Bienvenidos al mundo de Seventeen.
Disfruta de las cortas historias que te traigo de cada integrante, porque todas merecemos soñar con ellos 🖤.
✨Actualizaciones constantes✨
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—¡Jey! —gritó el niño corriendo alrededor del tobogán—, ¡atrápame!
—Ven acá, pequeño demonio —exclamé carcajeando corriendo atrás de él para alcanzarlo, pero era demasiado rápido—. Tu padre nos regañará, debimos haber llegado a las seis y son las siete.
—Otro rato más, por favor —pidió juntando sus manos frente a su pecho.
—No —sentencié con voz dura—, tienes que bañarte. Mañana tienes escuela.
—Habla con papá, no quiero ir —trató de persuadirme y yo negué con la cabeza—. Anda...
—Tu padre es el que decide si vas, Sonnie —le dije y él bajó la cabeza dándose por vencido—. Vayamos a casa antes de que tu padre venga a buscarnos histérico.
Se acercó a mí y tomó mi mano para encaminarnos hacia la casa donde vivíamos. Mantenía su cabeza agachada y con sus labios fruncidos.
—Mañana podemos volver —ideé algo para que se relajara un poco—, después de la escuela podemos venir.
—¿Disculpa? —preguntó alguien frente a nosotros, deteniendo nuestros pasos—. ¿Sabe dónde queda esta dirección? —tuve que elevar la mirada para poder mirarlo ya que era muy alto.
—Oh —musité y leí lo que decía en su pantalla—, es en esta calle —señalé hacia adelante—, serán como dos cuadras aproximadamente —indiqué y él miró en esa dirección—. Si gusta podemos acompañarlo —sugerí al pensar que eso sería más fácil.
—Gracias —dijo aliviado y me imagino que era porque estaba perdido—. Mi nombre es MinGyu —se presentó y le extendió su mano hacia Sonnie.
—Yo me llamo SonMin —le dijo estrechando su mano—. Ella se llama Jey —me señaló y yo sonreí levemente.
—Mucho gusto en conocerlos.
—¿Por qué tienes que ir ahí? —preguntó Son intrigado—, ese restaurante ya debe de estar cerrado.
—¿En serio? —musitó perplejo.
—Si —confirmé yo—, suele cerrar a las siete porque se le termina toda la comida.
—Oh ya veo... —dijo desanimado.
—Es aquí —señalé cuando llegamos y él frunció sus labios justo como Son lo hacía—. Puedes venir mañana un poco más temprano.
—Saliendo de la oficina vendré —dijo con seguridad—. Gracias...
—No hay de qué.
—Adiós, MinGyu —dijo Son moviendo su mano y yo lo miré sorprendida al ver que le había hablado formalmente y esperaba a que el muchacho le reprochara por eso, sin embargo no lo hizo.