Bienvenidos al mundo de Seventeen.
Disfruta de las cortas historias que te traigo de cada integrante, porque todas merecemos soñar con ellos 🖤.
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MingHao tenía todo preparado para dar un paso más a su relación con Ayla. Tenía un plan con miles de pasos a seguir y los cumpliría a cómo de de lugar.
El primer paso era sencillo, pero no se cumplió como él hubiera querido. Le había pedido a Lyra que la llevara a un salón de uñas para que se las arreglaran y cuando él le propusiera matrimonio, Ayla tuviera las uñas perfectas.
—Lo siento —murmuró Lyra a través del teléfono—, algo pasó en el salón y no nos recibirán.
—¿Hay algún otro lado al que puedas llevarla? —preguntó sintiendo la desesperación apoderarse de su cuerpo.
—Buscaré por aquí para ver si hay otra opción.
—¿Con quién hablas? —escuchó que Ayla preguntaba al otro lado.
—Con mi mamá —le respondió y enseguida le cortó la llamada para que no sospechara.
Rascó su frente y buscó respirar lentamente para tranquilizarse. Le mandó un mensaje a Lyra para que olvidara ese paso, el estilo de uñas no era importante para Ayla; optó por dejar ese detalle atrás y continuó verificando que estuviera en orden.
El segundo paso consistía en que sus amigas la llevarían de paseo para distraerla y que la mantuvieran alejada de la zona en donde él había planeado todo. Recibió un mensaje de Mariel indicándole que pudieron convencerla de ir al cine y que la mantendrían ocupada por unas cuantas horas pese a la inconformidad de Ayla.
Entonces MingHao pudo respirar por un breve momento. Se dirigió al lugar donde ocurriría todo para verificar que no hubiera ningún problema, pero al entrar al lugar pudo percibir que todo se desmoronaría.
—¿Qué pasa? —le preguntó a MinGyu al ver su rostro lleno de angustia.
—El violinista canceló —comenzó diciendo mientras mordía sus labios nerviosamente—, no he podido encontrar a alguien más que toque el violín.
—No lo necesitamos, puedo tocar la guitarra para ustedes —dijo Woozi tratando de ayudar a la situación.
—Es el instrumento favorito de Ayla —musitó MingHago con desgano, pero enseguida irguió su espalda y buscó una forma de continuar—. No pasa nada, puedo hacerlo sin el violín. ¿Todo está listo? —preguntó mirando la mesa donde iban a cenar.
—¡Chicos! Tengo un problema, no puedo localizar a... —dijo Jun entrando al lugar, pero al ver a su amigo ahí parado guardó silencio—. Hola.
—¿A quién no puedes localizar? —preguntó MingHao.
—Al chef —respondió Jun en voz baja tratando de no hacer enojar a su amigo.
MingHao cerró los ojos e inhaló profundamente para después dejar salir ese aire. Acomodó su cabello tratando de controlar su desesperación y miró a sus amigos en búsqueda de alguna solución.