🎊 The8.

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Era la primera vez que visitaba el país natal de Hao, a petición de él de querer pasar estas festividades; lo cual yo no se lo había negado

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Era la primera vez que visitaba el país natal de Hao, a petición de él de querer pasar estas festividades; lo cual yo no se lo había negado. Así que viajamos a Haicheng donde festejamos Navidad junto con sus padres y su prima, enseñándome la manera en que ellos celebraban esa fecha y pude comparar la diferencia entre su cultura con la mía. 

Recibimos el año nuevo juntos de manera simbólica, pero en China era diferente, así que fue casi un día normal. Tenía la idea de que pronto regresaríamos a Seúl para que él continuara con sus actividades de la banda, pero sospechaba que él había planeado otra cosa. 

—Anda dime —pedí buscando alguna respuesta entre sus ojos, pero él se resignaba a mirarme para agregarle diversión a la escena —. ¿A dónde más iremos? 

—Es una sorpresa, corazón —me dijo evitando mis ojos mientras acomodaba las maletas —. No me mires de esa manera —pidió carcajeando tímidamente —, o eso me hará contarte todo. 

—Es lo que quiero —dije aún insistente en mirarlo directamente, pero lo dejé ser cuando la voz en las bocinas me sobresaltó. 

—Debemos tomar asiento —tradujo señalando y yo me rendí, sentándome a su lado mientras abrochábamos nuestros cinturones. 

—Tienes mucha suerte de que no sé hablar chino —le reproché y él levantó sus hombros divertido —, todavía. 

—Calla y disfruta la vista —ordenó señalando la ventana —. Ya verás cuando lleguemos. 

No pensé que el viaje sería tan largo, así que después de unas horas ya sentía las piernas entumecidas mientras que él dormía profundamente. Me asomé por la ventana y únicamente veía los árboles pasar con rapidez y no tenía ni una pizca de sospecha de nuestra locación. 

Siete horas en total tardamos en llegar a ese misterioso lugar. MingHao bajó las maletas y al salir del tren, sentí demasiado frío y él me miró con burla. 

—Te dije que hacía frío —murmuró sacando de mi mochila la chamarra especial que me había comprado y me la extendió. 

—¿A cuánto estamos? —pregunté incrédula al sentir el frío calar mis huesos. Él tomó su celular y me enseñó su pantalla —. ¡¿Menos treinta y tres grados?! —exclamé impresionada y eso me hizo sentir aún más frío —. ¿A dónde diablos me trajiste? ¿Al polo norte? 

—Ya lo verás, tiene una explicación. Vayamos primero a dejar las cosas —me dijo y yo le seguí los pasos confiados que llevaba. Consiguió un taxi y dentro de él pude sentir un poco más de calor, además de que me había pegado a su cuerpo para sentirme un poco más cálida. 

Al llegar al pequeño hostal donde nos quedaríamos, la gente me miraba con curiosidad debido a ser de las pocas personas extranjeras dentro de ese lugar y sobre todo, que no entendía nada de lo que había a mi alrededor. 

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