejar un pequeño beso ahí, provocándome una pequeña carcajada.
—Nos vamos en unas horas —susurró y yo lo aparté con sorpresa —. Te lo dije, tengo todo planeado.
—¡Joshua! —me quejé separándome de él para ir a nuestra habitación —, ¿qué llevaré? —pregunté, pero al ver dos maletas junto a nuestra cama cerré los ojos con alivio.
—Tengo todo planeado —repitió abrazándome por detrás, colocando su barbilla en mi hombro —. Solo tienes que disfrutar y confiar en mí.
—Siempre —le confirmé sintiendo mi corazón latir con rapidez.