DK.

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Los exámenes finales estaban a punto de finalizar y no había podido ver a SeokMin lo suficiente esta semana

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Los exámenes finales estaban a punto de finalizar y no había podido ver a SeokMin lo suficiente esta semana. Mi cabeza se mantenía ocupando tratando de recordar cada cosa que estudié y esperaba que esta tortura acabara rápido.

SeokMin tenía una ventaja al ser deportista, no presentaba exámenes tan complicados como los míos porque había querido estudiar medicina, mientras que él se la pasaba en el campo de béisbol disfrutando de su tiempo libre.

—Maldito —murmuré al ver el libro de anatomía frente a mí y quise dejar de lado todo para darme por vencida y solo dormir.

Apenas tuve unas cuantas horas de sueño durante la semana y mis ojos comenzaban a cerrarse lentamente, pero traté de mantenerme despierta. El reloj marcaba las diez de la noche, podría estudiar hasta las dos de la mañana y dormir una hora para levantarme a las tres y repasar todo.

—No podré —dije a punto de llorar, sintiendo que todo lo que leía desaparecía mágicamente de mi mente.

La notificación de un mensaje me hizo abrir los ojos cansada, pero cuando leí su nombre en la pantalla, mi mente se alegró un poco.

Minnie.

¿Sigues estudiando?

Leí su mensaje y dudé en responderle, sabiendo que me regañaría por estar todo el día pegada al libro. Me mataría al saber que me salté la comida y la cena por estudiar.

Si :(

¿Comiste?

Si :)

Mentirosa.

Estaré ahí en diez minutos.

No habría manera de detenerlo, era demasiado persistente y vendría aunque no se lo permitiera. Lo tomé de buena manera y para que me sirviera para despejarme un poco, podría estudiar de nuevo en la madrugada.

Me observé en el espejo y traté de arreglarme un poco para cuando llegara no me viera tan demacrada. Peiné un poco mi cabello y lo trencé cuando noté que estaba muy esponjado. Me lavé los dientes y la cara con agua muy fría para despejar el sueño de mi mirada.

—Decente —me dije al verme de nuevo en el espejo.

El timbre sonó indicándome que había llegado antes de lo esperado. Rodé los ojos sabiendo que haría eso y corrí hacia la puerta para recibirlo.

—Hola, pequeña —saludó abriendo sus brazos y yo me acerqué a él para abrazarlo.

—Hola —regresé el saludo oliendo la colonia que llevaba puesta.

—¿Cómo estás? —preguntó curioso, dejando un leve beso en mis labios.

—Estresada —respondí con honestidad.

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