Bienvenidos al mundo de Seventeen.
Disfruta de las cortas historias que te traigo de cada integrante, porque todas merecemos soñar con ellos 🖤.
✨Actualizaciones constantes✨
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—Buenos días, princesa —escuché que dijeron en mi oído con voz muy baja y un poco de burla en ellas—, sé que estás despierta —carcajeó provocando que también riera al sentir cosquillas.
—Buenos días —murmuré abriendo los ojos, encontrándome con su cercanía justo frente a mi rostro.
—Feliz cumpleaños —musitó con una sonrisa pequeña y sus ojos llenos de emoción—, levántate. Te he preparado el desayuno.
Me levantó con facilidad sacándome una carcajada mientras tarareaba al caminar hacia la cocina. Me sentó en una de las sillas del comedor dejándome ver toda la comida que había preparado especialmente para mí.
—¿Desde qué hora estás despierto? —indagué después de darle un sorbo al jugo de naranja.
—Desde las seis.
—¡MinGyu! —exclamé incrédula—, pudiste haber dormido otro poco más.
—Quería prepararte todo esto —señaló la mesa llena de comida, eran mis platillos favoritos—, más tarde te cocinaré de nuevo.
Negué con la cabeza divertida sabiendo que no podría detenerlo, estaba en su naturaleza ser el principal dentro de la cocina, así que me concentré en disfrutar ese pequeño momento. Desayunamos entre risas y bromas, degustando cada platillo que había preparado especialmente para mí.
Al terminar, entre los dos recogimos todo y limpiamos la cocina dejándola impecable. Sequé mis manos y le pregunté si tenía algún regalo para mí en forma de brome, pero al ver su rostro lleno de travesura negué con la cabeza.
—Vamos al cuarto —pidió tomando mi mano.
Sacó varias cajas del armario, envueltas con papel de mi color favorito. Las dejó sobre el escritorio y me miró con nerviosismo mientras mordisqueaba su labio inferior. Destapé la caja para tratar de averiguar qué lo tenía de esa manera.
Retiré el papel y me encontré con tela de encaje color negra, lo tomé con cuidado y al extenderlo me di cuenta que era un baby doll de encaje negro, los bordes eran color rojo aumentando la esencia de la prenda.
—¿Y esto? —pregunté levantando una ceja y él sonrió aun con nerviosismo.
—Siempre quisiste uno... —musitó jugando con sus dedos—, ya sabes...
—¿Cómo es que recuerdas todo lo que te digo?
—Es porque te amo —especificó—, ve a ponértelo.
—¿Ahora? —pregunté incrédula pensando en que saldríamos a festejar, pero sospeché que tenía otros planes, así que le hice caso y con un poco de vergüenza entré al baño para colocármelo.