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¡Feliz cumpleaños, Bononnie! 

Sorprendentemente, la empresa les había dado unos días libres a los chicos y de esa manera podría celebrar el cumpleaños de Vernon teniéndolo en casa para que descansara un poco

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Sorprendentemente, la empresa les había dado unos días libres a los chicos y de esa manera podría celebrar el cumpleaños de Vernon teniéndolo en casa para que descansara un poco. 

—¿Qué quieres hacer mañana por tu cumpleaños? —le pregunté abrazándolo por detrás y él me miró a través del espejo —. Planeaba quedarnos aquí para que descanses un poco y consentirte. 

—¿Me enseñarías a cocinar? —preguntó tomándome por sorpresa. 

—¿A qué viene eso? 

—Quiero que me enseñes a cocinar, eso es lo que quiero de cumpleaños —comentó con un rostro sencillo y una sonrisa —. Nos levantaremos temprano para que me enseñes a cocinar un desayuno decente, luego por la tarde me enseñarás a cocinar mi comida favorita y por la noche, podremos hacer una pizza. 

—Parece que tú ya planeaste todo —comenté divertida y él carcajeó, dándose vuelta para quedar frente a frente —, pero si tú quieres hacerlo así, lo haremos. 

Al día siguiente, martes dieciocho de febrero los dos estábamos levantados a las ocho de la mañana, con un café entre nuestras manos, él ya estaba listo para aprender a cocinar. 

—¿Qué quieres desayunar? —le pregunté y él se quedó callado unos segundos pensando. 

—No quiero nada coreano —señaló —, quiero un desayuno estadounidense. 

—Perfecto —susurré con emoción y me dirigí al refrigerador para buscar los ingredientes —. En este plato coloca los huevos y después los mezclarás. 

—¿Cómo los mezclo? —preguntó confundido mirando el plato y yo solté una carcajada al ver que literalmente había colocado los huevos con todo y cáscara sobre el plato, miraba el tenedor sin saber qué hacer. 

—Hansol —murmuré divertida mientras negaba con la cabeza acercándome a él —, debes romperlos. No puedes comer la cáscara así. 

—Oh... —susurró con vergüenza y observó cómo rompí uno, partiendo la cáscara en dos y dejando caer su contenido dentro del plato —. Me toca. 

Mientras él hacía su tarea, lo miraba de reojo para asegurarme de que no tuviera problemas y al final, verifiqué que no hubiera pedazos de cáscara en la mezcla. 

—¿Cómo la prendo? —preguntó señalando la estufa frente a él —. ¿No va a explotar? 

—No —respondí con tranquilidad —, tú puedes regular aquí la flama —señalé y él asintió no muy convencido —. ¿Qué te parece si yo me ocupo de la estufa y tu haces los wafles? 

Él asintió y caminó hacia la máquina quedándose parado frente a ella. Rascó su barbilla y de reojo noté que iba a preguntarme algo, pero se contuvo e intentó conectarla a la electricidad. Al final pudo lograrlo y dejó caer un poco de la mezcla en el aparato. 

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